Alfonsina

a storni
Alfonsina Storni en Mar del Plata. Fuente: Wikimedia Commons.

Barrancas del Plata en Colonia


Redoble en verde de tambor los sapos

y altos los candelabros mortecinos

de los cardos me escoltan con el agua

que un sol esmerilado carga al hombro.

 

El sol me dobla en una larga torre

que va conmigo por la tarde agreste

y el paisaje se cae y se levanta

en la falda y el filo de las lomas.

 

Algo contarme quiere aquel hinojo

que me golpea la olvidada pierna,

máquina de marchar que el viento empuja.

 

Y el cielo rompe dique de morados

que inundan agua y tierra; y sobrenada

la arboladura negra de los pinos.

 

                               ——

 

Danzón porteño

Una tarde, borracha de tus uvas

amarilla de muerte, buenos aires,

que alzas en sol de otoño en las laderas

enfriadas del oeste, en los tramontos,

 

vi plegarse tu negro Puente Alsina

como un gran bandoneón y a sus compases

danzar tu tango entre haraposas luces

a las barcazas rotas del Riachuelo:

 

Sus venenosas aguas, viboreando

hilos de sangre; y la hacinada cueva;

y los bloques de fábricas mohosas.

 

echando alientos, por las chimeneas,

de pechos devorados, machacaban

contorsionados su obsedido llanto.

 

——

 

Palabras manidas a la luna

 

Quiero mirarte una vez más, nacida

del aire azul, con gotas de rocío

pendientes sobre el mundo, aligerada

de la angustia mortal y su miseria.

 

Sobre el azogue, más azul, del río,

diciendo “llora”, amé, tan transparente

que no hay palabras para aprisionarte,

nácar y nieve sueños de ti misma.

 

Baja: mi corazón te está pidiendo.

Podrido está; lo entrego a tus cuidados.

Pasa tus dedos blancos suavemente

 

sobre él; quiero dormir, pero en tus linos,

lejano el odio y apagado el miedo;

confesado y humilde y destronado.

 

——

 

Planos en un crepúsculo

 

Primero había una gran tela azúrea

de rosados dragones claveteada;

muy alta y desde lejos avanzando,

pero recién nacida y pudorosa.

 

Y más abajo grises continentes

de nubes separaban los azules;

y más abajo pájaros oscuros

bañábanse en los mares intermedios.

 

Y más abajo aún, ceñudo el bloque

de milenarios pinos susurraba

una canción primera de raíces.

 

Y estaban, más abajo todavía,

prendidos a la tierra los humanos

rechinando los dientes y herrumbrosos.

Alfonsina Storni, Poesía en  Mascarilla y trébol (1938), Buenos Aires, Losada editorial, 2017.

——

 

Uno

 

Viaja en el tren en donde viajo. ¿Viene

del Tigre, por ventura?

Su carne firme tiene

la moldura

 

de los varones idos y en su boca

como en prieto canal,

se le sofoca

el bermejo caudal…

su piel

color de miel

delata el agua que baño la piel.

(¿Hace un momento, acaso, las gavillas

de agua azul, no abrían sus mejillas,

los anchos hombros, su brazada heroica

de nadador?)

 

¿No era una estoica

flor

todo su cuerpo elástico, elegante,

de nadador,

echado hacia adelante

en el esfuerzo vencedor?

 

La ventanilla copia el pétreo torso

disimulado bajo el blanco lino de la pechera.

(¿En otras vidas, remontaba el corso

mar, la dulce aventura por señuelo,

con la luna primera?)

 

Luce, ahora, un pañuelo

de fina seda sobre el corazón,

y sobre media delicada cae su pantalón.

 

Desde un asiento, inexpresiva, espío

sin mirar casi, su perfil de cobre.

¿Me siente acaso? ¿Sabe que está sobre

su tenso cuello este deseo mío

de deslizar la mano suavemente

por el hombro potente?

                               ——

 

Momento

 

Una ciudad hecha de huesos grises

se abandona a mis pies.

 

Como tajos negros,

las calles

separan el osario, lo cuadriculan,

lo ordenan, lo levantan.

