Algunos sonetos de amor

QUE CONTIENE UNA FANTASÍA CONTENTA

CON AMOR DECENTE

 

Detente, sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero,

bella ilusión por quien alegre muero,

dulce ficción por quien penosa vivo.

 

Si al imán de tus gracias, atractivo,

sirve mi pecho de obediente acero

¿para qué me enamoras lisonjero

si has de burlarme luego fugitivo?

 

Mas blasonar no puedes, satisfecho,

de que triunfa de mí tu tiranía:

que aunque dejas burlado el lazo estrecho

 

que tu forma fantástica ceñía,

poco importa burlar brazos y pecho

si te labra prisión mi fantasía.

 

                     ***

 

SÓLO CON AGUDA INGENIOSIDAD

ESFUERZA EL DICTAMEN DE QUE SEA LA

AUSENCIA MAYOR MAL QUE LOS CELOS

 

El ausente, el celoso, se provoca,

aquél con sentimiento, éste con ira;

presume éste la ofensa que no mira,

y siente aquél la realidad que toca.
Éste templa, tal vez, su furia loca,

cuando el discurso en su favor delira;

y sin intermisión aquél suspira,

pues nada a su dolor la fuerza apoca.

 

Éste aflige dudoso su paciencia,

y aquél padece ciertos sus desvelos;

éste al dolor opone resistencia,

 

aquél, sin ella, sufre desconsuelos;

y si es pena de daño, al fin, la ausencia,

luego es mayor tormento que los celos.

 

Sor Juana Inés de la Cruz, Sonetos completos, interZona editora, Buenos Aires, 2013.

La piedra de la paciencia

He visto una hermosa y muy dolorosa película  que refleja el dolor de una mujer en algún sitio de Afganistán y la situación de las mujeres en otros lados del mundo.  Dejo acá una cita del libro de Atiq Rahimi, escritor y también guionista y director del film.

 

 

 

 

Oscilando al ritmo de su respiración, una mano de mujer se posa en su pecho, sobre el corazón. La mujer está sentada. Con las piernas escogidas y pegadas al cuerpo. La cabeza sobre las rodillas. Los cabellos negros, muy negros y largos, cubren sus hombros, que se balancean, siguiendo el movimiento regular de su brazo.

En la otra mano, la izquierda, sostiene un largo rosario negro. Desgrana las cuentas. Silenciosamente. Lentamente. Siguiendo la misa cadencia que sus hombros. La misma cadencia que la respiración del hombre. Cubre su cuerpo con una larga túnica. Púrpura. Adornada en las mangas y en el bajo con discretos motivos de espigas y flores de trigo.

Al alcance de su mano, abierto por las guardas y colocado sobre un almohadón de terciopelo, un libro, el Corán.

Una niña pequeña llora. No está en la misma habitación. Puede que esté en el cuarto de al lado. O en el pasillo.

(…)

Perdida, masculla: “No puedo más”.

Después de un suspiro exasperado, se levanta súbitamente, y repite, alzando la voz: “No puedo más….”. Abatida. “De la mañana a la noche, recitando sin cesar los nombres de Dios, ¡no puedo más!” Se acerca algunos pasos a la foto, pero no la mira, “hace ya dieciséis días…” duda, “no…” y cuenta con los dedos, titubeante.

Confusa, da la vuelta, regresa a su sitio para echar un vistazo a la página abierta del Al-Qahhar, el Dominador. Eso es, muy bien, el décimo sexto nombre….” Pensativa. “¡Dieciséis días!” Retrocede. “Dieciséis días viviendo al ritmo de tu respiración.” Agresiva. “Dieciséis días respirando contigo.” Mira fijamente al hombre. “Respiro como tú, ¡mira!” Aspira el aire profundamente, después lo expulsa dolorosamente. Al mismo ritmo que él. “Aunque no tenga la mano sobre tu pecho, también puedo respirar como tú.” Se aleja. “¿Me escuchas?” Lanza un grito: “Al-Qahhar”, y de nuevo empieza a desgranar el rosario. Siempre con la misma cadencia. Sale de la habitación. Se la escucha: “Al-Qahhar, Al-Qahhar…” por el corredor y más allá.

“Al-Qahhar…” se aleja.

“Al-Qahhar…” se hace cada vez más débil.

“Al…” imperceptible.

Desaparece.

 

Atiq Rahimi, La piedra de la paciencia, Siruela Editor, 2012.

