ese fugitivo

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En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

*

**

Nunca seré vencida. Sólo a fuerza de vencer. Puesto que cada una de las trampas que sorteo me encierran en el amor, que acabará por ser mi tumba, terminaré mi vida en un calabozo de victorias. Sólo la derrota encuentra llaves y abre puertas. La muerte, para alcanzar al fugitivo, se ve obligada a moverse, a perder esa fijeza que nos hace reconocer en ella al duro contrario de la vida. Nos da la muerte del cisne golpeado en pleno vuelo; la de Aquiles, agarrado por los cabellos que no se sabe qué Razón sombría.. Como en el caso de la mujer asfixiada en el vestíbulo de su casa de Pompeya, la muerte  no hace sino prolongar en el otro mundo los corredores de la huida. Mi muerte, la mía, será de piedra. Conozco las pasarelas, los puentes giratorios, todas las zapas de la Fatalidad. No puedo perderme. La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad.

*

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¿Te has dado cuenta de que aquellos a quienes fusilan se desploman, caen de rodillas? Con el cuerpo flojo, pese a las cuerdas, se doblan como si se desvanecieran una vez pasado todo. Hacen como yo. Adoran a su muerte.

*

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No hay amor desgraciado: no se posee sino lo que no se posee. No hay amor feliz: lo que se posee, ya no se posee.

*

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No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer más bajo que tu corazón.

 

Marguerite Yourcenar. Fuegos, Punto de lectura, Aguilar, Bs. As. 2013.

 

Imagen: La muerte del cisne. Antonio Lederer. Flickr.

La anguila

La anguila, la sirena
de los mares fríos que deja el Báltico
para alcanzar nuestros mares,
nuestros estuarios, los ríos
que remonta profundamente, bajo corriente adversa,
de ramal en ramal
y luego de cabello en cabello,
siempre más adentro, siempre más hacia el corazón
de la piedra, filtrando
en acequias de fango, hasta que un día
una luz arrojada desde los castaños
enciende su serpenteo en charcos de agua muerta,
en las zanjas que bajan
de los saltos de los Apeninos a la Romaña;
la anguila, antorcha, fusta,
flecha de amor en la tierra
que solo nuestros barrancos o disecados
arroyitos pirenaicos reconducen
a paraísos de fecundación;
el alma verde que busca
vida donde solo
muerde la aridez y la desolación,
la centella que dice
todo comienza cuando todo parece
carbonizarse, rama seca sepultada;
el iris breve, gemelo
del que engastan tus pestañas
y haces brillar intacto en medio de los hijos
del hombre, inmersos en tu fango, ¿puedes tú
no creerla hermana?

Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), La bufera e altro, 1956
Versión de Jorge Aulicino

L’ anguilla
L’anguilla, la sirena / dei mari freddi che lascia il Baltico / per giungere ai nostri mari, / ai nostri estuari, ai fiumi / che risale in profondo, sotto la piena avversa, / di ramo in ramo e poi / di capello in capello, assottigliati,/ sempre più addentro, sempre più nel cuore / del macigno, filtrando / tra gorielli di melma finché un giorno / una luce scoccata dai castagni / ne accende il guizzo in pozze d’acquamorta, / nei fossi che declinano / dai balzi d’Appennino alla Romagna; / l’anguilla, torcia, frusta, / freccia d’Amore in terra / che solo i nostri botri o i disseccati / ruscelli pirenaici riconducono / a paradisi di fecondazione; / l’anima verde che cerca / vita là dove solo / morde l’arsura e la desolazione, / la scintilla che dice / tutto comincia quando tutto pare / incarbonirsi, bronco seppellito; / l’iride breve, gemella / di quella che incastonano i tuoi cigli / e fai brillare intatta in mezzo ai figli / dell’uomo, immersi nel tuo fango, puoi tu / non crederla sorella?

Antologia Virtuale della Poesia Italiana

En: http://campodemaniobras.blogspot.com.ar/2010/01/eugenio-montale-anguila.html

 

Dickinson

1721

He was my host-he was my guest,

I never to this day

If   I invited him could tell,

Or he invited me.

 

So infinite our intercourse

So intimate, indeed,

Analysis as capsule seemed

to keeper of the seed.

 

1755

To make a prairie it takes a clover and one bee,

One clover, and a bee,

And revery.

The revery alone will do,

If bees are few.

 

 

1721

 

Él fue mi huésped – él fue mi invitado

Y nunca hasta ese día

Pude decir si le invitaba a él

O él me invitaba a mí.

 

Tan infinito fue nuestro comercio

Tan íntimo, en verdad,

Que el análisis fuera como vaina

Para el guardián de la semilla.

 

 

1755

Para que haya una pradera se necesita un trébol y una abeja,

Un trébol, una abeja

Y el ensueño

Con el ensueño bastará,

Si las abejas escasean.

 

E. Dickinson (trad. M. Ardanaz), Poemas, Ed. Cátedra, Madrid, 2004.

Imagen de http://www.wiredforbooks.org/poetry/images/Emily_Dickinson.gif

Diana Bellesi

Leyendo un poema de Li Ch’ing-Chao

Despierto

y el pequeño bote, a cuya proa

la Serpiente del Poder

navega,

ciega e inmóvil, me conduce

al mar de arena. Un sol nos derrite

mientras vuela

el pájaro de las rocas

y soberbia

cruza su sombra

sobre la fresca fuente de nuestras manos.

Se desliza la seda.

Por un largo camino

más allá del crepúsculo

van nuestros rostros enlazados.

1

1

Invierno

1

Un rojo oscuro

se abre entre los sauces

y pasa el bote fantasma

con corona de flroes

a su proa desatadas.

1

Oscurece en mitad del día.

1

Inmóvil

el río San Antonio

fluye sin embargo

para siempre.

Cerrado, espeso

serpeando entre las ramas.

1

Torcaza,

paloma de duelo:

¿Pesa tu canto al paisaje

como una amada al corazón?

1

2

Alumbra

el ramerío del invierno

su luz inmóvil.

 1Tiempo de hacha

  1y  de cuchillo:

Toda la savia huye

1

del desollador

y del bufón

de la tortura

y del granizo

de los golpes

la violación

de las heladas

y el pajarito.

1

El pajarito

destrozado a las pedradas.

D. Bellesi, Tributo al mudo en Tener lo que se tiene. Poesía reunida, ed. Adriana Hidalgo.