Hace unos días vi una hermosa muestra de grabados en el Museo Quinquela Martin. Comparto ahora un cuadro del artista Pablo Flaiszman, además invito visitar su sitio web: http://pablo-flaiszman.eion.me/
Como el aire
al ras
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alrededor de este toldo somos tragados:
el calor quema en enero persisten los licores entre nuestros pies inescrupulosa entrega
breve diluirse metros inhabilitados gases sobre los quejidos bajo este cono pardo
donde no corre el viento ni una céntima la mezcla gaseosa que dilata en huracanes
y cabellos que encienden ojos o pelvis poco importa
nos dejamos agotar en eso
que sufrimos o que nos lleva a mirar un poco más
o es el contorno que da sustento
caminamos o respiramos apenas como en un círculo sin aire
en clausura con el griterío abandonado de lo que nos falta
y bordeando esa línea de sombra
nos dejamos ahí: raíz luminosa
Dios al que llamamos impacientes
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desde esta rendija la turba nos llama despacio:
colchones apilados de día revuelven sus encarnados pies esculpen plumas
mientras nos picotean sus esferas nocturnas: reverberan
lo que no está este desoír este haber perdido todo y permanecer:
la vecina de doce no habla ni ríe
hay días en los que Dios nos hace seguir entre los quiebres de un blindado:
abrazar a un hijo que no puede no llora
al olor todavía violáceo caliente embutido la lluvia que vuelve
y burlar ese ahogo como arterias que se recomponen
desplazar el encierro
entonces la obstrucción se derrama el día se abre
tonos blancos tatuándose entre los dedos
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con el sonido de la cascada presiente su punzón
entre sus hombros negros y fríos
la punta desgarra como un dibujo en círculos
gira y cala esas capas blancas diminutas casi inexistentes
y tiene arena mojada entre las garras devora colibríes
entre tanto roe como cualquier animal
larvas escondidas bajo tantas tierras
es la cascada su furia
y el alacrán entre sus hombros
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alzo la nariz como quien espera ahí abajo
el techo la lluvia algunos charcos
con el reflejo de quien cae
el pozo el agua acumulo en el torso
encojo los brazos así mientras veo
el pantalón azúl de Raúl veo
ese que es más un color que un pantalón1
escribir cuentas y versos veo
sacados de ese golpetear entre los bártulos
de ese grano de salvación
escondiendo diminutos jazmines
tirando las costras de este patiecito
como quien los deja brillar blancos o verdes otro día más
Publicados en al ras, Ediciones La Biblioteca, colección miliuna, septiembre de 2013, Buenos Aires.
Nueva presentación de la colección Miliuna

Unique de Jeannette Woitzik

Hermoso arte el de esta fotógrafa. Para ver más visitar su galería en http://art-profiles.com/index.php?option=com_myblog&show=photography-by-jeannette-woitzik.html&Itemid=2042
Algunos sonetos de amor
QUE CONTIENE UNA FANTASÍA CONTENTA
CON AMOR DECENTE
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
***
SÓLO CON AGUDA INGENIOSIDAD
ESFUERZA EL DICTAMEN DE QUE SEA LA
AUSENCIA MAYOR MAL QUE LOS CELOS
El ausente, el celoso, se provoca,
aquél con sentimiento, éste con ira;
presume éste la ofensa que no mira,
y siente aquél la realidad que toca.
Éste templa, tal vez, su furia loca,
cuando el discurso en su favor delira;
y sin intermisión aquél suspira,
pues nada a su dolor la fuerza apoca.
Éste aflige dudoso su paciencia,
y aquél padece ciertos sus desvelos;
éste al dolor opone resistencia,
aquél, sin ella, sufre desconsuelos;
y si es pena de daño, al fin, la ausencia,
luego es mayor tormento que los celos.
Sor Juana Inés de la Cruz, Sonetos completos, interZona editora, Buenos Aires, 2013.
La piedra de la paciencia
He visto una hermosa y muy dolorosa película que refleja el dolor de una mujer en algún sitio de Afganistán y la situación de las mujeres en otros lados del mundo. Dejo acá una cita del libro de Atiq Rahimi, escritor y también guionista y director del film.