 

En la ciudad, erizada de dos millones de hombres,

no tengo un ser amado…

 

El cielo, más gris aún

que la ciudad,

desciende sobre mí,

se apodera de mi vida,

traba mis arterias,

apaga mi voz…

 

Como un torbellino,

no obstante,

al que no puedo substraerme.

el mundo gira alrededor

de un punto muerto:

mi corazón.

——

 

Torre

 

Suspendida en el aire,

mi casa respira,

por sus anchas ventanas,

la energía

solar.

Encerrándola

en su anillo enloquecedor

el cielo circula por ella

de un extremo a otro

en largos y anchos

ríos de luz.

En el centro,

isla triste y solitaria,

mi cuerpo,

quieto contra la corriente,

absorbe.

 

Alfonsina Storni, Poesía en  Mundo de siete pozos (1935), Buenos Aires, Losada editorial, 2017.

 

Alfonsina Storni  (1892-1938) es considerada una de las poetas más importantes de nuestro país, con gran influencia en las generaciones posteriores. Para leer más sobre ella, la nota de Vicente Muleiro en Caras y Caretas en 2018.

De lo gris

Hace poco leí un hermosísimo libro de Beatriz Vignoli, y quería compartir algunos poemas:

 

Plegaria

 

No me dejes creer.

Déjame amar.

Abre en el mundo

la herida que me abrigue.

 

***

 

Tarde llego ante los ojos

 

Con un cuerpo que era de la primavera,

dorado en olas de salvaje inconsciencia o paraíso,

recaigo en templos gravitacionales, en ortopedias áureas,

en la pregunta marina sobre cómo y cónde hallar rasos y sedas

que cuiden el amor cuando todo lo que queda es la espera.

Tarde llego ante los ojos de un guerrero que es mejor que mi padre,

tarde y sin nada que mostrarle más que hechizos y ensalmos.

Soy Darth Vader de mí, soy mis máscaras que se pegan al hueso,

un saber amatorio vuelto inútil por desgaste del kit experimental,

puedo hablar del futuro todavía en aritméticas balísticas del aire,

en trazos de donde me ausento y se aferra la sed a lo que quede de vos.

 

***

 

La muerte y la doncella

 

Lo único que soportábamos hacer esta prohibido:

no hay comida en el mundo que te guste.

Sedas del peligro, bahía minada de tu sonrisa,

mejor no salvar nada del naufragio.

Que la ruina absoluta testimonie.

Caer bajo tu nombre como si fueras la noche

y no una ausencia en fuga, no estas cartas

grabadas a fuego en el vacío. Quedan marcas en la nada.

Heridos por el sueño hemos vivido. Intactos moriremos.

Fosforecencias de lo muerto nos envía el futuro.

Qué esperabas en la selva. Qué obtendrías del tiempo.

Golpean. No abras la puerta. No hay nadie ahí.

 

***

 

El viento es inocente

 

Como granizo caen tus pasos alejándose

mientras sueño con detectores de metales.

En el sueño no se podían mostrar las armas.

Ajusto el zoom de la espera a lo posible

y desenfoco el mundo.

Una pregunta lo destruiría todo.

 

El viento es inocente

de todo lo que arrasa.

 

 

***

 

Termotanque

1.

¿Acaso alguna vez hubo mundo?

¿Qué envés de un crimen es este amor de páramo,

esta mano sola que te aplaude?

Piadosas niebla y nieve, vengan, velen

los cráteres del odio;

somos lo que nos dieron,

somos los restos vivos del amor.

Soy extranjera en casa.

Todo lo que hice fue conservar la herencia,

recordar la buena suerte.

Todavía comemos de la misericordia;

vivimos ordenando fragmentos de lo que se deshace.

El fuego recuerda la música.

Los pobres levantan el muerto.

Los tontos nos ponemos a pensar.

¿Adónde hay que rendirse?

 

2.

Vamos a esperar que pare el viento,

que cese de hendir el aire su blanda velocidad.

Porque si todo el aire es viento,

si el paisaje no para,

¿cómo fingirá quedarse quieto el tiempo,

hacer como que no pasa?

Viento es el nombre del espacio vuelto tiempo

en la tarde en que una rasa brevedad

viene del fondo,

una merced del aire.

