Poema

Escucha, hija, mira: inclina tu oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna.

Prendado está el rey de tu belleza.

Salmo 44

Sentada en el jardín espero la poda.

Caracoles abren mucosas,

 

sus babas cuelgan en la cocina:

inclina tu oído decís, un poco, un poco más.

 

Al caer la tarde, el zigzagueo arquea,

las estatuas del fondo liberan sus yuyos

 

y en mi cuerpo bordeo esa curva,

rosas diminutas entre tus tramas.

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