Poemas de Sol de noche – Alberto Szpunberg

XVII

Decías no sé qué de la muerte

como si no supieras

que toda muerte tiene nombre,

suelas gastadas,

llaves que yano abren ni cierran

pero aún resuenan a un costado del morral,

demasiado cansancio para tus hombros,

y como un murmullo anónimo,

tanta incertidumbre.


XX

De qué rama, por fin, de qué savia

crecen y se estremecen,

en el aire de qué madera

los amantes que navegan

y hacia qué playa

los cuerpos como huellas

se celebran en la arena,

heridos de sol al mediodía,

del deseo de qué mar, siempre de viaje

y nunca, aún si la muerte, nunca

de regreso, nunca.

XXXIII

Todo poema es una despedida

y un saludo.

Acaso la vida no repare

en la nimiedad de las palabras

con que el silencio querría,

por una única vez,

ser sólo silencio,

como este río inmóvil

bajo un aura leve de espejos temblorosos.

¿Por qué nos preguntamos por qué

si cualquier piedra arrojada contra el agua

da en el centro mismo de ondas infinitas?

Alberto Szpunberg, Sol de la noche (2008), Como sólo la muerte es pasajera, entropía, Buenos Aires, 2015. Poeta argentino (1940-2020) fue docente universitario, militante y periodista. A un año de su muerte la Biblioteca Nacional publicó en su homenaje Guardianes de Piatock. Miradas sobre Alberto Szpunberg.

Ilustración: Matías de Brasi, Agencia Paco Urondo. Enlace

XV de César Vallejo

……..En el rincón aquel, donde dormimos juntos
        tantas noches, ahora me he sentado
        a caminar. La cuja de los novios difuntos
        fue sacada, o talvez qué habrá pasado.

        Has venido temprano a otros asuntos,
        y ya no estás. Es el rincón
        donde a tu lado, leí una noche,
        entre tus tiernos puntos,
        un cuento de Daudet. Es el rincón
        amado. No lo equivoques.

        Me he puesto a recordar los días
        de verano idos, tu entrar y salir,
        poca y harta y pálida por los cuartos.

        En esta noche pluviosa,
        ya lejos de ambos dos, salto de pronto…
        Son dos puertas abriéndose cerrándose,
        dos puertas que al viento van y vienen
        sombra                    a                    sombra.

César Vallejo, Trilce, Poesía completa.

César Vallejo nació en Santiago de Chuco (Perú) el 17 de marzo de 1892 y es uno de los autores fundamentales de la poesía que vino después del Modernismo. Consiguió darle un giro estético a la lírica latinoamericana y nos regaló pensamientos hilvanados con absoluta inteligencia y buen gusto.

Su cercanía con los obreros y la situación de explotación a la que eran expuestos, lo llevó a pensar desde temprano en la posibilidad de un cambio social. Sobre este tema giran muchísimas de sus imágenes poéticas y también su trabajo en el mundo.

A los 31 años viajó a Europa, con el objetivo de conocer en persona el Movimiento Socialista y aliarse con quienes estaban gestando el cambio. Años más tarde, se sentiría defraudado por este movimiento al que le había dedicado toda su ilusión al notar la falta de justicia social que imperaba entre los dirigentes.

César Vallejo falleció el 15 de abril de 1938 en París. Nos ha dejado libros extraordinarios que pueden ser una bocanada de aire fresco en los momentos de tosca oscuridad. Fuente: https://www.bestialectora.com/2020/03/biografia-de-cesar-vallejo.html

Para conocer la primera versión de este poema pueden leer a Alejandro Crotto en su artículo «De ‘Sombras’ a ‘XV’ en Hablar de Poesía, N°37, págs. 143/148 en https://hablardepoesia-numeros.com.ar/numero-37/de-sombras-a-xv/

