
Autor: Alejandra Aguirre
Mosca final y otros poemas de Giannuzzi
ME DESPIERTO EN LA NOCHE

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Me despierto en la noche y aquĂ estoy
a solas con mi cabeza irritada.
Un cerebro en la oscuridad no puede hacer polĂtica.
Su gelatina hierve, ávida de oxĂgenos,
de sustancia continua,
de realista materia iluminada y fulgor sexual:
apostando
a un universo visible para redimirlo.
Es un pintor absoluto, el cerebro.
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DALIA INCLINADA HACIA MI VENTANA
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Celebro que no seas
una efusiĂłn de mi cabeza calcinada
sino la aventura de una vida individual
que me busca en la tarde lluviosa.
Mi apuesta es dedicarte
lo que puede salvarse de un fracaso
ahora que inclinas hacia mi ventana
tĂş pesado estallido purpĂşreo, por lĂneas
de azul cruzadas y gotas que se demoran.
Desalojo el humo y la negaciĂłn
de mis pulmones. Suavizo
el crujido estacional de mis articulaciones.
Puesto que no obtuve
una respuesta consistente en mi agujero mental,
sino abstracciones monstruosas
y una certeza de condenado por la época
entro en tu frĂo peso como mi Ăşltima edad.
Ensayadas mentiras huyen por la ventana
y oscurece a mis espaldas. Pero tĂş salvas
mis porciones secretas: ahora que compartimos
un naufragio carnal
qué parece tan lento y justo bajo la lluvia.
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Poemas de ViolĂn obligado.
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PERPLEJIDADES AL AMANECER
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I
Un mĂnimo de fe para buscar a tientas
la camisa más despierta. Una especie
de convicciĂłn para sentirme apto.
En la oscuridad de menguante, el dormitorio
huele existencia en bruto,
a ropa frĂa, a zapatos caĂdos
con toda la neura encima. Esto insiste
en tener algo que ver conmigo.
Desde la calle
los ruidos ciegos y la jadeante
respiraciĂłn de la materia manufacturada
suben con sus propias razones para vivir.
He aquĂ lo espumoso, la tierra triunfante
que apenas me concierne. Pero la camisa
ya pierde su inocencia, reclama relaciones
y el perpetuo fracaso de la identidad
en el amanecer de este dĂa laborable.
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II
Desamparo ideolĂłgico del lunes:
en la madrugada invernal ha concluido
el aplazamiento. Perplejo
y desdichado a su manera, el pie
con qué bajamos de la cama se detiene
a medio camino. En ese titubeo prenatal
también vacilan
el resto del cuerpo
y el ser en general con su condena.
La realidad privada paraliza su regreso
el viejo desastre, a la recurrente
y oscuro oportunidad. ¿Qué clase de verdad
hay en esa negación? ¿Qué mano de la época
pon en las opciones individuales en punto muerto?
En el cerebro cerrado circula
un gemido que nos retiene al borde
de la respiraciĂłn universal del dĂa.
Y entre la historia a punto de caer
en la taza de café y la vuelta del rostro
ala dorada aniquilaciĂłn personal
comienza el lunes en todo el paĂs.
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MOSCA FINAL
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Tiesa en el vidrio y su engaño, todavĂa
se aferra un resto de luz menguante.
Calmada forma final
ya no tiene razĂłn contra el invierno.
Un fracaso a la vista del cielo:
veo la dignidad
de concluir con la tarde, en un gris moribundo
aplastado a lo traslĂşcido. Una pizca
de frĂo residuo planetario
hacia abajo chupado, a lo indistinto.
En su descenso cumple
una certeza de orden, mientras ignoro
la ley de mi propia disoluciĂłn.
La muerte
no me reserva esa lĂłgica suave,
su tranquila mecánica
sino un final inexacto, sometido
a un desesperado anhelo personal.
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Poemas de Cabeza final
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Giannuzzi, JoaquĂn, Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014.
La respiraciĂłn y algunas pausas
Siomara abre los ojos. No sabe cuánto durmió pero se siente descansada, liviana, el pecho abierto. Hace mucho que no despierta con una sensación tan buena. Sin moverse estira una mano y acaricia el pedazo de sábana tirante a su lado. Se queda mirando el techo. La casa está en silencio, de no ser por los pequeños quejidos que hacen las casas en verano. La chapa de cinc dilatándose por el calor. El ir y venir de los ararás que taladran las vigas de madera. El piso de cemento que cruje en alguna parte, el comienzo de una grieta nueva. La respiración pausada de su humanidad recién despierta. No quiere moverse para no romper ese equilibrio frágil. Quiere quedarse en pausa. No pensar. No acordarse.