Enlace: https://play.google.com/store/books/details?id=fmfbBfe3MYAC&source=gbs_api

y así, de nuevo

postal

 

pasa que a veces en la distancia

pierdo ese azul fijo

 

todo brilla en la calle hoy

los carteles tienen sus luces bajas

calorías que se nos muestran

en vidrieras poco o más iluminadas

cascabeles dietarios que la sociedad impone

al eco contorneado

de ese rap que distorsiona

como letreros que a la distancia parecen ocupar

todo menos eso y el espacio es difuso

pasa que con tanto reflejo caído pierdo otra vez

ese azul son los esquemas fuera

de mi postal fijada más allá del mar

o de la noche y en caballo así también la postal

a veces con algunos cascabeles

con papá noel y nieve en la postal

 

fijada así con el cartel en el saco

pierdo

más allá del mar

 

 

Siestas

 

Como quien busca en otro mundo,

me acuño esponjosa

y caigo en estas siestas.

Es la pesadez y el quebrarse

donde todo se lleva

en un soplido verde

y el monte se delinea verde,

bien brillante.

 

Después de todo, dibujo donde siempre

está el cielo claro y la orilla

-donde quieras- esta orilla.

Pero me cierro y busco el sueño.

 

a-

Así tomo tu discurrir entre las risas

desplegándose a saltos.

Y, una vez más, en mis castillos

los pájaros sobrevuelan,

alternándose día y noche,

vienen de no sé donde, estiran el cuello,

giran el pico un poco entre el barral

y las perlas lustrosas ahí

que pesadas, impregnadas de ceniza y humo, brillan.

 

b-

Me desperezo húmeda ya

y mi camisa blanca tiene una mancha

que entre grises y azules deforma

un poco los volados de las mangas.

En un gesto me levanto,

busco entre lo que tengo

y balanceo palabras como un recién nacido,

llenas de ese aire blando del despertar.

Verdes mis plegarias.

Las ventanas y Giannuzzi

TEOLOGO EN LA VENTANA

Este cerrado dolor de cabeza
causado por la presión del mundo visible
reclama un significado.
Pero la visión de la calle desde mi ventana
solo ofrece alternativas de una apariencia dislocada
hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos
y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada
consigo misma.
¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver?
No esta especie de traición a lo largo del pavimento,
la naturaleza criminal que revelan los automóviles,
el taciturno rumor de los objetos manufacturados,
la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso,
los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al
planeta.
¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden?
La divinidad está aquí por delegación sombría.
Hay un millón de ventanas y cada una padece
su teólogo fracasado ante la única realidad posible
con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.

MOMENTO INVERNAL

¿Qué haremos con esta escena accidental
-hojas reunidas por el viento del sur hacia la puerta-
sino aislarla como un conocimiento ilusorio?
Todo movimiento es circular
en el rincón del muro, allí
donde las hojas corren para girar sobre sí mismas
al aullido de una ráfaga fría y discontinua.
Lugares comunes de la materia invernal.
¿Debemos otorgarles
una intención de belleza y resurrección
a partir de la confusión del polvo estacional?
Tal es nuestro posible conocimiento: un anhelo
susurrando en las hojas secas, una horrible
tristeza en una tarde de nuestro tiempo.
Y en el rincón del muro la certeza y el residuo
de una disolución universal.

ESA MOSCA

Gruesa y peluda, prisionera de la familia,
zumbaba circularmente en la habitación.
Un asunto a resolver. Una pizca de sangre
encolerizada,
un sistema de nervios perplejos buscando
una grieta a la monotonía, probando
contra un universo sin salida
la esperanza de toda materia viviente.
Pero a mis oídos sonaba
como un crimen conjetural. Esa mosca.
Porque hubiera bastado
traerla hacia un orden distinto
y convertir en verdugo
su velocidad impersonal e impolítica:
un dardo en picada contra las venas humanas.
Entonces habría creado, con justicia o sin ella,
una segunda naturaleza muerta
a cambio de libre movimiento limitado.

MATERIA DE CAZADOR

Desde esta oscuridad sólo puedo
apostar a la apariencia con dientes furtivos.
Aquella ventana es una verdad aislada.
Cristal adentro, el espacio iluminado
se ha creado un universo redimido
de toda negación. Un anterior
callado y vibratorio
de materia remota donde ella,
ignorando mis ojos de ladrón,
pasó toda la noche desnudándose.

CABEZA FINAL

Modelada por la época,
apaleada por todas las ideologías,
no conoció la alegría de lo posible.
Sin música, inestable
como un comediante fracasado
esta cabeza calva toca su fin.
En el melodrama matinal del baño
escupe los últimos dientes
y otras obras menores del destino.
Lo desconocido
va a rodearla como una oscuridad malsana.
Ahora se inclina bajo el agua, vacila
y lentamente cegada se abandona
a una vieja descomposición. Se acabó
su tiranía.

Joaquín Giannuzzi, Violin obligado, 1984.

Giannuzzi en sus palabras:

-En tus textos se siente así muy vivamente la presencia del destino aun cuando en apariencia se hable de lo cotidiano.

