Con el sonido de la cascada presiente su punzón,

entre sus hombros negros y fríos,

la punta desgarra como un dibujo en círculos,

gira y cala esas capas blancas, diminutas, casi inexistentes.

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Y tiene tierra mojada entre las garras,

devora colibríes entre tanto.

Roe, como cualquier animal,

larvas escondidas bajo tantas tierras.

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Es la cascada,

su furia

y el alacrán entre sus hombros.

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