Dickinson

1721

He was my host-he was my guest,

I never to this day

If   I invited him could tell,

Or he invited me.

 

So infinite our intercourse

So intimate, indeed,

Analysis as capsule seemed

to keeper of the seed.

 

1755

To make a prairie it takes a clover and one bee,

One clover, and a bee,

And revery.

The revery alone will do,

If bees are few.

 

 

1721

 

Él fue mi huésped – él fue mi invitado

Y nunca hasta ese día

Pude decir si le invitaba a él

O él me invitaba a mí.

 

Tan infinito fue nuestro comercio

Tan íntimo, en verdad,

Que el análisis fuera como vaina

Para el guardián de la semilla.

 

 

1755

Para que haya una pradera se necesita un trébol y una abeja,

Un trébol, una abeja

Y el ensueño

Con el ensueño bastará,

Si las abejas escasean.

 

E. Dickinson (trad. M. Ardanaz), Poemas, Ed. Cátedra, Madrid, 2004.

Imagen de http://www.wiredforbooks.org/poetry/images/Emily_Dickinson.gif

De dioses y hombres – Carta de un monje

 

 

Cuando un A-Dios se vislumbra…
Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy– ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.
Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.
Que recen por mí.
¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato.
Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.
He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido. (…)

Carta del monje Christian de la comunidad Tibherine, extraído de http://wwwespiritualidadcisterciense.blogspot.com.ar/2009/10/el-testamento-del-padre-christian-de.html

Otoño sombrío

 

LA LUNA Y YO

 

Solitario, en el interior

      del bosque de bambúes,

      me siento.

Rasgo mi laúd y tarareo

      una canción.

En medio de la espesura

      nadie advierte mi presencia

Pero brillante, la luna acude

      a verme.

¡Cuán feliz me siento

     en su compañía!

***

DESOLACIÓN

 

Una colina desierta

      y nadie a la vista;

Sólo el eco de unas voces

      llega a mis oídos.

El oblicuo sol del atardecer

      penetra en los espesos bosques

Y se refleja en los verdes musgos.

 

***

MI RETIRO EN EL MONTE CHUNG-NAN

 

Ya maduro, mi espíritu

     halló la Senda,

Y decidí retirarme a vivir

     al pie de esta montaña.

Cuando mi corazón está inquieto

     vago solitario

En medio de la belleza

     que es todo para mí.

Camino hasta donde el río

      obstruye la senda,

Luego me siento y contemplo

       las nubes que ascienden:

Algún día encontraré

        al viejo leñador

Y charlaré y reiré

       y jamás retornaré.

 

***

 

OTOÑO SOMBRÍO

 

Sobre el desolado cerro

       nuevamente ha llovido;

el frío atardecer anticipa

       la llegada del otoño;

La luna atisba

       entre los pinos.

De lo alto de las rocas

       fluye un claro arroyo.

Un vocerío en los bambúes

       anuncia el regreso

       de las lavanderas.

Los lotos se mecen

       bajo la barca de pesca.

La fragancia estival

       se lamenta y expira

¿Cómo detenerla

       para que no se vaya?

 

WANG WEI. Trad. Raúl Ruy. Poetas chinos de la Dinastía T’Ang, Ed. Hachette, Bs. AS., 1961.

Imagen: http://www.poetry-portal.com/poets36.html

“La naturaleza del agua es blanda”

Estos son días tristes, de despedida de un amigo y un hombre de fe muy querido. Quería compartir estos textos que lo traen nuevamente a mi memoria.

 

neuwen desiertoH. Nouwen y Y. Nomura, La sabiduría del desierto, Ed. Claretiana, Buenos Aires, 2002.

 

 

 

Salmo 103: Dios es amor

 

Bendice a Yahveh, alma mía,

del fondo de mi ser, su santo nombre,

bendice a Yahveh, alma mía,

no olvides sus muchos beneficios.

 

Él, que todas tus culpas perdona,

que cura todas tus dolencias,

rescata tu vida de la fosa,

te corona de amor y de ternura,

satura de bienes tu existencia,

mientras tu juventud se renueva como el águila.

 

Yahveh, el que hace obras de justicia,

y otorga el derecho a todos los oprimidos,

manifestó sus caminos a Moisés,

a los hijos de Israel sus hazañas.