Oscilando al ritmo de su respiración, una mano de mujer se posa en su pecho, sobre el corazón. La mujer está sentada. Con las piernas escogidas y pegadas al cuerpo. La cabeza sobre las rodillas. Los cabellos negros, muy negros y largos, cubren sus hombros, que se balancean, siguiendo el movimiento regular de su brazo.
En la otra mano, la izquierda, sostiene un largo rosario negro. Desgrana las cuentas. Silenciosamente. Lentamente. Siguiendo la misa cadencia que sus hombros. La misma cadencia que la respiración del hombre. Cubre su cuerpo con una larga túnica. Púrpura. Adornada en las mangas y en el bajo con discretos motivos de espigas y flores de trigo.
Al alcance de su mano, abierto por las guardas y colocado sobre un almohadón de terciopelo, un libro, el Corán.
Una niña pequeña llora. No está en la misma habitación. Puede que esté en el cuarto de al lado. O en el pasillo.
(…)
Perdida, masculla: “No puedo más”.
Después de un suspiro exasperado, se levanta súbitamente, y repite, alzando la voz: “No puedo más….”. Abatida. “De la mañana a la noche, recitando sin cesar los nombres de Dios, ¡no puedo más!” Se acerca algunos pasos a la foto, pero no la mira, “hace ya dieciséis días…” duda, “no…” y cuenta con los dedos, titubeante.
Confusa, da la vuelta, regresa a su sitio para echar un vistazo a la página abierta del Al-Qahhar, el Dominador. Eso es, muy bien, el décimo sexto nombre….” Pensativa. “¡Dieciséis días!” Retrocede. “Dieciséis días viviendo al ritmo de tu respiración.” Agresiva. “Dieciséis días respirando contigo.” Mira fijamente al hombre. “Respiro como tú, ¡mira!” Aspira el aire profundamente, después lo expulsa dolorosamente. Al mismo ritmo que él. “Aunque no tenga la mano sobre tu pecho, también puedo respirar como tú.” Se aleja. “¿Me escuchas?” Lanza un grito: “Al-Qahhar”, y de nuevo empieza a desgranar el rosario. Siempre con la misma cadencia. Sale de la habitación. Se la escucha: “Al-Qahhar, Al-Qahhar…” por el corredor y más allá.
“Al-Qahhar…” se aleja.
“Al-Qahhar…” se hace cada vez más débil.
“Al…” imperceptible.
Desaparece.
Atiq Rahimi, La piedra de la paciencia, Siruela Editor, 2012.
Enlace: https://play.google.com/store/books/details?id=fmfbBfe3MYAC&source=gbs_api
Piedra y camino
Baglietto y Vitale, un placer escucharlos.
y así, de nuevo
postal
pasa que a veces en la distancia
pierdo ese azul fijo
todo brilla en la calle hoy
los carteles tienen sus luces bajas
calorías que se nos muestran
en vidrieras poco o más iluminadas
cascabeles dietarios que la sociedad impone
al eco contorneado
de ese rap que distorsiona
como letreros que a la distancia parecen ocupar
todo menos eso y el espacio es difuso
pasa que con tanto reflejo caído pierdo otra vez
ese azul son los esquemas fuera
de mi postal fijada más allá del mar
o de la noche y en caballo así también la postal
a veces con algunos cascabeles
con papá noel y nieve en la postal
fijada así con el cartel en el saco
pierdo
más allá del mar
Siestas
Como quien busca en otro mundo,
me acuño esponjosa
y caigo en estas siestas.
Es la pesadez y el quebrarse
donde todo se lleva
en un soplido verde
y el monte se delinea verde,
bien brillante.
Después de todo, dibujo donde siempre
está el cielo claro y la orilla
-donde quieras- esta orilla.
Pero me cierro y busco el sueño.
a-
Así tomo tu discurrir entre las risas
desplegándose a saltos.
Y, una vez más, en mis castillos
los pájaros sobrevuelan,
alternándose día y noche,
vienen de no sé donde, estiran el cuello,
giran el pico un poco entre el barral
y las perlas lustrosas ahí
que pesadas, impregnadas de ceniza y humo, brillan.
b-
Me desperezo húmeda ya
y mi camisa blanca tiene una mancha
que entre grises y azules deforma
un poco los volados de las mangas.
En un gesto me levanto,
busco entre lo que tengo
y balanceo palabras como un recién nacido,
llenas de ese aire blando del despertar.
Verdes mis plegarias.
