Les comparto fragmentos, algunas imágenes de este hermoso libro.
Etiqueta: Poesía hoy
Mandalas
Ella busca un mandala, está sola,
no descarta encontrarlo.
Los cajones de sus muebles están
repletos de mandalas
de todos los colores de todos los tamaños
(de ensartar en las orejas,
de colgar en su garganta,
de monedas en el pulso,
de sello en anulares, índices,
pulgares de los pies,
de pegar en el techo o en la almohada,
en la agenda y el refrigerador)
También tiene otros graves, no abalorios
está el del hijo muerto, el hijo preso,
está el del hijo ido y regresado,
está el del amor, eterno e infinito.
Tienen simetría, dinamismo, claroscuro y cruz.
Pero no se satisface, falta alguno,
un mandala que diga ciertos signos,
que contenga y vacíe el frasco de la esencia
y cómo hallarlo:
Pasó días mirando el propio ombligo,
un mandala flojo, desprolijo,
con flechas que marcan el allá, el aquí,
sufrido, descosido y turbio.
Después intentó con el espejo,
una forma parecía conducir a la respuesta,
su rostro, el de hoy, con esas líneas,
confusión
se le encimaron los pasados,
la niña, la mujer,
la hinchada, entristecida, turbia
y arriba las cejas de feliz.
El óvalo era el mismo en todos,
nunca bien calcado, salido de su centro,
ojo miope que no entorna la unidad.
Entonces, ¿cuál era verdad, modelo,
cifra, esencia, uno y mil?
(El mandala no puede tener
forma que vacile, centrifuga
la tensión de su perímetro,
es puro movimiento, centro dardo mismo
que plena su sentido).
Siguió buscando, usó el espejo
cambiando posiciones, loto, vertical
almohadones en la espina, ropa fuera
y halló el ojo trajinado ojiva
de sus niños y su hombre,
luz de templo, latido en levógiro turbión,
regreso destrógiro al portal.
No halló más
que una cansada
sonrisa vertical
de mujer deshabitada.
Salió entonces por calles de ciudad,
y se hartó de mandalas de colores
luces que vendían
menta con burbujas y frituras,
sopas fantasía para niños,
mandalas que mentían…
Volvió pues a su cuarto,
tomó el plato de su taza de café,
y con la porcelana del revés,
una hoja blanca, un lápiz romo,
trazó un limpio redondel como hace un niño.
Se dijo en paz entonces:
esta es la forma nueva
del mandala de la vida mía.
Útero y diamante.
Genoveva Arcaute. Todos somos Frida. Ediciones Huesos de Jibia.
Sergio Guerrieri
1
Próspero se sienta temprano
en la colina a resolver un grave problema.
Hace años, el sol lo calcina
y el viento que baja junta sus cenizas.
Regresa temprano, al día siguiente.
Lo asombran los miles de bultos grises.
Busca un lugar desocupado,
y se sienta a mirar el muro.
(En el silencio absoluto
la pregunta no hace la luz.)
El aire de Quarently
perfora las palabras, adentro,
tras las palabras que perforan el aire:
el sol arde una vez más en sus llagas.
Sus huesos sin sombra…
El desierto también podría ser una multitud,
lo humano que continúa inconcluso.
7
Sursum vive en una de las calles
más largas de Quarently.
Se viste temprano, irá a trabajar.
Toma su pala y cava.
Sursum Sursum Sursum.
La tierra se remueve
como una campana a la hora en punto.
Esta es una mañana fresca
de esas en las que nadie habla.
Sursum Sursum.
Entra como una semilla,
hijos por todo el valle,
flores de papel en el jarrón del decorado.
Los otros hombres también cavan,
todos en sus madrigueras.
-¡Caven, hijos de puta!
Les dice una voz mientras los siembra.
Sursum Sursum Sursum.
Hacia el fondo,
una gota
dentro del recipiente de cristal oscuro,
evaporada por el sol,
lo efervescente de Quarently.
De Desnudos en Quarently, Ediciones del Dock, 2009.
Daniela Camozzi
Última trasnoche
Como una pitonisa
anuncia calamidades
y se encorva para murmurar
su adivinación:
Tantas noches en vela
harán de tus ojos
dos cuencos de cal.
Es agosto, llovizna,
y un sol blanquecino
revela mugre vieja
en las azoteas.
**
Las formas irreales
Si lo que está ahí en la orilla
es un mascarón de papel maché
carcomido por el salitre,
o una sirena que ya
no se irá del tajamar, ¿qué es
esta figura: un maniquí
apenas cubierto por su velo?
¿Tu reflejo entre cristales, un pozo
lleno de sapos, vivos todavía?
Del libro La felicidad ajena, Huesos de Jibia, 2008.
Alejandro Castro
8 de julio
(Vega, alfa de Lyra. 18º sobre el horizonte Norte.
Magnitud 0,0 blanca azulosa. TU 03:00)
hay un nodo
en la garganta de la noche
un lazo de aire filoso
extraña solución
para un mundo de cosas livianas
que ocultan su nombre
el ardor inquieto
de las primeras cenizas me sujeta
en una pared de ladrillos
hundida en mí
rotunda en su vigilar
lo incógnito de tu llegada
con el aliento impaciente
humea mi desvelo
y se aclara
agitado por esta boca
de loba que traga
sin nada que me alumbre
**
18 de octubre
(M 41 en el Can Mayor. Cúmulo abierto. Magnitud 4,5
60º horizonte Este. TU 07:00)
ah, perro!
viniste otra noche a dar caza
del ojo desnudo
por el olor del pasto
te conozco
por el salto moroso
a la ropa tendida en las terrazas
emboscado entre las sombras
el acecho jadeante
en la puerta de chapa
de mi sueño chungo
y el salto desnudo
perro
que raja por la distancia
focal al firmamento
y tu olor a casa en el ojo
tendido en la terraza
te conozco
hiciste de mí
aullido perro negro
tu susurro
del libro Reportes de la noche, Ediciones en Danza, 2008.
Desde Brasil
dentadura perfeita, ouve-me bem:
não chegarás a lugar algum.
são tomates e cebolas que nos sustentam,
e ervilhas e cenouras, dentadura perfeita.
ah, sim, shakespeare é muito bom,
mas e beterrabas, chicória e agrião?
e arroz, couve e feijão?
dentinhos lindos, o boi que comes
ontem pastava no campo. e te queixaste
que a carne estava dura demais.
dura demais é a vida, dentadura perfeita.
mas come, come tudo que puderes,
e esquece este papo,
e me enfia os talheres.
dentadura perfecta, escuchame bien:
no llegarás a ninguna parte.
son los tomates y las cebollas los que nos sustentan,
las arvejas y las zanahorias, dentadura perfecta.
ah, sí, shakespeare es muy bueno,
pero ¿y las remolachas, la achicoria, el berro?
¿el arroz, las coles, los frijoles?
dientes bonitos, el buey que comés
ayer pastaba en el campo. y te quejaste
de la carne demasiado dura.
demasiado dura es la vida, dentadura perfecta.
pero comé, comé todo lo que puedas,
y olvidá este sonsonete,
y agarrá bien los cubiertos.
Angélica Freitas. Traducción Teresa Arijón.




