Austerlitz

breendonk2 http://www.breendonk.be/

 

El recuerdo de las catorce estaciones que el visitante tiene que pasar entre el portal y la salida se ha oscurecido en mí con el paso del tiempo, o más bien se oscureció ya, si se puede decir así, el día en que estuve en la fortaleza, ya fuera porque no quería ver realmente lo que allí se veía, ya porque, en aquel mundo sólo iluminado por el débil resplandor de pocas lámparas y separado para siempre de la luz de la naturaleza, los contornos de las cosas parecían fundirse. Incluso ahora, cuando me esfuerzo por recordar, cuando he vuelto a ocuparme del plano de cangrejo de Breendonk y leo en la leyenda las palabras antigua oficina, imprenta, barracas, sala Jacques Ochs, celdas de confinamiento, depósito de cadáveres, cámara de reliquias y museo, la oscuridad no se desvanece sino que se espesa al pensar lo poco que podemos retener, cuántas cosas y cuánto caen continuamente en el olvido, al extinguirse cada vida, cómo el mundo, por decirlo así, se vacía a sí mismo, porque las historias unidas a innumerables lugares y objetos, que no tienen capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie, historias por ejemplo, esto se me vuelve a ocurrir ahora por primera vez desde aquellos tiempos, al escribir, como las de los colchones de paja, que, como sombras, yacían sobre los catres de madera amontonados, porque la paja que había en ellos se desintegraba con el paso de los años, se hacía más delgada y más corta, se encogía, como si fueran los restos mortales de aquellos, así lo recuerdo ahora, pensé entonces, que en otro tiempo habían yacido allí en aquella oscuridad. Y recuerdo también cómo, penetrando más en el tunel, que era en cierto modo la espina dorsal de la fortaleza, tuve que defenderme contra la sensación que arraigó en mí, y que hasta hoy me invade a menudo en sitios desagradables, de que con cada paso que daba el aire para respirar disminuía y el peso sobre mi aumentaba. En cualquier caso entonces, en aquella hora del mediodía silenciosa de principios del varano de 1967 que, sin encontrar a ningún otro visitante, pasé en el interior de la fortaleza de Breendonk, apenas me atreví a ir hasta el punto en que, al final de un segundo túnel largo, un corredor no mucho más alto que un hombre y, según creo recordar, escarpado, descendía hacia una de las casamatas. Esa casamata, en la que se siente enseguida que se está bajo una capa de hormigón de varios metros de espesor, es una habitación estrecha, uno de cuyos lados acaba en punta y el otro es redondeado, cuyo suelo está un buen pie más bajo que el corredor por el que se entra, y por eso es menos una mazmorra que una fosa. Mientras miraba esa fosa, su fondo que, según me parecía, se hundía cada vez más, el suelo de piedra lisa y gris, la rejilla del desagüe en su centro y el cubo de lata que había al lado, surgió del abismo la imagen de nuestro lavadero en W. y al mismo tiempo, evocada quizá por el gancho de hierro que colgaba del techo de una soga, la carnicería por delante de la cual tenía que pasar siempre al ir al colegio y en donde, al mediodía, estaba a menudo Benedikt con un mandil de goma, regando las baldosas con una gruesa manga. Nadie puede explicarme exactamente qué ocurre dentro de nosotros cuando se abren de golpe las puertas tras las que se esconden los terrores de la infancia. Pero todavía sé que allí, en la casamata de Breendonk, me subió a la nariz un asqueroso olor a jabón verde, que ese olor, en algún lugar demente de mi cabeza, se relacionaba con la palabra Würzelbürste (cepillo de fregar) que siempre me ha repugnado y que mi padre utilizaba con predilección, que unas estriaciones negras comenzaron a temblar ante mis ojos y que me vi obligado a apoyarme con la frente en el muro inyectado de manchas azuladas, grisáceo y, según me pareció, cubierto de frías gotas de sudor.

 

W.G.Sebald, Austerlitz, ed. Anagrama.

Juan Gelman

hablarte o deshablarte, dolor mío…

a mi hijo

hablarte o deshablarte/dolor mío/
manera de tenerte/destenerte/
pasión que muda su castigo como
hijo que vuela por quietudes/por

arrobamientos/voces/sequedades/
levantamientos de la ser/paredes
donde tu rostro suave de pavor
estalla de furor/a dioses/alma

que me penás el mientras/la dulcísima
recordación donde se aplaca el siendo/
la todo/la trabajo/alma de mí/
hijito que el otoño desprendió

de sus pañales de conciencia como
dando gritos de vos/hijo o temblor/
como trato con nadie sino estar
solo de vos/cieguísimo/vendido

a tu soledadera donde nunca
me cansaría de desesperarte/
aire hermoso/agüitas de tu mirar/
campos de tu escondida musicanta

como desapenando la verdad
del acabar temprano/rostro o noche
donde brillás astrísimo de vos/
hijo que hijé contra la lloradera/

pedazo que la tierna embraveció/
amigo de mi vez/miedara mucho
el no avisado de tu fuerza/amor
derramadísimo como mi propio

volar de vos a vos/sangre de mí
que desataron perros de la contra
besar con besos de la boca/o
cielo que abrís hijando tu morida

I. De: Carta abierta

Desapariciones. Helen Zout

comentario VII (santa teresa)

esta secreta unión que pasa
en un punto muy interior del alma/
que debe ser donde estás vos/y donde
tales son el deleite y la gloria y demás

criaturas que pasan/conunidas como
aguas de cielo que van a río entrando a mar/o manos
que por lados contrarios se hacen una/
o sustento que me sustenta/así me sos

como madera en el palito/aunque
mayor dolor queda después/y deseo mayor porque crece
el amar cuando más se descubre
la delicia de vos/y vienen ansias como rayos

que abrasan y retardan el morir/y luego
sin saber cómo ni cuándo/sin
mover mano ni pie/cae un golpe de fuego que hace polvo
cuando alentamos cuanto respiramos

al interior de esta pasión/
y suelta queda la pena como un animal
que también es noticia de vos/tierra mía
de la que estoy atado y desatado/

y rara ausencia/rara compañía/
que nadie es sino vos/
y yo como alguno colgado que
ni toca tierra ni al cielo puede subir

como conciencia de un tormento/
padecer o desdicha/que es gota de agua en el grande
océano de el calor de vos/mariposica honda/
libre en la toda luz que das

De: Citas y comentarios

Se puede escuchar el audio de este poema en http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=critz.php&wid=195&show=poemas&p=Juan%20Gelman.