El muro -Saint John Perse

El lienzo de muro está enfrente, para conjurar el círculo de tu sueño.
Pero la imagen lanza un grito.
La cabeza contra una oreja del sillón grasiento, exploras tus dientes con tu lengua: el sabor de las grasas y las salsas infecta tus encías.
Y sueñas con las nubes puras sobre tu isla, cuando el alba verde crece lúcida en el seno de las aguas misteriosas.
Es el sudor de las savias en exilio, la suarda amarga de las plantas silicuosas, la insinuación acre de los manglares carnosos y la ácida delicia de una negra sustancia en las vainas.
Es la miel silvestre de las hormigas en las galerías del árbol muerto.
Es un sabor de fruto verde que acidula el alba que bebes: el aire lechoso enriquecido con la sal de los alisios…
¡Alegría!, ¡oh alegría desatada en las alturas del cielo! Las telas puras resplandecen, los invisibles atrios están sembrados de hierbas y las verdes delicias del suelo se pintan al siglo de un largo día.

Textos tomados de Antología Poética de Saint-John Perse, Colección «Los poetas», Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1960.

https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/45-013-saint-john-perse?showall=1

Living in the cave _ A. Rich

Reading the Parable of the Cave

while living in the cave,

black moss,

deadening my footsteps

candles stuck on rock-ledges

weakening my eyes

These things around me, with their 

daily requirements;

fill me, empty me,

talk to me, warm me, let me

suck on you.

Every one of them has a plan that depends on me

stalagmites

veins of ore

Imagine their preciousness

candles see themselves disembodied

into gas

and taking flight

the bat hangs dreaming

of  an airy world

None of them, not one

sees me

as I see them. 

VIVIR EN LA CUEVA

Leo la parábola de la cueva 

mientras vivo en la cueva,

musgo negro

que acalla mis pasos,

las velas sobre las repisas de roca

debilitan mis ojos

Estos seres que me rodean, con sus

exigencias cotidianas:

llename, vaciame,

háblame, entibiame, dejá

que te succione.

Cada uno tiene un plan que depende de mí

las estalactitas quieren volverse

estalagmitas

venas de mineral

imagina su preciosura

las velas observan cómo su cuerpo

se disuelve en el aire

y cobra vuelo

el murciélago que cuelga

sueña con un mundo etéreo

Ninguno,  ni uno solo de ellos

me ve

como yo los veo.

Adrienne Rich en Muriel Rukeyser, Anne Sexton, Adrienne Rich, trad. D. Camozzi, Wolkowicz editores, 2020.

376 E.D.

Of Course—I prayed—
And did God Care?
He cared as much as on the Air
A Bird—had stamped her foot—
And cried «Give Me»—
My Reason—Life—
I had not had—but for Yourself—
‘Twere better Charity
To leave me in the Atom’s Tomb—
Merry, and Nought, and gay, and numb—
Than this smart Misery.

 

Sanderling (Crocethia alba) illustrated by the von Wright brothers. Digitally enhanced from our own 1929 folio version of Svenska Fåglar Efter Naturen Och Pa Sten Ritade.

Por supuesto—recé—

¿Le importó a Dios?

Tanto como si en el aire

Un pájaro—hubiera golpeado con su pata—

Y gritado “Dame” —

Razón—vida—

Que no había tenido—sin Vos—

Sería más caritativo

Dejarme en la tumba del átomo—

Graciosa y anonadada y alegre y enmudecida—

Que en esta miseria aguda.

Tad. Anahí Mallol en  Eterna Cadencia.

La vara en flor -H. Doolitle

La vara en flor
De Trilogía, 1944-1946

Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;

Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;

Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer

hacia los surcos; he dado
o podría haber dado

vida al grano;
pero si éste no crece o madura

con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,

quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,

no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos

el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.
…

Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,

he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar

la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,

esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,

no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,

la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia

de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros—que buscan, infructuosos, reposo

hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?

pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—

ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—

¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—

recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,

pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,

pues de ellos es el hambre
del Paraíso.

*Poemas incluidos en el libro Poemas de Helena en Egipto, Ediciones Angria-Caracas, Venezuela, 1992. Traducción: María Negroni y Sophie Black.
** Hilda Doolittle (1886-1961). Nació en Pennsylvania (Estados Unidos). Autora de diversos libros de poemas (Sea Garden (1916), Hymen (1921), Heliodora (1924), Red roses for Bronze (1931), Trilogía (1944-46), Helen in Egipto (1961), entre otros. También escribió prosa.

