After Dark – Adrienne Rich

I

You are falling asleep and I sit looking at you

old tree of life

old man whose death I wanted

I can´t stir you up now.

Faintly a phonograph needle

whirs round in the last groove

eating my heart to dust.

That terrible record! how it played

down years, wherever Iwas

in foreign languages even

over and over, I know you better

than you know yourself    I know

you better than you know

yourself     I know

you until, self-maimed,

I limped off, torn at the roots,

stopped singing a whole year,

got a new body, new breath,

got children, croaked for words,

forgot to listen

or read your mene tekel fading on the wall,

woke up one morning

and knew myself your daugther.

Blood is a sacred poison.

Now, unasked, you give ground.

We only want to stifle

what’s stifling us already.

Alive now, root to crown. I’d give

-oh, -something-not to know

our struggles now are ended.

I seem to hold you, cupped

in my hands, and disappearing.

When your memory fails-

no more to scourge my inconsistencies-

the sashcords of the world fly loose.

A window crashes

suddenly down. I go to the woodbox

and take a stick of kindling

to prop the sash again.

I grow protective toward the world.

II

Now let’s away from prison-

Underground seizures!

I used to huddle in the grave

I’d dug for you and bite

my tongue for fear it would babble

-Darling-

I thought they’d find me there

someday, sitting upright, shrunken,

my hair like roots and in my lap

a mess of broken pottery-

wasted libation-

and you embalmed beside me.

No, let’s away. Even now

there’s a walk between doomed elms

(whose like we shall not see much longer)

and something -grass and water-

an old dream-photograph.

I’ll sit with you there and tease you

for wisdom, if you like,

waiting till the blunt barge

bumps along the shore.

Poppies burn in the twilight

like smudge pots,

I think you hardly see me

but -this is the dream now-

your fears blow out,

off, over the water.

At the last, your hand feels steady.

Al oscurecer

I

Te estás quedando dormido mientras te observo

viejo árbol de la vida

viejo cuya muerte llegué a desear

y a quien no puedo reanimar.

La aguja de un fonógrafo débilmente

de vueltas en el último surco

devorándome el corazón, haciéndolo polvo.

¡Ese horrendo disco! Cómo recorrió

los años donde quiera que me hallara

incluso en lenguas extranjeras

una y otra vez. Te conozco mejor

que tú a ti misma     Te conozco

mejor que tú a ti misma

Te conozco

hasta que, automutilada,

me fui cojeando, cercenada de raíz,

dejé de cantar un año entero,

me hice de un nuevo cuerpo, nuevo aliento,

tuve niños, gruñí tras las palabras,

olvidé escuchar

o leer tu mene tekel desvaneciéndose en la pared,

desperté una mañana

y me supe hija tuya.

La sangre es un veneno sagrado.

Ahora, sin que te lo pida, ofreces terreno.

Sólo queremos sofocar

lo que ya nos está sofocando.

Vivísima ahora, de la raíz a la corona,

daría, ay, cualquier cosa, por no saber

que nuestras batallas han concluido.

Como que te contengo, arremolinado

entre mis manos, a punto de desaparecer.

Cuando te falla la memoria

-ya no para castigar mi inconsecuencia-

las riendas del mundo se van volando.

Una ventana se azota

repentinamente. Me dirijo a la caja de madera,

busco una vara propicia al fuego

y me tomo las riendas otra vez.

Me torno protectora frente al mundo.

II

Salgamos ya de la prisión

¡ataduras subterráneas!

Solía apretujarme en la tumba

que había cavado para ti y morderme

la lengua de miedo

-Querido-

Creí que me hallarían ahí

algún día, sentadita, encogida,

con el pelo como raíces y en las piernas

un montón de pedacitos de cerámica

-libación desperdiciada-

y tú, embalsamado junto a mi.

No, vámonos. Todavía existe

el paseo de los álamos decadentes

(cuya estirpe no durará mucho)

y algo -pasto y agua-

una vieja fotografía de sueño.

Me sentaré ahí a tu lado y te haré bromas

por sabiduría, si quieres,

en espera de que el lento lanchón de carga

tope con el muelle.

Las amapolas se encienden en el crepúsculo

como vasijas ahumadas.

Creo que apenas si me ves

pero -he aquí el sueño-

tus miedos se van volando

lejos, por encima de las aguas.

Al fin, tu mano recobra su firmeza.

Adrienne Rich(1929-2012), After dark, trad. Pura López Colomé  en “Poesía norteamericana contemporánea (selección, presentación y notas de Alberto Blanco)”, Revista de la Universidad de México, No. 489 Octubre (1991) , en http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/index.php

Those Winter Sundays

Those Winter Sundays

Sundays too my father got up early
and put his clothes on in the blue-black cold,
then with cracked hands that ached
from labor in the weekday weather made
banked fires blaze.  No one ever thanked him.

I’d wake and hear the cold splintering, breaking.
When the rooms were warm, he’d call,
and slowly I would rise and dress,
fearing the chronic angers of that house,

Speaking indifferently to him,
who had driven out the cold
and polished my good shoes as well.
What did I know, what did I know
of love’s austere and lonely offices?

Robert Hayden(1913-1980), from COLLECTED POEMS OF ROBERT HAYDEN, edited by Frederick Glaysher.

Robert Hayden, imagen de http://www.poetryfoundation.org/bio/robert-hayden#poet

Una hermosa lectura de este poema puede escucharse en esta página.