Foto: Desapariciones de Helen Zout.

Sergio Guerrieri

 

 

1

 

Próspero se sienta temprano

en la colina a resolver un grave problema.

Hace años, el sol lo calcina

y el viento que baja junta sus cenizas.

 

Regresa temprano, al día siguiente.

Lo asombran los miles de bultos grises.

Busca un lugar desocupado,

y se sienta a mirar el muro.

 

(En el silencio absoluto

la pregunta no hace la luz.)

 

El aire de Quarently

perfora las palabras, adentro,

tras las palabras que perforan el aire:

el sol arde una vez más en sus llagas.

 

Sus huesos sin sombra…

El desierto también podría ser una multitud,

lo humano que continúa inconcluso.

 

 

 

7

 

Sursum vive en una de las calles

más largas  de Quarently.

Se viste temprano, irá a trabajar.

Toma su pala y cava.

 

Sursum          Sursum           Sursum.

 

La tierra se remueve

como una campana a la hora en punto.

 

Esta es una mañana fresca

de  esas en las que nadie habla.

 

Sursum          Sursum.

 

Entra como una semilla,

hijos por todo el valle,

flores de papel en el jarrón del decorado.

Los otros hombres también cavan,

todos en sus madrigueras.

 

-¡Caven, hijos de puta!

Les dice una voz mientras los siembra.

 

Sursum          Sursum         Sursum.

 

Hacia el fondo,

una gota

dentro del recipiente de cristal oscuro,

evaporada por el sol,

lo efervescente de Quarently.

 

De Desnudos en Quarently, Ediciones del Dock, 2009.

Mundos

Les presentó una hermosa ilustración de Nicoletta Ceccoli que encontré navegando un poco. Que el 2011 inunde -derrame- despatarre-desborde al menos-  nuestra vida de ilusiones.

 

 

Daniela Camozzi

 

Última trasnoche

 

Como una pitonisa

anuncia calamidades

y se encorva para murmurar

su adivinación:

 

Tantas noches en vela

harán de tus ojos

dos cuencos de cal.

 

Es agosto, llovizna,

y un sol blanquecino

revela mugre vieja

en las azoteas.

 

**

Las formas irreales

 

Si lo que está ahí en la orilla

es un mascarón de papel maché

carcomido por el salitre,

o una sirena que ya

no se irá del tajamar, ¿qué es

esta figura: un maniquí

apenas cubierto por su velo?

¿Tu reflejo entre cristales, un pozo

lleno de sapos, vivos todavía?

 

Del libro La felicidad ajena, Huesos de Jibia, 2008.

Alejandro Castro

 

8 de julio

(Vega, alfa de Lyra. 18º sobre el horizonte Norte.

Magnitud 0,0 blanca azulosa.  TU 03:00)

hay un nodo

en la garganta de la noche

un lazo de aire filoso

extraña solución

para un mundo de cosas livianas

que ocultan su nombre

 

el ardor inquieto

de las primeras cenizas me sujeta

en una pared de ladrillos

hundida en mí

rotunda en su vigilar

lo incógnito de tu llegada

 

con el aliento impaciente

humea mi desvelo

y se aclara

agitado por esta boca

de loba que traga

sin nada que me alumbre

 

**

18 de octubre

(M 41 en el Can Mayor. Cúmulo abierto. Magnitud 4,5

60º horizonte Este. TU  07:00)

 

ah, perro!

viniste otra noche a dar caza

del ojo desnudo

por el olor del pasto

te conozco

por el salto moroso

a la ropa tendida en las terrazas

emboscado entre las sombras

el acecho jadeante

en la puerta de chapa

de mi sueño chungo

y el salto desnudo

perro

que raja por la distancia

focal al firmamento

y tu olor a casa en el ojo

tendido en la terraza

te conozco

hiciste de mí

aullido perro negro

tu susurro

 

del libro Reportes de la noche, Ediciones en Danza, 2008.

Natividad

«Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del Cielo». Juan 3,27.

Natividad, Marko Rupnik.

Bayley

EL HOMBRE MODERNO
Edgar Bayley

el hombre moderno dice:
el 26 de octubre tenía ganas de morirme
mientras viajaba en ómnibus
a las tres de la mañana
sé que hay cosas más importantes
en la vida del mundo
en la vida de millones de hombres
pero si hablara de lo que pasa en millones de hombres
no podría decirlo tan simplemente
no podría decirlo en modo alguno
pero hablo
conociendo el tema
de lo que le pasa a uno entre millones
hablo de uno que el 26 de octubre
tenía ganas de morirse
mientras viajaba en ómnibus
a las tres de la mañana
y digo nombro al mundo entero
a los millones que a esa hora
morían de verdad nacían
esperaban
volvían a sus casas
o podían morirse como estaban
si pompeya (otra vez) el mundo entero
se borrasen por razón de guerra y de locura
o por una información equivocada

Poesía Argentina, UNQ.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1323797