…es invierno aquí

josef koudelka Foto: J. Koudelka. En: http://roxanatroisi.blogspot.com/2008_05_01_archive.html

 

Los tulipanes

Los tulipanes son muy sensibles, es invierno aquí.
Mira qué blanco está todo, qué quieto, qué nevado.
Aprendo a estar en calma, yaciendo sola e inmóvil
Como la luz sobre las paredes blancas, esta cama, estas manos.
No soy nadie, no tengo nada que ver con estallidos.
Les di mi nombre y mi ropa a las enfermeras,
Mi historia al anestesista y mi cuerpo a los cirujanos.

Han puesto mi cabeza entre la almohada y el rebozo de la sábana
Como un ojo entre dos párpados que nunca van a cerrarse.
Alumna estúpida, no puede sino tragárselo todo.
Las enfermeras van y vienen, no me molestan,
Van y vienen como las gaviotas, con sus cofias blancas,
Haciendo cosas con las manos, todas iguales,
De manera que es imposible saber cuántas hay.

Mi cuerpo es un guijarro para ellas, lo atienden como el agua
atiende a los guijarros por sobre los que pasa, puliéndolos   suavemente.
Ellas me traen sopor en sus agujas brillantes, me traen el sueño.
Ahora que yo misma me he perdido, estoy harta de equipajes-
Mi maletín de cuero para la noche como una negra caja de remedios,
Mi esposo y mi hija sonriéndome desde una fotografía;
Sus sonrisas se meten bajo mi piel, pequeños anzuelos sonrientes.

Dejé que las cosas se deslizaran, soy una balsa de treinta años
Obstinadamente aferrada a mi nombre y dirección.
Han borrado mis asociaciones amorosas.
Asustada y desnuda en la camilla tapizada con plástico verde
Veía mi juego de té, mis armarios de ropa blanca, mis libros,
Hundirse y desaparecer, y el agua cubrió mi cabeza.
Ahora soy una monja, nunca fui tan pura.

No quería flores, quería solamente
Yacer con mis manos hacia arriba y sentirme totalmente vacía.
Qué libre es una, no tienes idea hasta qué punto-
La paz es tan grande que te deslumbra,
No pide nada, una placa con tu nombre, algunas chucherías.
Es a lo que se aferran finalmente los muertos, me los imagino
errando sus bocas sobre eso, como si fuera una hostia.

Para empezar, los tulipanes son muy rojos, me lastiman,
Inclusive en su papel de seda podía oírlos respirar
Ligeramente, a través de sus envoltorios blancos, como a un horrible bebé.
Sus pétalos encarnados le hablan a mi herida, y ella les corresponde.
Son sutiles; parecen flotar, pero me hunden,
Perturbándome con sus súbitas lenguas y su color,
Una docena de pesadas plomadas alrededor de mi cuello.

Nadie me observaba antes, ahora me siento observada,
Los tulipanes me miran, y también la ventana
Donde una vez al día un rayo de luz lentamente crece y decrece,
Y me veo a mí misma, chata, ridícula, una sombra recortada en un papel,
Entre el ojo del sol y los ojos de los tulipanes.
Y no tengo apariencia, he querido desaparecer.
Los vívidos tulipanes me devoran el oxígeno.

Antes que ellos llegaran el aire era lo suficientemente calmo,
Entrando y saliendo con mi aliento, sin agitación.
Luego los tulipanes lo volvieron vibrante como un fuerte ruido.
Ahora el aire choca y se arremolina alrededor de ellos, como un río
Choca y se arremolina alrededor de un barco hundido, oxidado y rojo.
Atraen mi atención, que era feliz
Jugando y descansando sin comprometerse con nada.

También las paredes parecen estar entibiándose.
Los tulipanes deberían estar enjaulados como animales peligrosos;
Están abriéndose como la boca de una terrible pantera,
Y soy consciente de mi corazón: él abre y cierra
El cáliz de su roja flor sólo por amor a mí.
El agua que pruebo es tibia y salada como el mar,
Y viene de comarcas tan lejanas como la salud.