Y si el viento deseara soplar,

ero seríamos:

aire que va

porque quiere, y no

porque no puede no,

no como el aljibe olvidado del corazón,

mudo hasta que se rompe.

 

 

3.

Nostalgia de la esperanza,

no culpes más al mundo.

Todo lo que está vivo es más joven que nosotros.

Mientras hubo palabras sostuvimos el tiempo;

ahora hemos quedado al otro lado de todo,

en el envés del mundo que es esta sepultura

como una gran tiniebla donde enciendo

esta ínfima brasa que parece tus ojos

y cuido con la mano aunque el mínimo fuego

deveore todo el aire.

Falta presión al gas, nada arde bien,

algo obstruido, algo sucio, a lo mejor

falte amor en las entrañas de la tierra.

Ha caído el imperio de las cosas.

Es una democracia de ceniceros robados.

Después de la bondad amarilla de los tilos,

tras la amabilidad navegable del viento,

en la costa tus números aúllan:

¿Era tejido el día con lana de colores?

¿Alguna buena huella me sostiene

para luego de mí?

 

Magenta era, cavado

en un bolsón de bosque como si con manos

sucias de dinamitarles catedrales

pudiéramos sentarnos a vivir.

No eran los días próximos;

eran días futuros.

Nos suavizaba el aire el porvenir.

Y el café era el alimento negro,

sabroso, del pensamiento.

 

Un baño del bebé, acontecimientos

que la madre recuerda:

 

Las cosas de la casa son amables

para quien no odie la forma que ha tomado

su propia vida, enfermas 

de lo que falta…

 

El baño del bebé

en la memoria rota del termotanque.

 

 

4.

Nos salvará que nazca lo que no tiene precio.

Lo nacido brilla en la tiniebla,

estrella de perdón para nosotros:

nosotros, en la zona de la matanza,

nosotros que habitamos la zona de aniquilación

cantamos lo nacido. No hay compasión aquí.

Pero lo nacido nos bendice

en su natividad animal. Adoración

del cachorro de oro, del tesoro

que es un sol en la noche:

precious, my precious. Anillo que nos une

a lo bendito. Panza de lo nacido,

respira.

 

Beatriz Vignoli, Lo gris en el canto de las hojas (Poemas), Baltasara Editora, Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 2014.

Escritora. Publica sus poemas desde 1979. En 1991, comenzó a colaborar en la sección Cultura de Rosario/12, donde actualmente es crítica de Plástica y Literatura. Una reseña suya publicada en Rosario/12 el martes 21 de agosto de 2007 obtuvo en 2009 el premio Blanca Stabile de la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Ha colaborado además en el diario The Buenos Aires Herald, el suplemento Grandes Líneas del diario El Ciudadano y las revistas Expreso Imaginario, Diario de Poesía, Hablar de Poesía, trespuntos, Fénix y MOR. Tres de sus novelas se publicaron por capítulos en la sección Contratapa de Rosario/12: “DAF”, “Molinari Baila” y “El Bote”. Las dos primeras fueron publicadas luego como libro, al igual que “Nadie sabe adónde va la noche”, “Es imposible pero podría mentirte” y “Reality”, con la que ganó un segundo premio en la edición 2004 del concurso municipal Manuel Musto. En poesía publicó los libros “Almagro”, “Viernes”, “Bengala” y “Lo gris en el canto de las hojas”. También escribió el libro de crónica barrial “Kozmik Tango”, sobre el cual co-produjo un cortometraje con Mala Frame y la Dirección de Educación de Rosario. Es curadora independiente de artes plásticas y traductora de inglés.

Extraído de https://www.pagina12.com.ar/autores/640-beatriz-vignoli donde publica semanalmente.

Entrevista interesante para conocer más sobre ella: https://www.lanacion.com.ar/2031755-beatriz-vignoli-al-escribir-un-poema-busco-expresar-algo-ya-no-explorar-formas
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre la quietud y las calles. Poemas de Roberto Raschella

Ya ves.

Te dije último:

o se cambia o se muere.

Pero cada cosa es lo que es.

.

El enemigo de la danza.

El monje que prepara muerte.

El pobrecito de los mataderos.

El privilegio de malser.

El zapatero másculo.

La tarde, miniada, decadente.

