Dejo el enlace a mi nuevo sitio: https://ventanalateral2.wordpress.com/ y un poema.
Nubes
Tirada donde estoy
un ras
estiro la nariz en una delicada capa
debajo
en mi cama
arriba
me aplastan
grises y tóxicas.
Inédito.
Espacio para mirar, soñar y pensar un poco sobre poesía y otras latitudes derramadas en la superficie.
Dejo el enlace a mi nuevo sitio: https://ventanalateral2.wordpress.com/ y un poema.
Nubes
Tirada donde estoy
un ras
estiro la nariz en una delicada capa
debajo
en mi cama
arriba
me aplastan
grises y tóxicas.
Inédito.
Of Course—I prayed—
And did God Care?
He cared as much as on the Air
A Bird—had stamped her foot—
And cried «Give Me»—
My Reason—Life—
I had not had—but for Yourself—
‘Twere better Charity
To leave me in the Atom’s Tomb—
Merry, and Nought, and gay, and numb—
Than this smart Misery.

Por supuesto—recé—
¿Le importó a Dios?
Tanto como si en el aire
Un pájaro—hubiera golpeado con su pata—
Y gritado “Dame” —
Razón—vida—
Que no había tenido—sin Vos—
Sería más caritativo
Dejarme en la tumba del átomo—
Graciosa y anonadada y alegre y enmudecida—
Que en esta miseria aguda.
Tad. Anahí Mallol en Eterna Cadencia.
Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso coma viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios si la muerte 一la niña
de sus ojos一 un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo indisoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esta tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese ya es un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto, olvidado ojalá previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y qué es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e Igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera
de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
一mucho más mística que la primera comunión一 pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen al resplandor orgiástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el clic de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor escrito
silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que 一otra palabra一 se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo pasajero hundir el hocico
feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstruir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besen a sí mismos
Enrique Lihn, Sólo sé que seremos destruidos. Antología poética, Ediciones Gog & Magog, Buenos Aires, Argentina.

Frente a la megaley es comparto el trailer de una peli argentina estrenada en 2023.
La vara en flor
De Trilogía, 1944-1946
Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;
Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;
Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer
hacia los surcos; he dado
o podría haber dado
vida al grano;
pero si éste no crece o madura
con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,
quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,
no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos
el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.
…
Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,
he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar
la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,
esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,
no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,
la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia
de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros—que buscan, infructuosos, reposo
hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?
pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—
ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—
¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—
recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,
pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,
pues de ellos es el hambre
del Paraíso.
*Poemas incluidos en el libro Poemas de Helena en Egipto, Ediciones Angria-Caracas, Venezuela, 1992. Traducción: María Negroni y Sophie Black.
** Hilda Doolittle (1886-1961). Nació en Pennsylvania (Estados Unidos). Autora de diversos libros de poemas (Sea Garden (1916), Hymen (1921), Heliodora (1924), Red roses for Bronze (1931), Trilogía (1944-46), Helen in Egipto (1961), entre otros. También escribió prosa.
De: https://blogdelamasijo.blogspot.com/2007/08/poemas-de-hilda-doolittle-hd.html?m=1
LOS AMIGOS DE LA CASA
No hemos nacido para el canto sino para el acopio
de las palabras en el rechinar de los dientes.
La mùsica fue toda bondad. No hemos nacido
sino para la sedicente murmuraciòn, silenciosos
del ruido en que envolvemos nuestras voces
al caer de la tarde como a un pozo sin fondo
—toda ciedad bondad— en el patio
constelado de viejos engermos apacibles.
Nuestra es la fiebre que declina y no amaina, impenetrable
al sol de la locura, el calentarse de los huesos
en la ceguera del patio lluvioso.
Se encerró a los dementes sobre nuestras cabezas que recalienta y pudre
la imagen latente del sol y por sí solas se nos abrieron las verjas
transfundidos el hierro y la herrumbre, llegado que fue el tiempo
en que ni aun la tierra permanece. Sólo el vaho
y la siembra del musgo en los jardines eriáceos.
No hemos nacido para el amor, hermos nacido para el coito que ambadurna la sangre
de la maceraciòn de su semilla, para el débil soplar sobre el recoldo
como si el aliento fuera ceniza y la carne el erial en que se recalienta,
al calor de las piedras, un guiso sangriento.
La última cena de la tribu cuando todo es arena
—la noche misma— en la extensión de la noche
y el viento seca un paraíso disperso:
el alforfón y la escanda silvestre.
