Y otro más…

¿de qué sueño de infancia?

resuenan las hormigas y las vainillas

jugando entre el césped o el muro,

sostienen sonidos

bajo la sombra, flamean humeantes.

En este marco, el aluminio pintado en rojo

permite un hollín, molesto

y febril, bajo ese débil vibrar

escurrido de la infancia.


Un poema

A flor de piel

Aquella mujer raiga cepas, indivisibles costras

por lo bajo, mientras, las margaritas

abren

sus pétalos al enrejado.

Cubre su perfil, sobre el fango se inclina:

en mi ventana el vaivén de las hojas,

ágil o diminuto,

se desvanece con la corriente.



Terreno abierto

Tomarme siempre como la medida de las cosas.
Apenas este capricho que absorbe,
pozo ciego o zona en construcción.

Con el impacto recurro al clamor
en la pendiente, pantano, alma
suspendida a esa Luz,
a esa ráfaga que aparece en las paredes.

Hundirse, con cintura y manos
me hundo hundida busco
y me devora, fango, insaciable.

Esa leve letanía del alma, sacudida
sacude y clava, entierro las ropas,
con el viento -vida y alma-,
a solas el sustento, a secas
desprendo la costra larvada
o lustrosa desde donde canto.

Alejandra Aguirre

Pavo real

i

Esta primavera goteo sobre el
marco rojo mortecino de la ventana.

Cuelgo mi saliva
y desprendo el hilo que
sostiene -apenas- mi sacón bordó
deshilachado, ya vencido.

ii

Una canaleta verde musgo
se expande entre las venas.

Una canaleta verde musgo
se expande.

iii

Las plumas se confunden en el marco,
en el canto los colores brillan
adheridos al hedor, sus colores,

al agua turbia que contamina
y confunde pegajosa
la vista, gotea.

Sobre el marco rojo
mortecino de la ventana, de nuevo
el frío separa las plumas, caen.

Alejandra Aguirre