.

Ya ves.

Los hechos caminan ligeros,

.

y en la absurda pureza de los sacrificios,

en el temor de todo hombre,

el odio estancado deviene piedad.

.

Ya ves.

La urgencia de amar

nos ha vuelto infectos

de un mal casi humano,

.

el mal que es bien,

como la rosa de venganza

en los tumultos. Ya ves:

.

cada cosa es lo que es,

y no hay escampo.

.

 

.

Ah, la impiedad de conocí:

cansado de la oscura ofensa,

cansado de todo juicio,

buscando siempre

cristos y anticristos.

.

¿Qué más puedo amar ahora?

El azul de las agonías,

El fantasma entre las ruecas,

El cuello de los vagabundos afachados,

Las místicas ojeras del amanecer,

No sé.

.

Sólo sé lo acabado, sólo sé

cuándo empezó la historia,

.

en los huesos de padre levantados

que golpeaban el antiguo sentimiento.

.

 

.

Niña que dice no,

niña de los pies pequeños:

una mueca

de temprana violencia

ya gastó tus mejillas,

como una hebra apenas tejida.

.

¿Dónde está tu sonrisa

que exhalaba quietud?

.

¿Dónde están

las vísceras de tus hermanos?

Tan negras también,

como los murales exterminados;

de agua estremecida y sutil,

de cerebros y brazos de piedra

sobre la piedra muerta, tan negras

como la extranjera noche

y el pueblo vivido en las orillas.

.

Mira el mundo ahora, mira,

mundo escarnecido,

tumba de palabras y de cosas,

.

Mira la ciudad rota por los aceites,

la ciudad que fue

voladero de palomas y dulzura artesana,

la ciudad que lava copas

por la mujer y el hijo.

.

Mira también la alegría

de los amigos, el escorzo

galopado de follajes

y de luces. Mira la miseria

nueva, la vergüenza de soledad.

.

Mira a los jóvenes, ornados

de blanco, frágiles, monstruosos,

devorando el rocío

.

en la tímida hierba de agosto.

.

Roberto Raschella, de Tímida hierba de agosto (2001) en La casa encontrada. Poesía reunida 1979-2010, Fondo de Cultura Económica, Bs.As., 2011.

Foto: Cerchiara di Calabria, 1974; F. Silvestro Barbato, Flickr CC.

Roberto Raschella (Buenos Aires, 1930).
Es maestro, escritor, poeta, ensayista y crítico de cine. A partir de 1959, y durante más de treinta años, fue maestro de educación elemental, tarea que compartió con la escritura de poesía, novelas, guiones y crítica de cine.
Ha traducido, entre muchas otras, obras de Dante Alighieri, Nicolás Maquiavelo, Luigi Pirandello, Pier Paolo Passolini, Italo Svevo y Gabriele D’Annunzio. Ha colaborado en diversas revistas de cine, como Cinema Nuovo, Cinecrítica, Tiempo de cine y Lyra, y en revistas culturales y literarias, como Innombrable, La ballena blanca y El jabalí. En 1999, recibió el premio Boris Vian y, en 2004, el segundo Premio Nacional de Novela, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, ambos por la novela Si hubiéramos vivido aquí. En 2005 obtuvo la beca Guggenheim.
Es autor de las novelas Diálogos en los patios rojos (1994), Si hubiéramos vivido aquí (1997) y La historia que nunca les conté (junto a Mariano Fiszman, 2005), y de los libros de poesía Malditos los gallos (1979), Poemas del exterminio (1988) y Tímida hierba de agosto (2001), reunidos en el volumen que FCE ha editado junto al libro, hasta ahora inédito, La casa encontrada (2011).
Fondo de Cultura Económica ha editado La casa encontrada. Poesía reunida, 1979-2010 (2011).