Selva Almada, No es un rĂo, Literatura Random House, 2020.
Poemas en vertical

El error que comete una cosa
al caer de tus manos,
la absurda equivocaciĂłn de una hoja
al no caer sobre la tierra,
la confusiĂłn de un aroma
que emigra de una flor
y se va a perfumar un pensamiento,
no deben atribuirse
a sus modales inexpertos
sino al defecto fundamental que el azar distribuye
como una noche quebrada
por el apocalipsis encubierto de los dĂas.
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Esta concreta conspiraciĂłn del desacierto
indica que la historia aĂşn no ha empezado
y el hombre sĂłlo registra en sus anales
inciertos simulacros de antistoria.
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Tan sĂłlo una imaginaciĂłn regenerada
que trace los movimientos del regreso,
del perfume a la flor,
de las hojas al árbol,
de una cosa a tu mano,
del azar al azar,
de la noche a la noche,
puede iniciar la historia verdadera.
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El mundo está repleto
de anodinos fantasmas.
Hay que hallar los fantasmas esenciales.
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Voy perdiendo las zonas intermedias.
Percibo sĂłlo lo muy cercano
o lo muy lejano.
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Este cambio radical de los sentidos
o quizá este surgimiento de un sentido distinto
confirma mi sospecha
de que sĂłlo en los extremos
habita lo real.
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El infinito no es igualmente infinito en todas sus partes.
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En sus puntos más intensos
las mayores distancias se reabsorben.
La lecciĂłn mayor del infinito
es dejar de ser a veces infinito.
Roberto Juarroz, poeta argentino nacido en Coronel Dorrego en 1925. Poemas del libro PoesĂa vertical, tomados de Eterna Cadencia en https://www.eternacadencia.com.ar/blog/libreria/poesia/item/tres-poemas-de-roberto-juarroz.html
El universo musical de Proust
Entre la mano izquierda y los dedos ejercicios – Poemas de Paulo Henriques Britto
SIETE ESTUDIOS PARA LA MANO IZQUIERDA
II
Trato de decir: la tarde tiene el tono
exacto de otra tarde que conozco,
pero ¿cuál? (Pero en este instante escucho el son
de otra voz, que es mĂa y desconozco.
Y lo que ella dice es bello, cierto y bueno.
Pero lo que digo es asĂ no reconozco.
Es como un dios de bolsillo, esta presencia
que el propio gesto de negar evoca.
La voz es de ella, aunque de mi pertenencia
la música. Y más aún la mano que la toca.)
Naturalmente, mientras tanto la tarde
se apaga, anémica, desapercibida,
y llega la noche, con su negro alarde.
Desde el comienzo la causa estaba perdida.
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DIEZ EJERCICIOS PARA LOS CINCO DEDOS
VII
Por ejemplo: un hombre en una silla,
sentado, inmĂłvil, sin motivo.
Y cuando él se mece de repente
nada hay que se explique ni se entienda.
El movimiento es apenas natural.
(Mas quizá la imagen no esté completa.
Puede haber algo en el bolsillo, o en la mano.
Lo que es más o menos evidente
mañana -la foto, con leyenda
y todo, ahĂ en un rincĂłn del diario.)
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IX
Ni el tiempo y su asedio
ni el cálculo frĂo de los sentimientos
ni la lámina roma del tedio
ni el cuerpo y sus humores varios
y sus untuosas exigencias.
-nada puede aplacar la pasiĂłn
que no recula ante el supremo horror
de que sean las cosas todo y sĂłlo lo que son.
La piel es fina, la carne es permeable.
Es duro el amor.
X
Prisa de páginas,
avidez de dedos que entorpecen
el espacio exiguo entre el sueño y el hueso
con una epopeya Ănfima en negro
y blanco, pierna y pierna y otra pierna,
especie de ciempiés de letras,
o larva, que se arrastra hasta llegar
a mariposa con su epitafio:
recado dado, todo lo decible dicho,
silencio, pluma.
Paulo Henriques Brito (1951) poeta brasilero contemporáneo. Esta selección de poemas corresponde al libro Puentes/Pontes, trad. Cerrato L y Montes E., editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003.
Un poco más de Emily en tiempos de cuarentena
89 Algunas cosas hay que vuelan— pájaros — horas — abejorro — de Ă©stos no hay elegĂa. Algunas cosas hay que quedan, que están ahà — pena — montañas — eternidad — ni Ă©stos me preocuparon. Algunas hay que descansando, se elevan. ÂżPuedo yo interpretar los cielos? ¡QuĂ© inmĂłvil el acertijo yace! 101 ÂżHabrá realmente un mañana? ÂżHabrá una cosa semejante al dĂa? ÂżPodrĂa verlo desde las montañas si yo fuese tan alta como ellas? ÂżTiene pies como las Ninfeas? ÂżTiene plumas como un pájaro? ÂżLo traen de paĂses cĂ©lebres de los que nunca oĂ hablar? ¡Erudito! ¡Marinero! ¡Hombre sabio del cielo! ¡Por favor vengan a decir a un pequeño peregrino en dĂłnde está el lugar llamado mañana!