 

Tulips, by Sylvia Plath

The tulips are too excitable, it is winter here.
Look how white everything is, how quiet, how snowed-in
I am learning peacefulness, lying by myself quietly
As the light lies on these white walls, this bed, these hands.
I am nobody; I have nothing to do with explosions.
I have given my name and my day-clothes up to the nurses
And my history to the anesthetist and my body to surgeons.

They have propped my head between the pillow and the sheet-cuff
Like an eye between two white lids that will not shut.
Stupid pupil, it has to take everything in.
The nurses pass and pass, they are no trouble,
They pass the way gulls pass inland in their white caps,
Doing things with their hands, one just the same as another,
So it is impossible to tell how many there are.

My body is a pebble to them, they tend it as water
Tends to the pebbles it must run over, smoothing them gently.
They bring me numbness in their bright needles, they bring me sleep.
Now I have lost myself I am sick of baggage —-
My patent leather overnight case like a black pillbox,
My husband and child smiling out of the family photo;
Their smiles catch onto my skin, little smiling hooks.

I have let things slip, a thirty-year-old cargo boat
Stubbornly hanging on to my name and address.
They have swabbed me clear of my loving associations.
Scared and bare on the green plastic-pillowed trolley
I watched my teaset, my bureaus of linen, my books
Sink out of sight, and the water went over my head.
I am a nun now, I have never been so pure.

I didn’t want any flowers, I only wanted
To lie with my hands turned up and be utterly empty.
How free it is, you have no idea how free —-
The peacefulness is so big it dazes you,
And it asks nothing, a name tag, a few trinkets.
It is what the dead close on, finally; I imagine them
Shutting their mouths on it, like a Communion tablet.

The tulips are too red in the first place, they hurt me.
Even through the gift paper I could hear them breathe
Lightly, through their white swaddlings, like an awful baby.
Their redness talks to my wound, it corresponds.
They are subtle: they seem to float, though they weigh me down,
Upsetting me with their sudden tongues and their colour,
A dozen red lead sinkers round my neck.

Nobody watched me before, now I am watched.
The tulips turn to me, and the window behind me
Where once a day the light slowly widens and slowly thins,
And I see myself, flat, ridiculous, a cut-paper shadow
Between the eye of the sun and the eyes of the tulips,
And I have no face, I have wanted to efface myself.
The vivid tulips eat my oxygen.

Before they came the air was calm enough,
Coming and going, breath by breath, without any fuss.
Then the tulips filled it up like a loud noise.
Now the air snags and eddies round them the way a river
Snags and eddies round a sunken rust-red engine.
They concentrate my attention, that was happy
Playing and resting without committing itself.

The walls, also, seem to be warming themselves.
The tulips should be behind bars like dangerous animals;
They are opening like the mouth of some great African cat,
And I am aware of my heart: it opens and closes
Its bowl of red blooms out of sheer love of me.
The water I taste is warm and salt, like the sea,
And comes from a country far away as health.

 

 

Mística

El aire es un molino de garfios –
Preguntas sin respuesta,
Centelleantes y ebrias como moscas
Cuyo beso insoportable punza
Los fétidos vientres de aire negro bajo los pinos de verano.

Recuerdo
El olor muerto del sol en las cabañas de madera,
La rigidez de las velas, los extensos sudarios de sal.
Y una vez que uno ha visto a Dios, ¿qué remedio hay?
Y una vez que uno ha sido atrapado

Sin que sea descuidada parte alguna,
Ni un dedo de las manos, ni uno de los pies y que uno ha sido usado,
Enteramente usado, en las conflagraciones del sol, esas manchas
Que se alargan desde antiguas catedrales,
¿Qué remedio hay?

¿La píldora de la comunión?
¿Caminar junto a aguas inmóviles? ¿La memoria?
¿O recoger los fragmentos brillantes de Cristo
En las caras de los roedores,
Esos come-flores mansos

Cuyos anhelos son tan poco elevados que están cómodos –
La jorobada en su pequeña y limpia casa
Bajo los rayos de las clemátides?
¿No hay gran amor? ¿Sólo hay ternura?
¿Recuerda el mar

A quien caminó sobre él?
Las moléculas rezuman sentido.
Las chimeneas de la ciudad respiran, transpiran las ventanas,
Los niños brincan en sus cunas,
El sol florece, es un geranio.
Aún no se ha detenido el corazón.