Más Adelia Prado esta mañana de lunes

AFLUENCIA

Yo hice un libro, pero, oh mi Dios,
no perdí la poesía.
Hoy después de la fiesta,
cuando me levanté para hacer café,
una densa neblina volvía de ceniza los pastos,
las casas, las personas con los paquetes de pan.
El hilo indesarmable de la vida tejía su curso.
Persistiendo, la necesidad de los relojes,
de los descongestionantes nasales.
Mi libro sobre la mesa contrapunteaba exacto
con los gorriones, los urinales por la mitad,
el antiguo e intenso deseo de un verso.
El reloj sonó sin asustar a las migas sobre la mesa.
Como antes, gracias a Dios.
Niño mirando por la ventana

Imagen: Niño mirando por la ventana, Rodrigo Alvarez en Flickr CC.

HUÉRFANA EN LA VENTANA

Estoy con nostalgia de Dios,
una nostagia tan honda que me seca.
Estoy como paja y nada me conforta.
El amor hoy está tan pobre, tiene gripe,
mi aliento no está para salones.
Me quedo en casa esperando aDios,
escarbando la uña, hurgando mi nariz llorosa,
queriendo un póster de él, en mi cuarto,
amando igual que antes
la palabra crepúsculo.
Toda la vida supe que el mundo es destierro.
Cuando el sol se va es para la casa de Dios que va,
para la casa donde está mi padre.

Adelia Prado, EL CORAZÓN DISPARADO, colección Brönte, Editorial Leviatan, Buenos Aires, 1994.

Una poeta rusa

Como cuerdas del arpa
se tocan los pinos,
donde se derrumbó el cerco,
junto la orilla olvidada
y una mesita luminosa.
El paraíso oculto,
vivificado por alguien.
Al lado de los pinos
el sendero conduce,
poblado de misterio,
hacia un banco amable,
visto por alguien en el sueño.
Que se le acerque
reflexivo, concentrado,
el que sabe amar, no sé a quién,
esperar, no sé qué,
y se duerma, y que su alma vuele
hacia los manantiales claros
y en las ondas de plata
juegue.

***

Tú mi alegría.
Tú mi montecito a la orilla del lago.
Mi cuerda. Mi tarde. Mi horizonte.
Mi rama limpia en el cielo pálido.
Mi alto-alto horizonte de la tarde.

Elena Guró (1877-1913) en blog http://animalesenbruto.blogspot.com.ar/

eso

Sunset over Prague 1 Donald Judge Flickr cc
Sunset over Prague 1
Donald Judge
Flickr cc

 

me cuesta llevarme cada tanto   

hacía algún lugar fuera de esto

fuera de esto que me veo

en el fondo de algún lugar

fuera de todo

dormir al sol por un día

 

Foto: Sunset over Prague 1. Donald Judge. Flickr CC.

al ras

-2-

alrededor de este toldo somos tragados:

el calor quema en enero     persisten los licores entre nuestros pies    inescrupulosa entrega

breve diluirse     metros inhabilitados     gases sobre los quejidos     bajo este cono pardo

donde no corre el viento     ni una céntima       la mezcla gaseosa que dilata      en huracanes

y cabellos que encienden ojos o pelvis        poco importa

 

nos dejamos agotar en eso

que sufrimos       o que nos lleva a mirar      un poco más

o es el contorno que da sustento

caminamos       o respiramos      apenas      como en un círculo sin aire

en clausura       con el griterío abandonado de lo que nos falta

 

y bordeando esa línea de sombra

nos dejamos ahí:           raíz luminosa

                                        Dios al que llamamos impacientes

 

 

-3-

desde esta rendija la turba nos llama despacio:

colchones apilados de día      revuelven sus encarnados pies     esculpen plumas

mientras nos picotean sus esferas nocturnas:                                                 reverberan

lo que no está       este desoír        este haber perdido todo y permanecer:

la vecina de doce no habla ni ríe

 

hay días en los que Dios nos hace seguir entre los quiebres de un blindado:

abrazar a un hijo que no puede        no llora

al olor todavía violáceo      caliente     embutido     la lluvia que vuelve

y burlar ese ahogo       como arterias que se recomponen

desplazar el encierro

 

entonces la obstrucción se derrama                                                   el día se abre

tonos blancos tatuándose entre los dedos

 

 

 

-21-

con el sonido de la cascada presiente su punzón

entre sus hombros     negros y fríos

la punta desgarra       como un dibujo    en círculos

gira y cala esas capas blancas      diminutas      casi inexistentes

 

y tiene arena mojada entre las garras      devora colibríes

entre tanto         roe como cualquier animal

larvas escondidas bajo tantas tierras

 

es la cascada                             su furia

y el alacrán entre sus hombros

 

 

 

-32-

alzo la nariz como quien espera     ahí abajo

el techo     la lluvia     algunos charcos

con el reflejo de quien cae

el pozo     el agua      acumulo en el torso

encojo los brazos      así mientras veo

el pantalón azúl de Raúl veo

ese que es más un color que un pantalón1

escribir cuentas y versos veo

sacados de ese golpetear entre los bártulos

de ese grano de salvación

escondiendo diminutos jazmines

tirando las costras de este patiecito

como quien los deja brillar      blancos o verdes otro día más

 

 

 

Publicados en al ras, Ediciones La Biblioteca, colección miliuna, septiembre de 2013, Buenos Aires.