mundo exterior

Imagen: Wikimedia.org

El pintor Max Klinger escribió:

“Yo vivo en mi y deambulo en los reflejos de mis ojos: luz de gas – espejo- Personas”. Klinger, escribió esa frase en su diario en 1883; él absorbía su entorno con los ojos.

http://www.sn.schule.de/~mks/typo3/index.php?id=34&L=4

Esperanza

Entre la esperanza y la violencia, se teje la historia. Una cosa, dice José Tarditti, es la historia tiene otra, bien distinta, la ficción.

Ronsino H., La descomposición, ed. Interzona, Buenos Aires, 2007, pág. 82

Derrière la Gare Saint-Lazare, París, 1932. http://www.henricartierbresson.org/

El profeta y lo eterno

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Yo creo que para formar un concepto de arte primero hay que enfrentar otro concepto. La pregunta es : ¿Por qué existe el hombre?

Debemos usar nuestro tiempo en la tierra para crecer espiritualmente.  Significa que el arte debe servir a este propósito.

Es un error decir que el artista “busca” su tema. De hecho es el tema el que va madurando en él como un fruto. Y le impulsa hacia la configuración. Es como el alumbramiento. El poeta nada tiene de lo que pudiera estar orgulloso. No es el dueño de la situación, sino el servidor, su vasallo. El trabajo creativo es su única forma de existencia. Y cada una de sus obras supone un acto al que no se puede negar libremente. La sensibilidad para la necesidad de ciertos pasos lógicos y para las leyes que los rigen sólo aparece cuando existe la fe en un ideal; sólo la fe apoya y entrelaza el sistema de las imágenes (o, lo que es lo mismo, el sistema de la vida).

“Arrebatado por la ambición del espíritu

vegetando en el desierto, se me acercó

un serafín de seis alas

allí donde el camino se abre en cruz.

Con sus dedos de luz

suavemente mis ojos tocó:

Ojos de profeta, sin miedo,

verdaderos, en mí despertaron,

en mi oído penetró su dedo

y lo llenó de sonido.

Y oí el tremor de los cielos,

de los ángeles el vuelo,

del fondeo del mar los animales,

del viñedo el crecer junto al suelo.

Y en mi garganta penetró,

arrancóme de la boca mi lengua,

vana, pecadora y temerosa.

Por los impávidos labios

mano sangrienta metió

el sabio aguijón de la serpiente.

Y mi pecho su espada cruzó

a sacarme el tembloroso corazón;

en la herida abierta dejó

carbón ardiendo, de ascua lleno.

Tirado en la arena, como muerto,

me ordenó la voz de Dios:

“¡Álzate, profeta, ve y oye,

predícame de ciudad en ciudad!

Y caminando de aldea en aldea

quema con tu palabra el corazón.”

Pushkin (1826)

Foto y texto de Andrei Tarkovsky, El profeta y lo eterno, Dulce Equis Negra, número 8, nov.2008/abril2009, Buenos Aires.

Cuando la vida era plena, no había historia

En la era en que la vida sobre la Tierra era plena, nadie prestaba particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre de habilitad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos sin darse cuenta de que estaban “cumpliendo con su deber”. Se amaban los unos a los otros, y no sabían que esto significaba “amar al prójimo”. No engañaban a nadie y aun así no sabían que eran hombres de “fiar”. Eran íntegros y no sabían que que aquello era “buena fe”. Vivían juntos libremente, dando y tomando, y no sabían que eran “generosos”. Por esta razón, sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia.
Chuang Tzu (reino de Song, c. 369 a.C.-c.286 a. C), El camino de Chuang Tzu, versiones de Thomas Merton, Editorial Debate, Barcelona 1999.

En http://campodemaniobras.blogspot.com/2010/10/chuang-tzu-cuando-la-vida-era-plena.html

Entre aguas

Agua

 

Siempre vuelvo a sentir la misma melancolía ante las aguas dormidas, una melancolía muy especial que tiene el color de una charca en un bosque húmedo, una melancolía sin opresión, soñadora, lenta, calma. A menudo un detalle ínfimo de la vida de las aguas se me transforma en un símbolo psicológico esencial. El olor de la menta acuática, por ejemplo, me recuerda una especie de correspondencia ontológica que me hace creer que la vida es un simple aroma, que la vida emana del ser como un olor emana de la sustancia, que la planta del arroyo debe emitir el alma del agua… Si tuviera que revivir por mi cuenta el mito filosófico de la estatua de Condillac que descubre el primer universo y la primera conciencia en los olores, en vez de decir como ella: “Soy perfume de rosas”, yo tendría que decir “soy en primer lugar olor a menta, olor a la menta de las aguas”. Porque el ser es antes que nada un despertar y se despierta en la conciencia de una impresión extraordinaria.

Gastón Bachelard, El agua y los sueños.