Mystic

The air is a mill of hooks—-
Questions without answer,
Glittering and drunk as flies
Whose kiss stings unbearably
In the fetid wombs of black air under pines in summer.

I remember
The dead smell of sun on wood cabins,
The stiffness of sails, the long salt winding sheets.
Once one has seen God, what is the remedy?
Once one has been seized up

Without a part left over,
Not a toe, not a finger, and used,
Used utterly, in the sun’s conflagration, the stains
That lengthen from ancient cathedrals
What is the remedy?

The pill of the Communion tablet,
The walking beside still water? Memory?
Or picking up the bright pieces
Of Christ in the faces of rodents,
The tame flower-nibblers, the ones

Whose hopes are so low they are comfortable—–
The humpback in his small, washed cottage
Under the spokes of the clematis.
Is there no great love, only tenderness?
Does the sea

Remember the walker upon it?
Meaning leaks from the molecules.
The chimneys of the city breathe, the window sweats,
The children leap in their cots.
The sun blooms, it is a geranium.

The heart has not stopped.

 

Sylvia Plath, Tulipanes y otros poemas, traducción de María Julia de Ruschi Crespo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988

Rodolfo Alonso

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En noviembre de 2002 me encontraba en la Universidad de Carabobo, en la Valencia venezolana, cuando me plantearon de improviso la inefable cuestión: “¿Qué es la poesía?”. A la cual sólo atiné a contestar lo que sigue:
Hay preguntas acaso ineludibles, especialmente en determinadas circunstancias. Y que, sin embargo, resultan de una inocencia tal vez demoledora. No siento que sea posible definir a la poesía. Entre otras razones porque toda generalización –y no sólo en estas lides– se me hace por lo menos sospechosa, si es que no casi fascista. Aunque hay algunos intentos claramente indelebles: “la gloria de la lengua” (Dante Alighieri), “la alegría (la dicha) del lenguaje” (Wallace Stevens). Pero sí creo que deberíamos proponernos llegar a saber, y hasta a decir, qué es lo que convierte a ciertas palabras en poesía. Qué es lo que vuelve poema a algunos vocablos cotidianos o suntuosos, iluminados o inocentes. Intuyo que es allí, en la selva viva del lenguaje humano, en el corazón mismo del mundo y de la especie, en la carne viva del lenguaje que somos, donde florecen las preguntas, ya que no vislumbro que haya respuestas en otra dirección, en otros rumbos. Y esta vía tiene además una enésima ventaja, la de contar con un invalorable adelantado, con un compañero de ruta tan fraternal como exigente: Paul Valéry. El mismo que supo aludir al poema como “esa prolongada oscilación entre sonido y sentido”. No he llegado más lejos, todavía.

http://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/2009-07-27/pregunta-demoledora/5481.html

Ungaretti

a Andrei Tarkovsky Nostalghia DVD Review 10.31

CLAROSCURO

Hasta las tumbas desaparecieron

 

Espacio negro infinito caído

desde este balcón

al cementerio

 

Me ha venido a buscar

mi compañero árabe

que se suicidó la otra noche

 

Regresa el día

 

Vuelven las tumbas

escondidas en el verde melancólico

de la última oscuridad

en el verde turbio

del primer albor

 

G. Ungaretti (trad. R.Alonso), Cien poemas escogidos, ed. Argonauta.

Foto de la película Nostalgia, A. Tarkovsky.

Kamishibai

flyer_KAmishibai.

El 12:

La niña de las cerillas, texto y lectura de Renata Lozupone sobre cuento tradicional. Imágenes de Delius.

La princesa de la luna, láminas y texto originales japoneses, lectura de Amalia Sato.

  El viaje de Binho, texto y lectura de María Eva Blotta. Imágenes de Julia Masvernat y Diego Maxi Posadas.

El libro de la almohada de Sei Shonagon, texto y lectura de Liliana Lukin. Imágenes y música de Gustavo Schwartz.

