Ars poética con amapolas y pájaros
Tal vez creas
que así es como la traducción funciona:
comienzas con amapolas
y terminas con pájaros.
O comienzas con pájaros
y terminas con amapolas.
*
Tal vez sientas
que noche tras noche
tu libro se sueña así mismo como un ser.
*
Un día el libro dice
que quiere estar pintado,
no escrito.
Al día siguiente el libro exige
ser un jardín.
Si estás en desacuerdo
se indignará.
Pronto tendrá mayores exigencias para ti:
“Tráeme unas amapolas doradas
de California” dirá.
Y después: “Quiero ver
aquellas extrañas amapolas plateadas de Los Alpes,
algunas quizás sean de un amarillo tenue.
He escuchado que son tan raras como los tigres blancos.
Ve, echa un vistazo.”
Justo cuando creas que tienes todo lo necesario
el libro dirá: “Ahora quiero que encuentres
la más exótica,
la del más complicado cultivo:
una amapola azul del Himalaya.
Anda.” Te exigirá.
Por ahora, quizás lo hayas notado:
el libro quiere que te alejes
para convertirse en un jardín de pájaros.
Sujata Bhatt. Poeta hindú.
Para seguir leyendo: http://circulodepoesia.com/2016/02/indian-poetry-sujata-bhatt/
Adrienne Rich
EN AQUELLOS AÑOS
.
En aquellos años, dirán las gentes, perdimos el rastro
del significado de nosotros, de ustedes
hasta encontrarnos
reducidos a yo
y todo ese asunto se tornó
estúpido, irónico, terrible:
intentábamos vivir una vida personal
y, cierto, aquella fue la única vida
de la que podíamos dar testimonio
Pero los grandes pájaros oscuros de la historia gritaron y se
sumergieron
en nuestro clima personal
Fueron decapitados en alguna otra parte pero sus picos y alas
se movieron
a lo largo de la costa, a través de jirones de niebla
donde permanecíamos, diciendo yo
(1991) Trad. Jorge Yglesias
.
.
He aquí un mapa de nuestro país:
aquí está el Mar de la Indiferencia, barnizado de sal
Este es el río maléfico que fluye de la frente a la ingle
agua que no nos atrevemos a probar
Este es el desierto en el que se han plantado misiles como bulbos
Esta es la cesta del pan de las granjas hipotecadas
Este es el lugar donde nació el chico rockero
Este es el cementerio de los pobres
que murieron por la democracia Este es el campo de batalla
de una guerra del siglo diecinueve el sepulcro es famoso
Esta es la ciudad marina de mito e historia cuando las flotas pesqueras
se arruinaron aquí es donde había trabajo en el muelle
congelando pescado en trozos paga por horas sin dividendos
Estos son otros campos de batalla Centralia Detroit
aquí están los bosques primitivos los filones de cobre de plata
Estos son los suburbios del consentimiento el silencio se eleva como el humo
de las calles
Esta es la capital del dinero y del dolor; sus pináculos
estallan en el aire caliente, sus puentes se desmoronan
sus hijos van a la deriva por ciegos callejones confinados
entre alambres de espinas enrollados
Prometí mostrarte un mapa y dices pero esto es un mural
entonces bien, déjalo estar son pequeñas diferencias
la cuestión es desde dónde lo miramos
(1990-91) Trad. Mª Soledad Sánchez Gómez
DOMINGO A LA MAÑANA
.
I
El placer de estar en bata, y a una hora tardía
el café y naranjas en una silla al sol,
y la verde libertad de un papagayo,
sobre un tapiz fúndense para disipar
el sagrado silencio del antiguo sacrificio.
Ella sueña un poco, y siente la oscura
intromisión de esa vieja catástrofe,
como entre las luces del agua se ensombrece una calma.
Las acres naranjas y las brillantes, verdes alas,
parten de un fúnebre cortejo,
serpenteando a través del agua, sin ruido.
El día es cual anchurosa agua sin ruido,
aquietado por el paso de ella con sus pies soñadores
sobre los mares, hacia la callada Palestina,
reino de la sangre y del crepúsculo.
.
II
¿Por qué habría de dar su dádiva a los muertos?
¿Qué es la divinidad si solamente
puede llegar en sigilosas sombras y en sueños?
