Ann Carson poemas

Comparto algunos poemas del hermoso libro La belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos que estuve leyendo en estos días.

I. DEDICO ESTE LIBRO A KEATS (¿FUISTE TÚ
QUIEN ME DIJO QUE KEATS ERA MÉDICO?) POR
LA RAZÓN DE QUE UNA DEDICATORIA TIENE QUE
ESTAR NECESARIAMENTE VICIADA SI UN LIBRO
ASPIRA A MANTENERSE LIBRE Y TAMBIÉN POR
SU COMPLETA DEDICACIÓN A LA BELLEZA

Una herida despide su propia luz
dicen los cirujanos.
Si todas las lámparas de la casa se apagaran
podrías vendar esta herida
con el resplandor que de ella surge.

Ofrezco gentil lector tan solo una analogía.

Una demora.

«Utilizar demora en lugar de cuadro o pintura…
una demora en vidrio
como si dijeras un poema en prosa o una escupidera de plata.»
Eso dijo Duchamp
de La novia desnudada por sus solteros
que se rompió en ocho pedazos cuando viajaba del museo de Brooklyn

hacia Connecticut (1912).

¿Qué es lo que se demora?
El matrimonio, diría.
Ese espacio oscilante, como lo llamaba mi marido.
Mira cómo resplandece
la palabra.

Me dicen que viene de las joyas del Himeneo
y sin duda vos lo apreciaréis, señora,
más allá de todo placer pasado y por venir.

JOHN KEATS,
Otón el Grande: una tragedia en cinco actos, I, I, vv. 137-139

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V. AQUÍ ESTÁ MI PROPAGANDA UNA UNA UNA
AUNÁNDOSE EN TU FRENTE COMO GOTITAS DE
PECADO LUMINOSO

Como tantas esposas propulsé el marido hasta la divinidad y ahí lo sostuve.
¿Qué es la fuerza?
La oposición de familia y amigos no hace más que endurecerla.
Recuerdo el primer encuentro de mi madre con él.
Mirando

un libro que yo había traído del colegio a casa con su nombre escrito en la
guarda
dijo
no me fiaría de nadie que se llamara a sí mismo X —y
algo se mostró en su voz,
una Babel

arrojada entre nosotras en ese instante que nunca
aprenderíamos a interpretar
—gusto a hierro.
Profético. Todas sus profecías se cumplieron aunque ella no pretendía que así
fuera.

Bueno es su nombre dije y aparté el libro. Esa fue la primera noche
(yo tenía quince años)
en que levanté con chirrido lento la ventana de mi cuarto y me escapé a verle
en el barranco, hasta el alba caminando bajo los elementos empapados
y las declaraciones

del lenguaje que está «solo y primero en la mente». Me quedé atontada
ante ello,
contemplé sus oros viejos y los lieblicher azules desertando
como pavos reales saliendo de jaulas a una cocina vacía de Dios.
Dios

o algún bendito personaje real. Napoleón. Hirohito. Ya sabes
cómo el novelista Oe
describe el día en que Hirohito salió en antena y habló
como un mortal. «Los mayores se sentaron alrededor de la radio
y lloraron

los niños se agruparon en la calle sucia y susurraron desconcertados.
Atónitos
y decepcionados porque su emperador había hablado con una voz.
Se miraron unos a otros en silencio. ¿Cómo creer que Dios se había
vuelto humano

en un determinado día de verano?» Menos de un año después de nuestro
matrimonio
mi marido
empezó a recibir llamadas de [una mujer] tarde en la noche.
Si yo contestaba [ella]
colgaba. Afónicos mis oídos.

Cómo estás.

No.

Quizá. Ocho. Puedes.

El blanco ah sí.

Sí.
Qué hay de más eufórico incognoscible despiadado alegre que los muros
de la carne
de la voz de la traición y sin embargo todo el rato acunados en una charla
más plúmbea
que el tictac de un reloj.
Un cachorro

aprende a escuchar de esta manera. Picar en la plata.
Dice Oe
que a muchos niños les dijeron y algunos se lo creyeron que cuando
terminara la guerra
el emperador les limpiaría las lágrimas
con su propia mano.

¡el matadero púrpura donde Baco se
pinchó sus propias venas hinchadas!

JOHN KEATS,
Otón el Grande: una tragedia en cinco actos, V, V, vv. 123-125

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XIX. NADA ES MÁS DIFÍCIL DE CONSEGUIR QUE
UNA CONVERSACIÓN ENTRE IGUALES HABEAS
CORPORIZADOS (COMO DICE KEATS) ESTAMOS
MÁS ALLÁ DE TODA MARAVILLA CURIOSIDAD Y
MIEDO

Cobarde.
Lo sé.
Traidor.
Sí.
Oportunista.
Ya imagino por qué lo dices.
Esclavo.
Sigue.
Infiel niño lascivo.
De acuerdo.
Mentiroso.
Qué quieres que diga.
Mentiroso.
Pero.
Mentiroso.
Pero por favor.
Fraude destructivo mentiroso sádico.
Por favor.
Por favor qué.
Sálvame.
A quién más le estás diciendo eso.
A nadie.
A nadie dice.
Se valiente.
Idiota.
Ay mi amor.
Basta.
Escucha solo quería una cosa merecerte.
Estás loco.
No sí qué importa.
Vives una vida fraudulenta.
Sí sí pero por ti.
Por mí.
Estos son mis trofeos mis campañas mis honores ante ti los presento.
Las mujeres.
Sí.
La mentira.
Sí.
La vergüenza.
No no hay ninguna vergüenza.
La vergüenza que yo siento.
No hay vergüenza excepto en la retirada.
Ah.
Y yo nunca me retiro.
Ya imagino.
Sé mi aliada.
De qué hablas.
Si no quieres seguir con esto paro.
No pares.
Ya lo he dicho todo.
Qué nos pasa.
Niebla de guerra.
Por qué estamos en guerra.
Por qué no quiero abandonar.
Tus sueños son un desastre.
Son mi obra maestra.
Qué dios nos proteja entonces.
No hay lugar para Dios en la guerra y su locura bueno uno solo tiene que
perseverar en la locura y el mundo pronto lo llamará éxito.
No no va a amainar o a tener sentido a surgir a lo abierto en algún lugar esta
mezcla de desorden y dolor es nuestra vida.
Sí.
Lo que tú llamas libertad.
Lo que nosotros llamamos amor.

ni tampoco nuestras fantasías con su fuerza pueden ir
más allá de este Pandemonium

JOHN KEATS,
nota en su ejemplar de Paraíso perdido, I, vv. 706-730

Ann Carson, La belleza del marido, un ensayo ficcional en 29 tangos; Trad. Andreu Jaume, editorial Lumen, España, 2019.

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Dejo acá una lectura realizada por la poeta en 2020 en ocasión de un premio.

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