 

Clemente y compasivo es Yahveh,

tardo a la cólera y lleno de amor;

no se querella eternamente

ni para siempre guarda su rencor;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas.

 

Como se alzan los cielos por encima de la tierra,

así de grande es su amor para quienes le temen;

tan lejos como está el oriente del ocaso

aleja de nosotros nuestras rebeldías.

 

Cual la ternura de un padre para con sus hijos,

así de tierno es Yahveh para quienes le temen;

que él sabe de qué estamos plasmados,

se acuerda de que somos polvo.

 

¡El hombre! Como la hierba son sus días,

como la flor del campo, así florece;

pasa por él un soplo, y ya no existe,

ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle.

 

Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre

para los que le temen,

y su justicia para los hijos de sus hijos,

para aquellos que guardan su alianza,

y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

 

Yahveh en los cielos asentó su trono,

y su soberanía en todo señorea.

Bendecid a Yahveh, ángeles suyos,

héroes potentes, ejecutores de sus órdenes,

en cuanto oís la voz de su palabra.

 

Bendecid a Yahveh, todas sus huestes,

servidores suyos, ejecutores de su voluntad.

Bendecid a Yahveh, todas sus obras,

en todos los lugares de su imperio.

 

¡Bendice a Yahveh, alma mía!

 

Biblia de Jerusalén

Tres poemas

 

pensar la imagen

sólo eso

tal vez sea lo interior que persiste del cuadro,

del destierro como un lugar dentro de esa sombra

a la derecha

y es más que un rincón negro bordeando la cornisa

es una gran masa extendida cubierta

a nuestro lado todo el tiempo

eso que permanece oculto en la foto[1] bajo la negritud

no lo conocemos tal vez sólo intuimos

superficies cubos infantiles con distintas formas que inundan

calles abiertas detrás del paredón materias en juego

nos arriman mientras corremos con la paleta

nos perdemos así bajo el rayo del mediodía que calcina en otoño

y permanecemos enterrados en ese indefinido umbral de luz.


[1] Sun and Shade, Roy de Carava.

***

 

queman esta mañana

sus halos luminosos cubren desiertos

cuentas de colores como un arco iris entre mis dedos

violáceos y amarillentos

entre estos restos rocío mi potus

pero de repente olvidé mi nombre

abandoné mi casa

abandoné ese patiecito lleno de jazmines

-las margaritas están asfixiadas de polvo

mi pelo está velado en las lonetas-

quema esta mañana

en abrumada esquina

los cantos se sacuden

las piedras arden en mis palmas

y el reflejo impregna un poco el aire

 

***

 

con el hocico abierto duerme en la noche

enlazado a musgosas líneas quiebres de la respiración

del sueño caen fuera- despedida vertical- dónde todo es otro.

el aullido penetra los paralelos se burlan

voraz sigue con el hocico abierto -la rata

es perniciosa dicen- allí nadie ve en la borrasca.

en esta bulla mi vecino duerme

-abierto el hocico- respira o sueña

entre los bártulos: el mudo deleite de la permanencia.

 

 

Publicados en Antología 2010-2011, Ediciones La Biblioteca, Bs. As., 2011.

Antologia2010.2011

CORONA- Paul Celán

De la mano me come el otoño su hoja: somos amigos.
Mondamos el tiempo de las nueces y le enseñamos a andar:
el tiempo retorna a la cáscara.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca habla verdad.

Mi ojo desciende hacia el sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos algo oscuro,
nos amamos mutuamente como amapola y memoria,
dormimos como vino en las conchas,
como el mar en el resplandor sanguíneo de la luna.

Estamos abrazados en la ventana, ellos nos ven desde la calle:
¡es tiempo de que se sepa!
Es tiempo de que la piedra consienta en florecer,
que a la inquietud le palpite un corazón.
Es tiempo de que llegue a ser tiempo.

Es tiempo.