De: https://blogdelamasijo.blogspot.com/2007/08/poemas-de-hilda-doolittle-hd.html?m=1

dolor y somnífero, algunos poemas del poeta Enrique Lihn

LOS AMIGOS DE LA CASA

No hemos nacido para el canto sino para el acopio
de las palabras en el rechinar de los dientes.
La mùsica fue toda bondad. No hemos nacido
sino para la sedicente murmuraciòn, silenciosos
del ruido en que envolvemos nuestras voces
al caer de la tarde como a un pozo sin fondo
—toda ciedad bondad— en el patio
constelado de viejos engermos apacibles.

Nuestra es la fiebre que declina y no amaina, impenetrable
al sol de la locura, el calentarse de los huesos
en la ceguera del patio lluvioso.
Se encerró a los dementes sobre nuestras cabezas que recalienta y pudre
la imagen latente del sol y por sí solas se nos abrieron las verjas
               transfundidos el hierro y la herrumbre, llegado que fue el tiempo
en que ni aun la tierra permanece. Sólo el vaho
y la siembra del musgo en los jardines eriáceos. 

No hemos nacido para el amor, hermos nacido para el coito que ambadurna la sangre
de la maceraciòn de su semilla, para el débil soplar sobre el recoldo
como si el aliento fuera ceniza y la carne el erial en que se recalienta,
al calor de las piedras, un guiso sangriento.
La última cena de la tribu cuando todo es arena
—la noche misma— en la extensión de la noche
y el viento seca un paraíso disperso:
el alforfón y la escanda silvestre.
Imposible distinguir entre el sudor y las lágrimas
que se disputan dos bocas resecas.

Y viejos vecinos de pieza de la muerte seguiremos plegándonos
a los caprichos de la dueña de casa, persistentes y dóciles 
al igual que la impronta de la humedad en los muros,
                como la pasiva infiltración de las larvas
en los zócalos pringados de lavazas.
La confianza sabrá dispensarnos
a los amigos de la casa de los dolores de pánico. 



BOSQUE

El poema no escrito que se ríe del verbo
paraliza mi mano sobre el papel en blanco.
La cabeza es un bosque, otra vez, y la mano, un insecto
                 con el que juega la monstruosidad
y de la lengua escapan las palabras que la acosan
como de un pobre diablo sus sueños de grandeza.
Semejante oscuridad bien podría anunciar el nacimiento
                 de un poema feliz que ojalá fuera este.
Ojalá, ojalá. Quiero volver al bosque, 
mis palabras me llenan: voces que debo interpretar:
                un canto como de hojas, anterior al lenguaje,
la esperanza, a través de los árboles, de encontrarse en la perla del bosque
con una "luz no usada" que lo ilumine todo en el espacio
                 de un instante de siempre,
y olvidando el lenguaje que repta, abrir el corazón al canto que lo colma.
El corazón: la boca del poema imposible
tan parecido a la felicidad. 


ESTA BELLEZA CON QUE EL CIELO Y EL MAR HACEN HORRORES

Esta belleza con que el cielo y el mar hacen horrores
a la caída del sol envuelto en su espectáculo,
en realidad irreprochable.
Esto que es como el fin de todos los siglos: la belleza
—y yo me aflojo en su honor el nudo de la corbata—
viene a poner en el corazón música de ésa, sublime.
No, un silencio rayano en el gran poema
un disco rayado
que por iguales partes es dolor y somnífero. 


Enrique Lihn, Sólo sé que seremos destruidos. Antología poética, Ediciones Gog & Magog, Buenos Aires, 2019.

Un poco más de Gelman

Comparto el concierto de Mederos y Juan Gelman que se transmitió en la TV Pública en 2011.

Sumergirse en el naufragio

En estos días me encontré con un bellisimo libro de Adrienne Rich donde la mirada nos envuelve entre los restos, fragmentos dispersos se van descomponiendo en distintas voces e historias. Les comparto dos poemas del apartado III que abre con una cita de la canción «Bird on the Wire» de Leonard Cohen: «Vi a un mendigo apoyado en su muleta/me dijo: ¿Por qué pides tanto?/ Vi a una mujer apoyada en una puerta,/ dijo: ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no pedir más?».

