http://www.elpais.com/fotografia – 18/01/11
Zitarrosa
Paul Celan
Muerte en fuga
Leche negra de la madrugada la bebemos de tarde
la bebemos al mediodía de mañana la bebemos
de noche la bebemos y bebemos
abrimos una tumba en el aire -ahí no se yace
incómodo-.
Un hombre habita la casa él juega con las serpientes
él escribe él escribe mientras oscurece a Alemania
tu pelo dorado Margarita
lo escribe y sale de la casa y fulguran las estrellas silba
a sus judíos hace abrir una tumba en la tierra
nos manda «tocad ya para el baile».
Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos
de tarde bebemos y bebemos.
Un hombre habita la casa y juega con las serpientes él escribe
él escribe mientras oscurece a Alemania
tu pelo dorado Margarita
tu pelo ceniciento Sulamita abrimos una tumba en el aire
-ahí no se yace incómodo-. Grita
cavad más hondo en la tierra los unos y los otros cantad y tocad
empuña el arma en la cintura la blande tiene ojos
azules cavad más hondo con palas los unos y los otros seguid
tocando para el baile.
Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y de mañana te bebemos
de tarde bebemos y bebemos.
Un hombre habita la casa tu pelo dorado Margarita
tu pelo ceniciento Sulamita juega con las serpientes. Grita
tocad mejor la muerte la muerte es un maestro de Alemania. Grita
tocad más sombríos los violines entonces subís al aire en humo
entonces tenéis una tumba en las nubes
-ahí no se yace incómodo-.
Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos de tarde y de mañana te bebemos
y bebemos la muerte es un maestro de Alemania
tiene un ojo azul te acierta con bala de plomo
te acierta justo
un hombre habita la casa tu pelo dorado Margarita
azuza a sus perros contra nosotros nos da
una tumba en el aire
juega con las serpientes y suela con la muerte
es un maestro de Alemania
tu pelo dorado Margarita
tu pelo ceniciento Sulamita.
Más poemas en http://elmundoincompleto.blogspot.com/2011/01/tu-pelo-dorado-margarita.html
Austerlitz
El recuerdo de las catorce estaciones que el visitante tiene que pasar entre el portal y la salida se ha oscurecido en mí con el paso del tiempo, o más bien se oscureció ya, si se puede decir así, el día en que estuve en la fortaleza, ya fuera porque no quería ver realmente lo que allí se veía, ya porque, en aquel mundo sólo iluminado por el débil resplandor de pocas lámparas y separado para siempre de la luz de la naturaleza, los contornos de las cosas parecían fundirse. Incluso ahora, cuando me esfuerzo por recordar, cuando he vuelto a ocuparme del plano de cangrejo de Breendonk y leo en la leyenda las palabras antigua oficina, imprenta, barracas, sala Jacques Ochs, celdas de confinamiento, depósito de cadáveres, cámara de reliquias y museo, la oscuridad no se desvanece sino que se espesa al pensar lo poco que podemos retener, cuántas cosas y cuánto caen continuamente en el olvido, al extinguirse cada vida, cómo el mundo, por decirlo así, se vacía a sí mismo, porque las historias unidas a innumerables lugares y objetos, que no tienen capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie, historias por ejemplo, esto se me vuelve a ocurrir ahora por primera vez desde aquellos tiempos, al escribir, como las de los colchones de paja, que, como sombras, yacían sobre los catres de madera amontonados, porque la paja que había en ellos se desintegraba con el paso de los años, se hacía más delgada y más corta, se encogía, como si fueran los restos mortales de aquellos, así lo recuerdo ahora, pensé entonces, que en otro tiempo habían yacido allí en aquella oscuridad. Y recuerdo también cómo, penetrando más en el tunel, que era en cierto modo la espina dorsal de la fortaleza, tuve que defenderme contra la sensación que arraigó en mí, y que hasta hoy me invade a menudo en sitios desagradables, de que con cada paso que daba el aire para respirar disminuía y el peso sobre mi aumentaba. En cualquier caso entonces, en aquella hora del mediodía silenciosa de principios del varano de 1967 que, sin encontrar a ningún otro visitante, pasé en el interior de la fortaleza de Breendonk, apenas me