Extraído de: https://www.fce.com.ar/ar/autores/autor_detalle.aspx?idAutor=2702

los cosacos y Temperley

Vengo de comulgar y estoy en en éxtasis

aunque comulgué con los cosacos

sentados a una mesa bajo el cielo

 

y los eucaliptus que con ellos

se cimbran  estos días bochornosos

 

en que camino hasta las areneras

del sur de la ciudad

-el vizcaíno,

santa adela,

la elisa-

 

(a la sombra hay un loco, y hay un árbol

muy alto

y alguien dice “cristo en rusia”)

 

e insolado hablo al yo que está en su orilla,

ansío su aventura

en otro hombre,

 

y a la hora en que no sé si tuve esclava,

si busco a dios,

si quiero ser o serme,

 

si fui vendido a tierra o si amo poco,

 

 

sé que Él quiere venir pero no puede

cruzar -si no lo robo como a un banco

pesado de galote-

esa balanza

 

que es tanta hacia ambos lados

atracando mis puertas:

 

la abierta, marginal, no interrumpida

matriz sin cabecera

donde gateó la vida,

 

donde algunos gatean

 

y su alma sólo traga lo mismo que el mar traga:

 

aletas, playas solas e iguales, hombres débiles

 

y una pared espesa

de cetáceo y de fábrica.

 

Héctor Viel Temperley, Crawl, Obra Completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2013.

 

Equitación de Héctor Viel Temperley

                                                                           

Después de un añoFoto Viel Temperley p

de viajar desnudo en una bolsa

bajé a la costa y me dormía en Quilmes

oyendo los  ladridos de los ranchos

 

pero él dijo:

“De espaldas sobre el mundo

con esta bayoneta cavé en ellas

En esa misma posición yo quiero

que escuches este informe sin dormirte:

 

“Las obligaba a mantenerse erguidas

y a hablar así mirándome a los ojos

a pesar del  pudor sin derrumbarse

hacia mi cuerpo inmóvil

como amazonas en la silla cómodas

pero estribando demasiado corto

Y al paso al trote o nuevamente al paso

cada vez que el silencio me enfrentaba

o entre nubes de arena divisaba volando

una nueva cometa rasante peligrosa

de una valla a  otra valla las oía

Y las primeras veces que ocultando sus pechos

y sus rostros caían sus cabellos

eran mis manos las que los apartaban

porque al comienzo ellas no se atreven

a tocárselos siquiera

y para hablar sin luz se sirven de ellos

como de las rejillas de los confesionarios

 

“Cada tantos minutos

sus cuerpos rígidos se desplomaban

como ramas hachadas que aunque las contengamos

con los brazos en alto

igual se abrazan a los hombres rasguñándolos

y nos impiden ver el cielo

La primera vez siempre como altísima ola

que una playa muy larga espera en todas partes

Las demás como baldes con hojas que alguien vuelca

siempre en el mismo sitio:

en el espacio libre entre dos cuerpos

y entre espasmo y espasmo

(más o menos seguidos

según se liberarán en ellas las virtudes

del fuego y la obediencia —y que yo iba contando

hasta llegar el último:

oh número final siempre lejano!— )

buscaban a mis ojos con ojos asombrados

agradecidos imperiosos dulces

 

 

“Pero sin esperar una respuesta

volvían a erguirse y a entubiar sus ojos

y nada más que al paso al trote al paso

(porque jamás renuncian y desmontan

pero nunca jamás lanzan tampoco

la memoria al galope)

continuaban hablando avergozándose

cada vez que mentían abreviaban

desfiguraban u ocultaban algo

y yo las descubría y me sentían

como a un freno en la boca tironeándolas

y aumentando su sed que yo apagaba

llevando hasta sus labios con mi mano

el vaso de agua que buscaban al tacto

sin dejar un instante de observarlas

 

“También de rato en rato acariciaba

sus cabellos sus hombros suavemente

masajeaba sus tríceps cuando desfallecientes

apoyaban sus manos en mi pecho

como en una montura donde hay crines pegadas

y así se sostenían sin rigidez cansadas

como si terminaran de quitarles del pecho

a un hijo que no sabe mamar bien todavía

Pero luego de un poco más de charla

ellas solas buscaban el vaso como se hace

para abrir de a caballo una tranquera

y además ordenaban sus cabellos

rápidamente y con la mano en alto

después de cada nuevo espasmo como golpe

de viento en las espaldas despeinándolas

(como después de haber pasado a otro potrero

Y haber cerrado la tranquera)

y sonreían…

 

“Y así de espasmo a espasmo

Iba creciendo un monte pálido:

Nombres hombres caricias

y ellas mismas ya oyéndose y mirándose

como en espejos verticales que ocupaban

todo el espacio en cada historia

Narraciones sin lluvias sin pájaros sin vientos

Tan sólo un cortinado detrás de ellas!