MERCED

Fantasía de la tercera edad:

nos han concentrado

en un campo de reposo para los caducos.

En mitad de un páramo cualquiera

un acantonamiento con alambre de espino

y edificios prefabricados de bajo costo y el color del polvo

apesta a vergüenza

e incontiencia sin remedio,

ropa idéntica de papel

desechable, raciones idénticas

de comida con saborizantes químicos

Muerte por turnos, mediante gas,

hipodérmicas a diario

para neutralizar la desesperación

Así imagino mi mundo

en mi septuagésimo año de vida

y al otro lado de la alambrada

un canje sin ton ni son

de la conciencia por la ausencia

de dolor. Esto es a lo que llamaremos vida.

Fue apenas el verano pasado cuando

me quemé los pies en la arena

de aquel valle trazado por la corriente

del frío, raudo río Merced,

regado de saltos de blanco

Cuando nadaba, me dolía el cuerpo

de honesto frío,

cuando flotaba de espaldas los arrendajos

aleteaban de pino en pino

y la sombra se desplazaba hora tras hora

a través de El Capitán

Nuestro vino se enfriaba en el agua

y yo vigilaba a mis hijos, medio hombres,

medio niños, poniéndose a prueba

en un mundo casi arcaico,

tan valioso a estas alturas

que el mero hecho de meterse en agua pura

o contemplar el aire límpido

te hace sentir un espamo de dolor.

Hace ya semanas que una cierta rabia

ha poseído mi cuerpo, arremetiendo

a veces contra hombres y mujeres,

a veces hacia dentro, contra mi misma

Mientras recorro Amsterdam Avenue

me sorprendo hecha un mar de lágrimas

sin saber qué pensamiento

me ha inundado los ojos

Dirigirle la palabra a otro ser humano

se convierte en un riesgo

Pienso en Norman Morrison,

los budistas de Saigón,

el maestro negro que la semana pasada

se inmoló

para despertar la culpa en corazones

desmasiado entumecidos para captar el mensaje

en un mundo que la masculinidad ha hecho

inadecuado para mujeres u hombres

Al despegar en un avión

oteo la ciudad

que para mi significaba la vida, no la muerte,

y pienso que allí, en algún lugar,

un frío núcleo, compuesto

por fragmentos de seres humanos

metabolizados, reestructurados

por un proceso del que no se percatan,

está expandiéndose entre nosotros

y apoderándose de nuestras mentes

una cosa que no siente culpa

ni rabia: que es incapaz

de odiar, y por tanto de amar.

1972

Fuente: Picryl

CONSUMIRSE

(A E.K.)

Podemos mirar esta noche la estufa

como un espejo, sí,

el leño serrado, el núcleo

gaseoso amarillo y azul

la ceniza gris en la palpita el carmesí, sí.

sé que bajo mis párpados

y bajo mi piel

el Tiempo nos arrastra como una corriente de aire

que se eleva, avivando el fuego

en el vientre, en el cerebro

Tú me estabas contando cómo habías puesto la mano

sobre la huella de un indio muerto hace tiempo

y, por un momento, distinguí aquella mano

aquella huella, aquella roca,

aquel sol que producí sueños intensos

Una palabra puede hacer eso

o, como esta noche, el espejo del fuego

de mi mente, ardiendo como si pudiera seguir

consumiéndose, calcinando

alimentándose de todo

hasta que no quede nada en la vida

que no haya alimentado ese fuego

1972

Adrienne Rich, Sumergirse en el naufragio, traducido por Patricia Gonzalo de Jesús, Editorial Sexto Piso, España, 2021.

Adrienne Rich (1929-2012) fue poeta, enyasista y una de las escritoras más influyentes del movimiento feminista. Rich recibió numerosas distinciones a lo lardo de su carrera, entre ellas el National Book Award de Poesía, la beca «Genius» de la Fundación MacArthur, la Medalla de la Fundación Nacional del libro por su contribución a las letras estadounidenses. En 1974 ganó el National Book Award de poesía por su libro Diving into the Wreck: Poems 1971–1972.