los cosacos y Temperley

Vengo de comulgar y estoy en en éxtasis

aunque comulgué con los cosacos

sentados a una mesa bajo el cielo

 

y los eucaliptus que con ellos

se cimbran  estos días bochornosos

 

en que camino hasta las areneras

del sur de la ciudad

-el vizcaíno,

santa adela,

la elisa-

 

(a la sombra hay un loco, y hay un árbol

muy alto

y alguien dice “cristo en rusia”)

 

e insolado hablo al yo que está en su orilla,

ansío su aventura

en otro hombre,

 

y a la hora en que no sé si tuve esclava,

si busco a dios,

si quiero ser o serme,

 

si fui vendido a tierra o si amo poco,

 

 

sé que Él quiere venir pero no puede

cruzar -si no lo robo como a un banco

pesado de galote-

esa balanza

 

que es tanta hacia ambos lados

atracando mis puertas:

 

la abierta, marginal, no interrumpida

matriz sin cabecera

donde gateó la vida,

 

donde algunos gatean

 

y su alma sólo traga lo mismo que el mar traga:

 

aletas, playas solas e iguales, hombres débiles

 

y una pared espesa

de cetáceo y de fábrica.

 

Héctor Viel Temperley, Crawl, Obra Completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2013.

 

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