Y el hombre

desaparecía en hombres

y los hombres en pequeños seres

hábilmente elegidos en secreto (sagrados

para ellas pese a todo pero sólo

más allá o más acá

de sus borrosos rostros)

cada uno de ellos en la punta de un hilo

de semen de una red

con araña y sin víctimas

Pluma Rayo Serpiente no decían

por qué Ser  habían sido sometidas

Extraño parque: trozo de manguera

cortada de un hachazo

no unida a una canilla

y ellas igual bebiendo prodigiosas

de ese pico en el aire

un instante un verano entre horizontes…

Y la palabra “amor” nunca usada!

 

 

(De espaldas

como yo sobre la costa

oyendo los ladridos y escuchándolo

de pronto lo veo a él sobre una duna

Veo también a una mujer muy joven

desnuda en un vieja bañera

rodeada de violetas por el agua

bajo un empapelado de violetas

 

 

Y gira lentamente La Traviata

Y amanece amanece amanece…)

 

 

“Y como por la punta

Apoyada en mi pecho

de un embudo rosado gigantesco

caían sus historias

y ninguna palabra de amor necesitaban

para ser más perfectas

Y dentro de ese embudo rosado yo encontraba

pan bañado en alcohol para mis aves

para el tiempo

para los límites del mundo

Por ellas todo desaparecía y flotábamos inmortales

días y días

lejos de las ciudades

aunque odiara a sus almas y a la mía

 

 

“Y ni árboles ni pájaros

ni amor ni lluvias ni caballos ya hacían falta!

Por la última avenida

junto a los depósitos junto al futuro que peligra

más dilatados y más libres que el universo éramos

amándonos después de esas historias

Aunque por ellas

por sus depósitos de huevos olvidados  —andando

por la última avenida abierta hacia la nada —

se precipitaran al mar todas las máscaras

de amor de mis historias de espigones

con amaneceres fríos

con gaviotas hambrientas, apretándose

hombre y mujer enamorados pero ignorantes:

necesitándose sin saber para qué…”

 

—Te llamaré Legión Extranjera  —le dije

 

—Te llamaré  —me dijo —

Aquí-amanece-gris-y-el-viento-trae-violetas

 

Pero ya lo había oído entre las islas

del Paraná Mini un día de la Virgen:

 

Amor te llamo Adiós me abrazo escucho el viento

Que aquí amanece gris y trae violetas

 

Y recordé el gimnasio al qu yo entraba

a la mañana adolescente:

 

Ningún ave ha cruzado esta cadena

Sin plumas y sin sangre los chirridos

La bolsa balanceándose recuerda

Al que partió de Aquí hace un instante

 

 

Aleluya

 

Aleluya

 

Héctor Viel Temperley, Obra Completa, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2013.

 

 

La familia china

EN las NOCHES DE TORMENTA, la menor de las tres

chicas escucha el dream dream del viento contra las

puertas dormidas. Y ese rasguido suelta las cuerdas

de lana de su afiebrada voz.

Por la rendija de los labios, dream dream, como di-

ciendo sólo su respiración, con la dicción distraída

de algún sentido delirio, habla el sueño de la chica:

Afuera el diablo chifla/ desde la copa de un árbol:/

cuelga unas babas de choclo/ como lluvia que des-

prende/ su risa deshilachada./ En el comedor del

rancho,/ hierve el mate de la china, se cocina/entre

sus manos:/ -Qué te pasa -le dice la abuela./ -Nada,

estoy pensando un tema./ -Mentira, escuchás ese

sonido que atormenta/ la concordancia universal.

En las noches de tormenta, el rasgado corazón des-

grana su sin sentido. Dream dream: es sólo el rumor

del viento contra las puertas dormidas, la copla del

sentimiento que se esfuma en la vigilia.

 

María del Carmen Colombo, Extracto de La familia china, hilos editora, Buenos Aires, 2011.