El 19:

Nieve, texto de Yasunari Kawabata. Imágenes de Diego Maxi Posadas. Sonorización de Jeronimo Escajal.
El flautista y los monos, láminas y texto originales japones, lectura de Amalia Sato.

El gorrioncito sin lengua, láminas y texto originales japoneses, lectura de Amalia Sato.

Godzilla. Imágenes y sonorización de Gustavo Schwartz.
El 26:

 El pez carpa del sueño, lee Natalia Méndez sobre cuento de Lafcadio Hearn. Imágenes de Masao. Música de Axel Eandi.

Susanoh, texto y lectura de Damián Vives sobre una leyenda oriental. Imágenes de Nicolás Prior.

El pez Cham, adaptación de una leyenda oriental, lectura de Natalia Méndez. Imágenes de Claudia Degliuomini.

La langosta y el grillo, texto de Yasunari Kawabata. Imágenes de Hilda Paz.

Coordinación general de este evento: Gustavo Schwartz y Liliana Lukin con el asesoramiento de Amalia Sato.

Un poco de Vallejo en un día como hoy

 

Hoy me gusta la vida mucho menos

Hoy me gusta la vida mucho menos,

pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.

Casi toqué la parte de mi todo y me contuve

con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

 

Hoy me palpo el mentón en retirada

y en estos momentáneos pantalones yo me digo:

¡Tanta vida y jamás!

¡Tantos años y siempre mis semanas!…

Mis padre enterrados con su piedra

y su triste estirón que no ha acabado;

de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,

y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

 

Me gusta la vida enormemente

pero, desde luego,

con mi muerte querida y mi café

y viendo los castaños frondosos de París

y diciendo:

Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla…

Y repitiendo:

¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!

¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

 

Dije chaleco, dije

todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.

Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado

y está bien y está mal haber mirado

de abajo para arriba mi organismo.

 

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,

porque, como iba diciendo y lo repito,

¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,

y siempre, mucho siempre, siempre siempre!

 

 Cesar Vallejo 2

Piedra negra sobre piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo

Me moriré en París –y no me corro-

talvez un jueves, como es hoy, de otoño.

 

Jueves será, porque hoy,jueves que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he puesto,

con todo mi camino, a verme solo.

 

César Vallejo ha muerto, le pegaan

todos sin que él les haga nada;

le daban duro con un palo y duro

 

también con una soga; son testigos

los días jueves y los huesos húmeros,

la soledad, la lluvia, los caminos…

César Vallejo. Poemas humanos. Ed. Laia.

Antología de los años ‘60

La revista online El interpretador publicó una antología de los años ‘60, de la que –a modo de muestreo- rescato estos poemas:

 

Susana Thénon

Razón de mi voz

Porque son muchos y sufren,

porque nos enteramos de lejanísimos gritos

o conocemos que hay silencio

en un rincón de la ciudad,

o porque de un libro salta y nos habla

el niño que murió ahogado.

Porque ahora sin duda un hombre pide socorro

y una mujer se arroja por su ventana oscura

y cuatro niños responden preguntas

en un cuarto inmenso

mientras a un muñeco le falta el brazo y mira.

Mundo

Este es el mundo en que vivimos

los mendigos buenos aires siglo veinte

junto al humo descalzo

flotando sin alas sobre los techos

efímeros como pastillas de chocolate

inútiles como pájaros huecos.

Estos son nuestros rostros que se caen a pedazos

mientras el sol emigra cansado de mirarnos

y el frío nos celebra con su fiesta de muerte.

Pero yo no quiero este sino de espantapájaros:

mi olfato busca afanoso el olor de la alegría

y mi piel se agranda cuando digo amor.

de Habitante de la nada (1959)

TEATRO

4

Hacia las flores el humo se disuelve

del mismo modo que se apaga

la sierra: entonces ellos vuelven

a dar voces, se avisan y llaman

en el concierto de un olor a pino.

Mi oído se reconcilia con la tregua

como si en el instante hubiera paz:

ellos caminan del otro lado

en un aire irisado y sucio, frío,

y yo quiero entrar a esa realidad

como se sale de un sueño, para ver,

pero otra vez empieza ese rugido

y me corta

el paso en dos,

como a uno de los

troncos condenados.