atreví a ir hasta el punto en que, al final de un segundo túnel largo, un corredor no mucho más alto que un hombre y, según creo recordar, escarpado, descendía hacia una de las casamatas. Esa casamata, en la que se siente enseguida que se está bajo una capa de hormigón de varios metros de espesor, es una habitación estrecha, uno de cuyos lados acaba en punta y el otro es redondeado, cuyo suelo está un buen pie más bajo que el corredor por el que se entra, y por eso es menos una mazmorra que una fosa. Mientras miraba esa fosa, su fondo que, según me parecía, se hundía cada vez más, el suelo de piedra lisa y gris, la rejilla del desagüe en su centro y el cubo de lata que había al lado, surgió del abismo la imagen de nuestro lavadero en W. y al mismo tiempo, evocada quizá por el gancho de hierro que colgaba del techo de una soga, la carnicería por delante de la cual tenía que pasar siempre al ir al colegio y en donde, al mediodía, estaba a menudo Benedikt con un mandil de goma, regando las baldosas con una gruesa manga. Nadie puede explicarme exactamente qué ocurre dentro de nosotros cuando se abren de golpe las puertas tras las que se esconden los terrores de la infancia. Pero todavía sé que allí, en la casamata de Breendonk, me subió a la nariz un asqueroso olor a jabón verde, que ese olor, en algún lugar demente de mi cabeza, se relacionaba con la palabra Würzelbürste (cepillo de fregar) que siempre me ha repugnado y que mi padre utilizaba con predilección, que unas estriaciones negras comenzaron a temblar ante mis ojos y que me vi obligado a apoyarme con la frente en el muro inyectado de manchas azuladas, grisáceo y, según me pareció, cubierto de frías gotas de sudor.
W.G.Sebald, Austerlitz, ed. Anagrama.
Juan Gelman
hablarte o deshablarte, dolor mío…
a mi hijo
hablarte o deshablarte/dolor mío/
manera de tenerte/destenerte/
pasión que muda su castigo como
hijo que vuela por quietudes/por
arrobamientos/voces/sequedades/
levantamientos de la ser/paredes
donde tu rostro suave de pavor
estalla de furor/a dioses/alma
que me penás el mientras/la dulcísima
recordación donde se aplaca el siendo/
la todo/la trabajo/alma de mí/
hijito que el otoño desprendió
de sus pañales de conciencia como
dando gritos de vos/hijo o temblor/
como trato con nadie sino estar
solo de vos/cieguísimo/vendido
a tu soledadera donde nunca
me cansaría de desesperarte/
aire hermoso/agüitas de tu mirar/
campos de tu escondida musicanta
como desapenando la verdad
del acabar temprano/rostro o noche
donde brillás astrísimo de vos/
hijo que hijé contra la lloradera/
pedazo que la tierna embraveció/
amigo de mi vez/miedara mucho
el no avisado de tu fuerza/amor
derramadísimo como mi propio
volar de vos a vos/sangre de mí
que desataron perros de la contra
besar con besos de la boca/o
cielo que abrís hijando tu morida
I. De: Carta abierta
comentario VII (santa teresa)
esta secreta unión que pasa
en un punto muy interior del alma/
que debe ser donde estás vos/y donde
tales son el deleite y la gloria y demás
criaturas que pasan/conunidas como
aguas de cielo que van a río entrando a mar/o manos
que por lados contrarios se hacen una/
o sustento que me sustenta/así me sos
como madera en el palito/aunque
mayor dolor queda después/y deseo mayor porque crece
el amar cuando más se descubre
la delicia de vos/y vienen ansias como rayos
que abrasan y retardan el morir/y luego
sin saber cómo ni cuándo/sin
mover mano ni pie/cae un golpe de fuego que hace polvo
cuando alentamos cuanto respiramos
al interior de esta pasión/
y suelta queda la pena como un animal
que también es noticia de vos/tierra mía
de la que estoy atado y desatado/
y rara ausencia/rara compañía/
que nadie es sino vos/
y yo como alguno colgado que
ni toca tierra ni al cielo puede subir
como conciencia de un tormento/
padecer o desdicha/que es gota de agua en el grande
océano de el calor de vos/mariposica honda/
libre en la toda luz que das
De: Citas y comentarios
Se puede escuchar el audio de este poema en http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=critz.php&wid=195&show=poemas&p=Juan%20Gelman.