Para saber más de la poeta argentina puede visitarse su página, el Blog del amasijo.

vertical

ROBERTO JUARROZ(Argentina, 1925-1995) 13Llega siempre un momentoen que hay que descansar de los hombres,como la rosa del jardineroo el jardín de la rosa.Como el agua descansa del aguao el cielo del cielo.Como un zapato descansa de su pieo un salvador de su cruz.Como un creador descansa de su creacióno la creación de su creador.Cuarta Poesía Vertical,…

via Como un zapato descansa de su pie — El mundo incompleto

desnudos

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Imagen: Estitxu Carton, Flickr CC.

Cuatro ángulos, idéntica certidumbre

I

Mirar y mirar,

…………………la mirada

con su pretensión de ignorar

que lo que se ve se esfuma en cuanto

deja de ser mirado,

………………..y que si bien

hubo siempre cosas para mirar,

y hay, habrá,

…………………no tan innegable es

que no cese de haber quien las mire.

.

II

Mirar y observar

con la congoja de reconocerse

en la perspectiva de que no

se es dueño de un yo permanente,

y lo dudoso, al no haberlo,

de contar con un yo hacedor

de nuestros actos,

un actor detrás de ellos, un receptor

detrás detrás de nuestra percepción.

.

III

Mirando y apresando

intercambios desnudos,

………………………………….sólo

réplicas entre el que mira y lo mirado,

y nada que se encarne, ninguna

materia física,

…………………..las miradas

yendo como flechas, impalpables

hacia el murmurante arroyo, hacia

abrazos abiertos, ramas cargadas,

pero sin apagarnos la sed, dejarnos

chocar el ciruelo, sacudirlo,

abrazar y permitir el abrazo:

……………………………………..nada más que una

refulgente imposición y fruición

de los ojos,

……………….pensamientos en miradas, acceso

a la certidumbre de que todo ser vivo

es a la larga pensamiento, subsiste

lo que un pensamiento.

.

IV

Mirando y llorando

el peor de los desengaños, la imposibilidad

de imágenes increadas, sin nacimiento ni muerte,

del ojo duradero, imperecible, sin alteraciones

ante lo que pasa por él,

………………………………..como ahora

está pasando, alta, erguida, inspiradora,

una mujer con ojos tan violetas

como su vestido violeta, su sombrero violeta

con listas blancas.

.

Alberto Girri, Quien habla no está muerto en Obra Poética III, ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

Preguntarse, cada tanto

                   Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Girri

…………………..Qué hacer

del viejo yo lírico, errático estímulo,

al ir avecinándonos a la fase

de los silencios, la de no desear

ya doblegarnos anímosamente

ante cada impresión que hierve,

y en fuerza de su hervir reclama

exaltación, su canto.

.

……………….Cómo, para entonces,

persuadirlo a que reconozca

nuestra apatía, convertidas

en reminiscencias de oficios inútiles

sus constantes más íntimas, sustitutivas

de la acción, sentimiento, la fe:

………………………………………….su desafío

a que conjuremos nuestras nadas

con signos sonoros que por los oídos andan

sin dueños, como rodando, disponibles

y expectantes,

……………………ignorantes

de sus pautas de significados,

de dónde obtenerlas;

.

………………………….y su persistencia, insaciable

para adherírsenos,  un yo

instalado en otro yo, vigilado

por encima de nuestro hombro

qué garabateamos;

.

…………………………..y su prédica

de que mediante él hagamos

florecer tanto melodía cuanto gozosa

emulación de la única escritura

nunca rehecha por nadie,

………………………………….la de Aquel

que escribió en la arena, ganada

por el viento, embrujante poesía

de lo eternamente indescifrable.

.

 ………………Preguntárnoslo, toda vez

que nos encerremos en la expresión

idiota del que no atina a consolarse

de la infructuosidad de la poesía

como vehículo de seducción, corrupción

………………….y cada vez

que se nos recuerde que el verdadero

hacedor de poemas execra la poesía,

que el auténtico realizador

de cualquier cosa detesta esa cosa.

.

A. Girri, Estados de atención en Obra Poética III, ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

Poeta y traductor argentino nacido en 1919. Para saber más o leer otros poemas suyos se puede leer: http://amediavoz.com/girri.htm