¿No encontrará en los consuelos del sol,
en la fruta acre y en las brillantes verdes alas,
o en cualquier otro bálsamo o belleza de la tierra,
cosas que amar tanto como el pensamiento del cielo?
La divinidad debe vivir dentro de ella:
pasiones de la lluvia, o estados de ánimo con el caer de la nieve,
lamentos en soledad, o insumisos
entusiasmos cuando la selva florece,
borrascosas
emociones por caminos mojados en noches de otoño;
todos los goces y todas las penas, recordando
la verde rama del verano y el ramaje invernal.
Tales son las medidas consagradas a su alma.
.
III
En las nubes tuvo Júpiter su inhumano nacimiento.
Ninguna madre lo amamantó, ninguna dulce tierra
dio majestad a su mítica mente.
Pasó entre nosotros como un gruñón
y magnífico rey pasaría entre sus siervos,
hasta que nuestra sangre, mezclándose, virginal,
con el cielo, trajo al deseo recompensa tal
que hasta los siervos lo reconocieron en una estrella.
¿Fracasará nuestra sangre? ¿O tornaráse
sangre del paraíso? ¿Y la tierra
semejará al paraíso que conocemos?
El cielo será entonces más amistoso que ahora,
una parte de esfuerzo y una parte de dolor,
y cercano en la gloria al amor perdurable,
no este divisorio e indiferente azul.
.
IV
Ella dice: “Me gusta cuando los pájaros, al despertar,
antes de volar prueban con sus dulces preguntas
la realidad de los brumosos campos;
pero cuando los pájaros se han ido y sus tibios campos
no vuelven más, ¿dónde está, entonces, el paraíso?
No ronda ninguna profecía,
ni quimera alguna de la tumba,
ni el dorado subterráneo, ni isla
melodiosa donde los espíritus retornan a su hogar,
ni visionario sur, ni nebulosa palmera
remota sobre la colina celestial, que haya perdurado
como perdura el verde de abril, o que perdure
como el recuerdo de los pájaros despiertos,
o su ansia de junio y del atardecer, tocada
por el extenuarse de las alas de la golondrina.
.
V
Ella dice: “pero en la satisfacción siento aún
la necesidad de una dicha imperecedera”.
La muerte es la madre de la belleza; por eso
sólo de ella vendrá el cumplimiento de nuestros sueños
y nuestros deseos. Aunque ella esparce por nuestros
senderos las hojas de la destrucción,
el sendero que tomó la doliente pena, los muchos senderos
por donde el triunfo hizo sonar su fanfarria descarada,
o donde el amor impulsado por la ternura algo susurró.
Ella hace que el sauce tiemble al sol
para las doncellas que solían sentarse y contemplar
los prados, abandonados a sus pies.
Ella induce a los muchachos a amontonar más ciruelas y peras
en desdeñadas bandejas. Las doncellas prueban
y se extravían apasionadamente por las desordenadas hojas.
.
VI
¿No habrá en el paraíso otra muerte?
¿No cae jamás el fruto maduro? ¿O las ramas
cuelgan siempre henchidas bajo ese cielo perfecto,
inmutable y sin embargo tan similar a nuestra perecedera tierra
con ríos como los nuestros, siempre en busca
de inencontrables mares, y playas que se alejan
y que nunca tocan con articulado dolor?
¿Por qué plantar el peral en las márgenes de esos ríos,
o perfumar las playas con el aroma del ciruelo?
¡Ay, que luzcan allí nuestros colores,
la sedosa trama de nuestras tardes,
y hagan vibrar las cuerdas de nuestros insípidos laúdes!
La muerte es la madre de la belleza, mística,
y en su ardiente regazo entrevemos
a nuestras madres terrestres que esperan, insomnes.
.
VII
Ágil y turbulento, un círculo de hombres
cantará, orgiástico, una mañana de verano,
su tumultuosa adoración del sol,
no como un dios, sino como uno que podría ser un dios,
desnudo entre ellos, como una fuente salvaje.
Su canto será un cántico del paraíso,
salido de la sangre, retornando a cielo;
y en su canto entrarán, voz tras voz,
el tempestuoso lago donde su señor se deleita,
los árboles como serafines, y las colinas con sus ecos
que prolongan el coro hasta mucho tiempo después.
Ellos conocerán bien la celestial camaradería
de los hombres que sucumben y de la estival mañana.