Foto: Desapariciones de Helen Zout.
Sergio Guerrieri
1
Próspero se sienta temprano
en la colina a resolver un grave problema.
Hace años, el sol lo calcina
y el viento que baja junta sus cenizas.
Regresa temprano, al día siguiente.
Lo asombran los miles de bultos grises.
Busca un lugar desocupado,
y se sienta a mirar el muro.
(En el silencio absoluto
la pregunta no hace la luz.)
El aire de Quarently
perfora las palabras, adentro,
tras las palabras que perforan el aire:
el sol arde una vez más en sus llagas.
Sus huesos sin sombra…
El desierto también podría ser una multitud,
lo humano que continúa inconcluso.
7
Sursum vive en una de las calles
más largas de Quarently.
Se viste temprano, irá a trabajar.
Toma su pala y cava.
Sursum Sursum Sursum.
La tierra se remueve
como una campana a la hora en punto.
Esta es una mañana fresca
de esas en las que nadie habla.
Sursum Sursum.
Entra como una semilla,
hijos por todo el valle,
flores de papel en el jarrón del decorado.
Los otros hombres también cavan,
todos en sus madrigueras.
-¡Caven, hijos de puta!
Les dice una voz mientras los siembra.
Sursum Sursum Sursum.
Hacia el fondo,
una gota
dentro del recipiente de cristal oscuro,
evaporada por el sol,
lo efervescente de Quarently.
De Desnudos en Quarently, Ediciones del Dock, 2009.
Mundos
Les presentó una hermosa ilustración de Nicoletta Ceccoli que encontré navegando un poco. Que el 2011 inunde -derrame- despatarre-desborde al menos- nuestra vida de ilusiones.
Daniela Camozzi
Última trasnoche
Como una pitonisa
anuncia calamidades
y se encorva para murmurar
su adivinación:
Tantas noches en vela
harán de tus ojos
dos cuencos de cal.
Es agosto, llovizna,
y un sol blanquecino
revela mugre vieja
en las azoteas.
**
Las formas irreales
Si lo que está ahí en la orilla
es un mascarón de papel maché
carcomido por el salitre,
o una sirena que ya
no se irá del tajamar, ¿qué es
esta figura: un maniquí
apenas cubierto por su velo?
¿Tu reflejo entre cristales, un pozo
lleno de sapos, vivos todavía?
Del libro La felicidad ajena, Huesos de Jibia, 2008.
Alejandro Castro
8 de julio
(Vega, alfa de Lyra. 18º sobre el horizonte Norte.
Magnitud 0,0 blanca azulosa. TU 03:00)
hay un nodo
en la garganta de la noche
un lazo de aire filoso
extraña solución
para un mundo de cosas livianas
que ocultan su nombre
el ardor inquieto
de las primeras cenizas me sujeta
en una pared de ladrillos
hundida en mí
rotunda en su vigilar
lo incógnito de tu llegada
con el aliento impaciente
humea mi desvelo
y se aclara
agitado por esta boca
de loba que traga
sin nada que me alumbre
**
18 de octubre
(M 41 en el Can Mayor. Cúmulo abierto. Magnitud 4,5
60º horizonte Este. TU 07:00)
ah, perro!
viniste otra noche a dar caza
del ojo desnudo
por el olor del pasto
te conozco
por el salto moroso
a la ropa tendida en las terrazas
emboscado entre las sombras
el acecho jadeante
en la puerta de chapa
de mi sueño chungo
y el salto desnudo
perro
que raja por la distancia
focal al firmamento
y tu olor a casa en el ojo
tendido en la terraza
te conozco
hiciste de mí
aullido perro negro
tu susurro
del libro Reportes de la noche, Ediciones en Danza, 2008.

