En la incertidumbre del despertador, me rodean.
Permanezco así con la piel floja, en mí
el aire. Se expande entonces la correntada.
.
.
Abandono ese sueño, entre las sábanas
me habitan, ausentes.
Los diamantes cruzan y caen en su cauce.
.
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Este débil latir arrima. Parpadea como un gemido
que no quiere ser visto. El locutor grita
estridente y obliga a dar un paso, fuera de algo,
soltar esa diagonal, fija asimetría, páramo
donde me dejo caer.