Emily Dickinson, Poemas, SeleciĂłn y traducciĂłn de Silvina Ocampo, Tusquets editores, Buenos Aires, 2008.
James Rhodes / Instrumental. Memorias de mĂşsica, medicina y locura
DOS FLORES AZULES
Dos fechas habĂan grabado en el metal
pegado sobre el mármol:
una de las dos estaba mal.
La primera fecha era un poco tu nombre,
era más tu nombre que tu nombre mismo:
fĂłrmula de una promesa de futuro,
vacĂo ahora, mi otro cumpleaños.
Nunca te dije que para mĂ sus nĂşmeros
venĂan de colores. Yo los leĂa al revĂ©s:
el doble seis de oro, blanca la o de octubre,
caoba el nueve y el dos azul oscuro.
Nada me decĂa tu apodo entre comillas
pero si aquel sol tan blanco sobre blanco
como el medio dĂa de las expediciones
y de los cumpleaños que no festejamos:
¿cuál fecha estaba mal?
Al fin traduje a flores tu nombre hecho de años
y acomodé esas cosas blandas de colores
al pie de las dos fechas y de tu silencio
con tanto cuidado como si fuesen palabras,
esas que no llegamos a decirnos.

Nothern lights – Alexandro Lacadena – Flickr CC
++
00
En el último año de dos ceros
era un fenĂłmeno global el borde
de tu párpado inferior izquierdo:
tuve el cielo delante, igual que un rĂo.
Hoy desperté pensando en los grandes planetas,
en quĂ© puede esperarse todavĂa
de sus lejanas curvas invisibles.
Expedienten vĂa muerta, el aire dura sin sueños.
queda un minuto para atarse los cordones
antes de que desaparezca todo esto;
abre una página, rozo las letras con los ojos
como si acariciara el mudó césped.
++
LA VERDAD
(Leipzig, 1901)
Cuando todo lo que queda por leer es un mapa,
voces que preguntan por la razĂłn de un nombre,
vestigios de escritura sin trazo que acontezca,
nada que haga tope;
cuando la fibra de lo bello es mentira
Y hay que roer como ácido para saber
qué queda de lo amado cuando se lo investiga
con una mirada como una luz de cal
que todo hace desaparecer en su blancura
la verdad es una playa distante,
La verdad es el hueso sin la carne,
es el cuerpo ya sin tiempo ni arrojado,
son las cuerdas sin mĂşsica ni sentido,
la verdad es el cielo quemado.
Beatriz Vignoli, Luz azul, Bajo la luna, Buenos Aires, 2017.
Vignoli naciĂł en Rosario, Argentina, en 1965. Ha publicado libros de poesĂa como Viernes, Bengala, Itaca, Almagro, y novelas como DAF y Reality. «Compuse mentalmente mi primer poema a los 11 años en un campamento de verano mientras miraba las estrellas desde una bolsa de dormir. No lo anotĂ© y me lo olvidé», dijo en el blog Horas robadas a la noche. En: https://www.eternacadencia.com.ar/blog/libreria/poesia/item/escribir-es-como-vivir-en-una-tumba-tres-poemas-de-beatriz-vignoli.html
Decir
1
Donde  más digo menos digo.
Y si porfĂo sin cambiar de elán o polo o centro
enrosco ablando borro lo ya dicho.
Porque decir es un rayo y su sombra.
2
Tengo una herida siempre verde
que reconoce el filo
del nombre oculto en la neblina.
3
Cuando recibo una palabra inesperada
la retengo y vigilo sus diferentes porvenires
hasta que alguno de ellos
de pronto se recuerda se incorpora
y no hay palabra ya
sino un gran viento que me empuña.
4
Quisiera ensayar
el paso de lis
del fuego que sube al espĂritu.
5
PersiguiĂ©ndome por los rĂos
espero alcanzarme en el mar
y encontrar en mi infancia
un dios irresistible
un sonido que abra y cierre los otros
como un nocturno barco surcando un arpa.
6
Quisiera decir la pasiĂłn
aterradora del universo en la noche,
su ardiente abrazo que abandona.
Amelia Biagioni (1916-2000), Las cacerĂas en PoesĂa completa, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009.