Y el rocío de sus pies dirá de dónde
han venido y hacia dónde irán.
.
VIII
Ella escucha, sobre esa agua sin ruidos,
una voz que grita: “la tumba en Palestina
no es el pórtico de los espíritus que se demoran.
Es la sepultura de Jesús, donde Él yació”.
Vivimos en un antiguo caos del sol,
o en la vieja dependencia del día y la noche,
o en la soledad insular, libre, sin tutela,
de esas anchurosas aguas, ineludibles.
Los ciervos recorren nuestros montes, y las codornices
silban en torno de nosotros sus espontáneos gritos;
dulces bayas maduran en el páramo,
y en la soledad del cielo, al atardecer,
peregrinas bandadas de palomas describen
ambiguas ondulaciones al hundirse en la oscuridad,
sobre las abiertas alas.
.
.
Wallace Stevens, trad. A. Girri, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988.
El poema en inglés puede leerse acá.
Sobre la poesía de Stevens puede leerse un interesante artículo de Guillermo Saccomano en Página/12:
«Evitando pisar esta trampa, Wallace Stevens (1879-1955) supo ser más un poeta escondido que un autor “secreto” y se las ingenió para proteger su poesía del parnaso de exhibicionismo intelectual. “Soy abogado y vivo en Hartford. Estos hechos no son ni divertidos ni relevantes”, fue la respuesta escrita que despachó al director de una revista que buscaba reportearlo. Pionero en abstenerse del gallinero literario mediante la reclusión, deviene un antecedente de Salinger. Pero menos crispado. Ni timidez ni afán de hacerse el raro. Stevens pensaba: “Después de que se abandonó la creencia en dios, la poesía es esa esencia que ocupa su lugar como la redención de la vida”. Entonces Stevens cuidaba religiosamente tanto su escritura poética como las rosas del jardín de su casa. Al leerlo uno queda impregnado por la añoranza de bosques y nevadas, el sonido de un búho, vestigios de una naturaleza perdida, la invasión de una melancolía adánica. Pero estas impresiones se cortan enseguida con un relampagueo de mordacidad que nos retorna a lo más elemental de lo diario. La poesía de Stevens, consciente de su poder, mediante una vuelta de tuerca, un guiño, le avisa al lector que no debe tomarse muy en serio.»
Espejan, amarillan
Caeiro y sus poemas
XIV

No me importan las rimas. Rara vez
hay dos árboles iguales, uno al lado del otro.
Pienso y escribo como las flores tienen color
pero con menos perfección en mi modo de expresarme
porque me falta la simplicidad divina
de ser sólo mi exterior.
.
Miro y me conmuevo,
me conmuevo como corre el agua cuando el suelo está inclinado
y mi poesía es natural como se levanta el viento…
.
.
Não me importo com as rimas. Raras vezes
Há duas árvores iguais, uma ao lado da outra.
Penso e escrevo como as flores têm cor
Mas com menos perfeição no meu modo de exprimir-me
De ser todo só o meu exterior.
.
Olho e comovo-me,
Comovo-me como a água corre quando o chão é inclinado
E a minha poesia é natural como o levantar-se vento….
.
.
.
XXXV
La luz de la luna a través de las ramas altas,
todos los poetas dicen que es más
que la luz de la luna a través de las ramas altas.
.
Pero para mí, que no sé lo que pienso,
lo que la luz de la luna a través de las altas ramas
es, además de ser
la luz de la luna a través de las ramas altas,
es nada más
que la luz de la luna a través de las ramas altas.
.
.
O luar através dos altos ramos,
Dizem os poetas todos que ele é mais
Que o luar através dos altos ramos.
.
Mas para mim, que não sei o que penso,
O que o luar através dos altos ramos
É, além de ser
O luar através dos altos ramos,
É não ser mais
Que o luar através dos altos ramos.
.
.
.
.
XLIV
Despierto de noche súbitamente,
y mi reloj ocupa la noche entera.
No siento la Naturaleza afuera.
Mi cuarto es una cosa oscura con paredes vagamente blancas.
Afuera está calmo como si nada existiera.
Sólo el reloj persiste en su ruido.
Y esta minucia de engranajes que está sobre mi mesa
borra la existencia de la tierra y del cielo…
Casi me pierdo pensando qué significa esto,
pero me detengo y me siento sonreír en la noche con las comisuras de la boca,
porque lo único que mi reloj simboliza o significa
al llenar con su pequeñez la noche inmensa
es la curiosa sensación de llenar la noche inmensa,
y esta sensación es curiosa porque él no llena la noche
con su pequeñez.