 

P. Celán, Poemas, Trad, Pablo Oyarzún, ed. electr. www.philosophia.cl.

La mariposa en el cielo

 

 

La mariposa en el cielo,
que no conoce su nombre
y nunca paga impuestos
y que no tiene una casa
es tan alta como tú o yo,
tal vez más alta, sospecho,
elévate, no suspires,
es así como hay que sufrir–

c.1881
Versión de Silvina Ocampo
Imagen: © Bettmann/CORBIS

The Butterfly upon the Sky,
That doesn’t know its Name
And hasn’t any tax to pay
And hasn’t any Home
Is just as high as you and I,
And higher, I believe,
So soar away and never sigh
And that’s the way to grieve —

Read more: http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2011/08/emily-dickinson-la-mariposa-en-el-cielo.html#ixzz1mazacfYy

Luis Alberto Spinetta

i

 

      el peregrinaje

desata el espíritu

en el camino virtual

y lo esparce al aire

y cuestiona el lenguaje

de las cortas estadías

 

 

 

 

parte cuarta

 

i

 

        ocurre en todos los casos

en que participa la ridiculez

que se sustrae el símbolo de la idea

y queda la cosa

pequeña cosa

aislada sin esperanza y sin mensaje

 

        ocurre en todos los casos

en que participa el ignoto

que se sueña con la psicología de un proceder

-idea estéril

acto condicionado-

sin poder evitar la deformación

 

        ocurre en todos los casos

en que participa la verdad

que se transforma todo sentido aparente

espejo falso

en lugares ciertos entre la nada y el infinito

 

 

L.A. Spinetta, guitarra negra, ed. Tres tiempos, Bs.As., 1978

 

“Hay que quedarse con lo que uno realmente es” – Hugo Padeletti

(…) Abro un libro, leo, era un soneto. Yo sabía qué era un soneto porque a los diez años encontré que en los libros de lectura me gustaban no las lecturas sino los versos, pregunté a la maestra y no sabía decirme qué eran, entonces yo me puse a descubrirlo por mí mismo. Me senté. En casa había un patio de glicinas y teníamos un pequeño jardín de invierno de vidrio, con sillones de mimbre, y yo ahí me senté en un sillón con un poema que era un soneto, y empecé a contar las sílabas, sin saber, no sabía la sinalefa, nada, no sé cómo lo fui armando … Lo armé todo por mi cuenta, así que yo sabía mal que bien lo que era un soneto. Entonces me encuentro con un soneto, lo leo, lo entiendo todo pero me faltan dos palabras, entonces viene la chica y me dice: ¿necesita algo? Sí, le digo, ¿no tendría un diccionario barato? Bueno, dice, tengo uno pero es muy grande. Pero debe ser caro, digo yo. No, no, se lo vendo por un peso, digamos. Y todavía hoy lo tengo. Así que busqué las dos palabras que me faltaban, lo completo, y era, leo abajo, Paul Verlaine. El poeta que más influyó en mi vida, porque es pura música. No influyó con ideas, con nada, sino que simplemente es la música, y lo dice Borges también (recita el poema de Verlaine que empieza: “ De la musique avant toute chose ”). 

¿La música es el arte supremo?
Sí, es el arte supremo. Eso de que todas las artes aspiran a la música es muy antiguo y muy actual, y es permanente, siempre se dieron cuenta de eso. La música te lleva a un conocimiento que no es el conocimiento conceptual, es supra conceptual, o sea que de repente estás perdido. Si vos creés que la única realidad son los conceptos, como todos los intelectuales, entonces, te lleva a una zona en la que estás perdido.  

(…)

Pero alguien me preguntaba si valía la pena, y digo a mí no me pasó nada, lo hice un montón de años, y yo no notaba ningún cambio y al final lo abandoné. Y me dijeron: ¿pero y los poemas? Y sí, pero yo escribía poemas antes de eso. O sea que yo no era para eso, era una pretensión de querer aspirar a una iluminación espiritual en esta vida, esas son pretensiones del ego, no era para mí, yo soy un poeta. A la pretensión hay que renunciar. Hay que quedarse con lo que uno realmente es.

Hugo Padeletti

Para leer la entrevista entera: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/poesia/Entrevista_Hugo_Padeletti_0_614938507.html

 

Y ahora un poema suyo:

NO PASA

                     (se ha velado

el blanco del mantel,

la nube ha cambiado

                      de forma),

 

        no transcurre

                     (la tarde

ha esfumado la mancha

del malvón, el arabesco

                      del helecho),     

 

          no acaba

                      (de la vívida

sandía

han quedado en el plato las semillas

                       oscuras),

 

            la atención:

                        este ahora

suficiente

 

                        sin residuos.

 

Padeletti, H., en Puentes, Fondo de Cultura Económica, Bs.As., 2003.