-Destino, o falta de destino. Creo que en mi poesía hay al menos dos claves: una, cierta especie de nostalgia por un orden perdido, el orden natural por oposición al orden de la civilización; y la otra es una suerte de fatalidad del tiempo, la aguda conciencia de la finitud. Aunque habría también otra constante en mi universo emotivo: la permanente sensación de una catástrofe inminente. No sé qué origen tenga esta sensación, pero supongo que es parte de la condición humana…

Entrevista al poeta, link http://www.jornaldepoesia.jor.br/bh4giannuzzi.htm

Me parece que sí. Que hay una voz suya propia, que es consecuencia de una mirada propia: sus poemas, muchas veces, parecen surgir de la precisa captación de una escena.

Sí, es posible, aunque eso supone una visión del mundo previa. Y estar marcado por el drama de mi época. Todos los poetas expresan esa realidad, aunque no siempre de forma explícita. Creo, eso sí, que ese rasgo que vos mencionás, la capacidad de apresar una escena, me viene del trabajo durante años en el periodismo: allí, todo se juega en velocidad, y de lo que se trata precisamente es de captar de manera directa y lo más objetiva posible, lo esencial de una situación.


La idea del poeta fatalmente inmerso en su tiempo es otra de sus ideas recurrentes, incluso desde los títulos de algunos de sus libros:Contemporáneo del mundo, Las condiciones de la época

Es que no hay modo de escapar a la realidad. Incluso en La divina comedia, la época trabaja activamente. La obligación del poeta no es servir a una causa desde una ideología determinada sino ser consciente de qué sueños y pesadillas están hablando en él, en nombre de sus contemporáneos. En el caso de mi generación, nuestro drama ha sido la pérdida de la utopía. Aunque debo aclarar que, en mi caso, no la considero perdida sino en suspenso. Esto, claro, hoy no puedo decirlo desde la esperanza sino desde la desesperación.

Entrevista realizada por G. Saavedra, 2002, puede leerse completa en http://www.laestafetadelviento.es/conversaciones/conversacion-con-joaquin-giannuzzi

Foto www.elarcadigital.com.ar 

Julia Hartwig – dos poemas

Dualidad

Esa es la falta Y esa la herida por la que instilar el bálsamo venenoso
La belleza del mundo cual hoja de cuchillo que se clava sin dificultad
Arrolladora violencia de la naturaleza y en su seno la gracia del bienestar
Domeñado fuego de la Progenie cual camada de cálidos felinos Noche de amor y un techo de madera oliente a brea
Oh humo que al revocar de la chimenea me sofocas con ternura
Todo lo bueno que nos procura la existencia junto con una muerte que no podemos detener
hacéis de mí una ciega esclava que sostiene en su mano el cetro del poder
En un momento en que mi destino se halla en otro lugar
Yaciendo atado en el fondo de una oscura guarida
Esperando a poder revelarse

 

No preguntar

En sueños alcancé a pensar
qué habrá mas allá
Y me respondí a mí misma
Para qué preguntar

Cuando despertemos
nuestros pasos nos conducirán a ese lugar
que en vano hemos buscado hasta hoy
Y en sueños lo creí y a la vez no lo creí

Y ello me procuró un poco de esa felicidad
que solo en sueños puede experimentarse

Dualidad. Antología poética. Julia Hartwig. Edición bilingüe de Antonio Benítez Burraco y Anna Sobieska. Editorial Vaso Roto. 121 páginas

 

Extraído de http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/21/actualidad/1390327300_907957.html

Y bien

Y bien, mi trabajo: yo arriesgo mi vida en él y mi razón

se ha hundido a medias.

 

 

“CAMPO DE TRIGO BAJO CUERVOS”

 

Porque hay que servir hasta el final del fuego

con el que siempre quise calentar al sumergido

y la tristeza alcanza el rango

que ahuyenta al espíritu y enajena la mano,

pinto con estertores.

 

 

Dentro del solo Ser

bajo el largo presentimiento azul

quiero trazar largo camino doble

el rojo azar

quiero lanzarlo así fluyendo entre canciones verdes

quiero extender

inmenso ardor reinando y resonando

el salmo el oro victorioso de la vida.

 

 

De pronto el viento es anatema

se retuerce la soledad

acometen los turbios

surge infinito de la médula

lo negro

se abalanza traidor  perverso…

Depavorido

el amarillo enorme puja oblicuo arrancándose.

 

 

Lo negro abierto en alas viles

ronda al candente espanto

sube crece extermina cielo

huye el camino cárdeno

huye al revés su doble aullido verde

huye el espacio la salida la razón

no puedo detener los cuervos…

 

Amelia Biagioni, Estaciones de Van Gogh, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1989.

 

http://www.vangoghgallery.com/es/catalogo/pinturas/746/Campo-de-trigo-con-cuervos.html