.
.
Acordo de noite subitamente,
E o meu relógio ocupa a noite toda.
Não sinto a Natureza lá fora.
O meu quarto é uma cousa escura com paredes vagamente brancas.
Lá fora há um sossego como se nada existisse.
Só o relógio prossegue o seu reuído.
E esta pequena cousa de engrenagens que está em cima da minha mesa
Abafa toda a existência da terra e do céu…
Quase que me perco a pensar o que isto significa,
Mas estaco, e sinto-me sorrir na noite com os cantos da boca,
Porque a única cousa que o meu relógio simboliza ou significa
Enchendo com a sua pequenez a noite enorme
É a curiosa sensação é curiosa porque ele não enche a noite
Com a sua pequenez.
Fernando Pessoa, Poesía de Alberto Caiero, trad. de Teresa Arijón y Bárbara Belloc, el cuenco de plata, 2015.
Poemas de Margaret Atwood
Hotel
Me despierto a oscuras
en una habitación extraña.
Hay una voz en el techo
con un mensaje para mí.
Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,
el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,
metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer
sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.
Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;
ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.
Examina el aire de alrededor y encuentra
espacio. Al final, me
penetra y se vuelve mía.
Grajos azules
Mientras yaces, acorralado
en este rectángulo blanco, sin apenas querer
respirar, colgado
de la vida por un fino hilo,
los grajos van y vienen, todavía comen
las semillas que dejaste,
las esparcen en la hierba entre
las peras y las manzanas mustias.
¿Quién te hizo este agujero?
Los pájaros vuelan en el aire blanco,
sus gritos cortan el espacio
congelado entre árbol y árbol,
azul penetrante, ángeles
o agujas. ¿Eras tú
esa voz que decía
que el único camino era llegar al final?
¿o era un ángel el que quería
que eligieras, que respiraras?
Pájaros de ojos rutilantes y afilado
pico, no se
disculpan al devorar
cualquier cosa que alimente
sus fugaces vidas:
tus girasoles.
El próximo verano
brotará allí algo olvidado.
.
Margaret Atwood (Ottawa, 1939), Historias reales, Bruguera, Barcelona, 2010. Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo
desnudos

Cuatro ángulos, idéntica certidumbre
I
Mirar y mirar,
…………………la mirada
con su pretensión de ignorar
que lo que se ve se esfuma en cuanto
deja de ser mirado,
………………..y que si bien
hubo siempre cosas para mirar,
y hay, habrá,
…………………no tan innegable es
que no cese de haber quien las mire.
.
II
Mirar y observar
con la congoja de reconocerse
en la perspectiva de que no
se es dueño de un yo permanente,
y lo dudoso, al no haberlo,
de contar con un yo hacedor
de nuestros actos,
un actor detrás de ellos, un receptor
detrás detrás de nuestra percepción.
.
III
Mirando y apresando
intercambios desnudos,
………………………………….sólo
réplicas entre el que mira y lo mirado,
y nada que se encarne, ninguna
materia física,
…………………..las miradas
yendo como flechas, impalpables
hacia el murmurante arroyo, hacia
abrazos abiertos, ramas cargadas,
pero sin apagarnos la sed, dejarnos
chocar el ciruelo, sacudirlo,
abrazar y permitir el abrazo:
……………………………………..nada más que una
refulgente imposición y fruición
de los ojos,
……………….pensamientos en miradas, acceso
a la certidumbre de que todo ser vivo
es a la larga pensamiento, subsiste
lo que un pensamiento.
.
IV
Mirando y llorando
el peor de los desengaños, la imposibilidad
de imágenes increadas, sin nacimiento ni muerte,
del ojo duradero, imperecible, sin alteraciones
ante lo que pasa por él,
………………………………..como ahora
está pasando, alta, erguida, inspiradora,
una mujer con ojos tan violetas
como su vestido violeta, su sombrero violeta
con listas blancas.
.
Alberto Girri, Quien habla no está muerto en Obra Poética III, ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.