 

Mientras, potentes y ciegos,

los penachos en espiral del humo

avisan que no cesa la mortandad.

 

 

 

12

 

Recién llegada a “un campo que concentra”

esa frase, escrita en cartas ya por mí,

cuando la idea de campo no tenía

para mi cuerpo una vida natural,

y el aire salvaje y la vegetación

eran sólo materia de dibujo y geografía,

esa frase nombra, otra vez,

el ensayo de una

inmersión violenta en lo perdido de mí.

 

Concentrar (el verbo de la herida

que el poema no lava)

es un destino de llegada para mí_

el escenario de la escena del crimen,

donde nada está en su lugar y acomodar

es la ilusión de la escritura.

 

Pero tierra pelada, brotes, lo esparcido,

lo sucio de un trabajo abandonado

bajo la nieve, engañan. cada cosa aquí

tiene su posición y su sentido,

 

sólo yo vengo, me voy, soy la futura

pieza del encastre que construyen

sin saber qué soy, quién: soy ésa,

la que vió cómo los árboles cayeron

y no puede hacer a un lado la cabeza.

 

Liliana Lukin.  TEATRO DE OPERACIONES. Anatomía y Literatura.  Ediciones en Danza. 2007

Preguntas

Los mendigos.Debora Arango.

Remanencia
¿Qué te hace sufrir?
Como si se despertara en la casa sin ruido el ascendiente de un rostro al que parecía haber fijado un agrio espejo.
Como si, bajadas la alta lámpara y su resplandor encima de un plato ciego, levantaras hacia tu garganta oprimida la mesa antigua con sus frutos.
Como si revivieras tus fugas entre la bruma matinal al encuentro de la rebelión tan querida, que supo socorrerte y alzarte mejor que cualquier ternura.
Como si condenases, mientras tu amor está dormido, el pórtico soberano y el camino que lleva a él.
¿Qué te hace sufrir?
Lo irreal intacto en lo real devastado.
Sus rodeos aventurados cercados de llamadas y de sangre.
Lo que fue elegido y no fue tocado,
la orilla del salto hasta la ribera alcanzada,
el presente irreflexivo que desaparece.
Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.

René Char
Versión de Jorge Riechmann

Rémanence
René Char (1907-1988)
De quoi souffres-tu ?
Comme si s’éveillait dans la maison sans bruit l’ascendant d’un visage qu’un aigre miroir semblait avoir figé.Comme si la haute lampe et son éclat abaissé sur une assiette aveugle, tu soulevais vers ta gorge serrée la table ancienne avec ses fruits.
Comme si tu revivais tes fugues dans la vapeur du matin à la rencontre de la révolte tant chérie, elle qui su, mieux que toute tendresse, te secourir et t’élever.
Comme si tu condamnais, tandis que ton amour dort, le portail souverain et le chemin qui y conduit.
De quoi souffres-tu ?
De l’irréel intact dans le réel dévasté ?
De leurs détours aventurés, cerclés d’appel et de sang ?
De ce qui fut choisi et ne fut pas touché ?
De la rive du bon au rivage gagné ?
Du présent irréfléchi qui disparaît ?
D’une étoile qui s’est la folle, rapprochée et qui va mourir avant moi ?

Cuadro:

Los Mendigos, Débora Arango. Obra propiedad del Museo de Antioquia.
Foto: ICTJ Colombia © 2008.


Sebald

Seb

Tomando otra vez mi lectura de esta novela de Sebald quiero compartirles extracto de una nota encontré en la web:

Usted nombra dos casos de exilio interior, en Austria y Suiza, y autores a contramano del uso compartido del alemán. Vive en In-
glaterra desde hace treinta y cinco años y escribe, también, en una lengua de invernadero.
-Vivo en un ambiente distante. Mi alemán no tiene un color moderno y está más influenciado por la lengua que ya sólo existe en mi recuerdo.Esto no es tan singular. Piense en Canetti, en Peter Weiss, la Rumania fascista o la España franquista.Desde Nabokov a Semprún, es un fenómeno del siglo XX el que gran parte de su literatura se escribiera en contextos extranjeros. Las guerras hicieron que fuera más habitual para la lengua alemana.
-Hablemos de las imágenes en sus libros. Deliberadamente low tech, detienen la historia en fotogramas, encuadran el relato en un realismo anacrónico, recrean una literatura de posguerra. De ese pasado en blanco y negro, los personajes nunca acaban de emerger.
-Lo que no quiero es que los lectores las confundan con ilustraciones, por eso les he dado un tratamiento deliberadamente low tech. En verdad, eso es lo último que pretenden. No se trata de libros ilustrados sino de imágenes que son parte del texto. A veces lo complementan, y siempre proveen piezas de evidencia circunstancial. Verdaderas o no, funcionan en esa dirección. Suspenden el fluir del relato, crean hiatos de lectura. Antes de saber lo que estaba haciendo con estas imágenes, mientras tomaba la decisión de incluirlas, formaban parte sustancial de mi material de trabajo y por lo tanto, tenían el derecho de estar allí. Trabajaba con esas imágenes sobre mi mesa: escribía en torno de ellas. Quizá lo que dice de una narrativa de posguerra sea acertado porque se seguía haciendo mucho cine en blanco y negro en esos años y a mí, ciertamente, siempre me pareció superior. No creo que el color en el cine haya develado zonas particularmente interesantes. Por el contrario, el blanco y negro conserva un misterio, algo que no se entrega en la imagen.

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/3842/W_G_Sebald

**

El alemán de los jóvenes es horrible. Me aventuro a conjeturar que en un espacio de tiempo no superior a diez años el idioma alemán va a desaparecer. Por otro lado, debo la escritura de mi libro
Luftkrieg und Literatur a las inquietudes de ciertos estudiantes alemanes que me mostraron su preocupación por la ausencia de libros alemanes que hablasen de la destrucción de Alemania durante la Segunda Guerra. Los escritores alemanes han escrito demasiado poco sobre las torturas de guerra. Salvo Ingerborg Bachmann, apenas nadie más ha escrito sobre la destrucción de Alemania. Esta terrible destrucción ha sido censurada por sus propios verdugos. En mi libro solamente intento responder a una curiosidad externa de ciertos estudiantes inquietos que pasó a convertirse en una preocupación tan personal y propia como para dedicar a ella este libro por entero.
Su literatura está dedicada a resucitar estas voces anónimas a las que da vida mediante una escritura de disección propia de mesa de operaciones. ¿Escritura de bisturí? ¿Lección de anatomía?
–La literatura no es nada sin el lenguaje. Yo escribo por amor a las palabras. Escribir es peregrinar por las palabras.

(…)Mi literatura está hecha de todo cuanto me rodea. Lo mismo pueden ser pescadores de playa, playas aisladas, vidas de escritores, recuerdos ínfimos de mis paseos solitarios. Todo cabe en un libro. Escribir es como pasear por la historia y por la biblioteca de la vida. Ambas realidades son una sola cosa para mí. Trato de vivir rodeado de las cosas que me gustan y considero natural incorporarlas a mi escritura. Todo forma parte de lo mismo. Escribir y vivir. Sólo entiendo la escritura como reflejo de un mundo interior, privado. No me interesa el pasado por sí mismo sino por todo lo que puede aportar a la propia vida.

http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Libros/01-01/01-01-07/nota.htm

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Hasta hace poco, la presencia de los antepasados era real en muchas regiones. A esta gente se la conocía. Los muertos siempre me han interesado más que los vivos. Los cementerios me han atraído desde niño, y no creo que sea morbosidad. Lo que a mí me interesa es de qué personas se trataba, y en ello también tienen que ver las ideas. Recordar a los muertos nos distingue de los animales

http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Libros/01-12/01-12-23/nota1.htm

Plática en los montes

ansel adams,CLoudy

Si me preguntases por qué habito

entre los verdes montes,

Reiría en silencio;

mi alma está en calma.

El capullo del duraznero

sigue al agua en movimiento;

Hay otro cielo y otra tierra

más allá del mundo de los hombres.

Li Po, Poetas chinos de la dinastía  T’Ang, Ed. Hachette, Bs.As., 1975.

Foto: Ansel Adams, Cloudy.