Preguntarse, cada tanto
![]()
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Girri
…………………..Qué hacer
del viejo yo lírico, errático estímulo,
al ir avecinándonos a la fase
de los silencios, la de no desear
ya doblegarnos anímosamente
ante cada impresión que hierve,
y en fuerza de su hervir reclama
exaltación, su canto.
.
……………….Cómo, para entonces,
persuadirlo a que reconozca
nuestra apatía, convertidas
en reminiscencias de oficios inútiles
sus constantes más íntimas, sustitutivas
de la acción, sentimiento, la fe:
………………………………………….su desafío
a que conjuremos nuestras nadas
con signos sonoros que por los oídos andan
sin dueños, como rodando, disponibles
y expectantes,
……………………ignorantes
de sus pautas de significados,
de dónde obtenerlas;
.
………………………….y su persistencia, insaciable
para adherírsenos, un yo
instalado en otro yo, vigilado
por encima de nuestro hombro
qué garabateamos;
.
…………………………..y su prédica
de que mediante él hagamos
florecer tanto melodía cuanto gozosa
emulación de la única escritura
nunca rehecha por nadie,
………………………………….la de Aquel
que escribió en la arena, ganada
por el viento, embrujante poesía
de lo eternamente indescifrable.
.
………………Preguntárnoslo, toda vez
que nos encerremos en la expresión
idiota del que no atina a consolarse
de la infructuosidad de la poesía
como vehículo de seducción, corrupción
………………….y cada vez
que se nos recuerde que el verdadero
hacedor de poemas execra la poesía,
que el auténtico realizador
de cualquier cosa detesta esa cosa.
.
A. Girri, Estados de atención en Obra Poética III, ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.
Poeta y traductor argentino nacido en 1919. Para saber más o leer otros poemas suyos se puede leer: http://amediavoz.com/girri.htm
de lo áspero, la poesía
Intentando adentrarme en el mundo del poeta Alberto Girri, encontré una hermosa lectura de Esteban Moore en página de poesía. Les comparto algunos de los fragmentos:
«En esa oportunidad Borges le dedicó a Girri 15 líneas de su discurso: “Girri ha buscado y sigue emprendiendo las aventuras más audaces del arte contemporáneo, al mismo tiempo ha traducido ejemplarmente a Donne. Y este hecho tiene una significación especial ya que esas traducciones no están hechas como un ejercicio filológico sino porque hay una esencial afinidad entre el traducido y el traductor. Por lo demás Donne está quizás más cerca de nuestra sensibilidad que de la sensibilidad de muchos de sus contemporáneos. Y de igual manera que Donne buscó no la poesía de la dulzura que todos buscaban en su tiempo, sino esa otra poesía, no menos admirable y ardua, de lo áspero, así Girri ha buscado deliberadamente la misteriosa poesía de la aspereza y de lo –pero sólo aparentemente- caótico.(…)
En El ojo y a partir de él, su verso se despoja definitivamente de lo que él considera excesos retóricos, decorativos y convencionales de la lengua castellana, excluye todo pintoresquismo y adopta un ritmo marcado y fluctuante; el poema desconfía de la imagen, transformándose en un objeto de rígida estructura. En este volumen incluye un texto significativo, en el que se intuye un adelanto de aquello que podríamos esperar a partir de ese momento:
Cuando la idea del yo se aleja:
De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: “Yo soy”
y en la enfermedad y la muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.
Antes hacía, ahora comprendo. 13(…)
“Ahora comprendo”, nos dice en la última línea; comprende que debe desarrollar aquello a lo que en varias ocasiones se refirió como “una sintaxis personal”, “una sintaxis que pueda ser reconocida”, la marca en el orillo de cada texto, su estilo. En el “Que el tono se aproxime al del discurso normal. Que la singularidad de la dicción poética radique más en la estructura que en los detalles. […] Vocabulario extremadamente lineal. Ninguna ambigüedad elaborada, ni asociaciones dificultosas, ni transiciones muy marcadas. […] Que los poemas se eleven a la diafanidad de la prosa. Discurso corriente, transformado en poema. Con idénticas palabras, lograr una forma distinta de comunicar lo mismo.»
Para leer el texto completo ir a: http://paginadepoesia.com.ar/habl_girri.html#guirri
Encontré también algunas lecturas de Alberto Girri para el archivo de la Palabra de Radio Universidad
http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/30521
Lectura: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/30521/Audio_de_Alberto_Girri__07_41_.mp3?sequence=1