Imposible distinguir entre el sudor y las lágrimas
que se disputan dos bocas resecas.
Y viejos vecinos de pieza de la muerte seguiremos plegándonos
a los caprichos de la dueña de casa, persistentes y dóciles
al igual que la impronta de la humedad en los muros,
como la pasiva infiltración de las larvas
en los zócalos pringados de lavazas.
La confianza sabrá dispensarnos
a los amigos de la casa de los dolores de pánico.
BOSQUE
El poema no escrito que se ríe del verbo
paraliza mi mano sobre el papel en blanco.
La cabeza es un bosque, otra vez, y la mano, un insecto
con el que juega la monstruosidad
y de la lengua escapan las palabras que la acosan
como de un pobre diablo sus sueños de grandeza.
Semejante oscuridad bien podría anunciar el nacimiento
de un poema feliz que ojalá fuera este.
Ojalá, ojalá. Quiero volver al bosque,
mis palabras me llenan: voces que debo interpretar:
un canto como de hojas, anterior al lenguaje,
la esperanza, a través de los árboles, de encontrarse en la perla del bosque
con una "luz no usada" que lo ilumine todo en el espacio
de un instante de siempre,
y olvidando el lenguaje que repta, abrir el corazón al canto que lo colma.
El corazón: la boca del poema imposible
tan parecido a la felicidad.
ESTA BELLEZA CON QUE EL CIELO Y EL MAR HACEN HORRORES
Esta belleza con que el cielo y el mar hacen horrores
a la caída del sol envuelto en su espectáculo,
en realidad irreprochable.
Esto que es como el fin de todos los siglos: la belleza
—y yo me aflojo en su honor el nudo de la corbata—
viene a poner en el corazón música de ésa, sublime.
No, un silencio rayano en el gran poema
un disco rayado
que por iguales partes es dolor y somnífero.
Enrique Lihn, Sólo sé que seremos destruidos. Antología poética, Ediciones Gog & Magog, Buenos Aires, 2019.
La ronda en cinco, eso hacíamos. Nos arrullábamos a la medianoche al mediodía a las cinco en las calles desiertas en esa ronda eso hacíamos. Como vigías noctámbulos el invierno nos hace eternos. me cuesta decir tu nombre arrullarlo con una espalda ancha sin la modorra de la maratón. Despertar entre las cinco y las seis, rozar tu espalda al buscarte y seguir los pulsos de tus picos. Besar tu nombre disolver los fotogramas de esta simulación. Este páramo en plena ciudad nos hace interminables. Nocturna como soy susurro entre fotos después de tanto todavía. Son las ranas que vienen y me pintan el mural. Alejandra, inédito, 2023.
Comparto el concierto de Mederos y Juan Gelman que se transmitió en la TV Pública en 2011.
Buceando en la web encontré una bella version de un breve fragmento del largo poema Las auroras de otoño de Wallace Stevens y ahora comparto con ustedes.
LAS AURORAS DE OTOÑO; VI
Es un teatro que flota por las nubes, él mismo
hecho de nubes, pero como de roca oculta por la niebla
y de montañas que corren como el agua, de ola en ola,
por oleadas de luz. Hecho de nubes transformadas
en nubes transformadas otra vez, ociosas, del modo
en que el color de una estación varía sin otro fin
que la fastuosidad de sí misma en el cambio,
así como la luz convierte el amarillo en oro y al oro
lo reduce al deleite de sus ópalos básicos, de su fuego,
expandiéndose extensamente porque le place esa magnificencia
y los placeres solemnes de los magníficos espacios.
Las nubes van sin rumbo entre las formas no del todo vislumbradas.
El teatro está lleno de pájaros volando
en bandadas salvajes que van desvaneciéndose,
como el humo de un volcán, pupilas con la forma de palmeras,
la telaraña en un pasillo o un pórtico gigante. Tal vez un capitolio
acaba de emerger o colapsar.
El desenlace va a tener que posponerse…
Todo esto es nada hasta que no lo abarque un hombre solo,
nada hasta que esta cosa nombrada pierda el nombre
y se destruya. El estudioso de una vela
abre la puerta de su casa en llamas, mira
la refulgencia ártica encendiéndose en el marco
de todo lo que es. Y siente miedo.
Versión de Nahuel Lardies en Hablar de poesía.
THE AURORAS OF AUTUMN; VI // It is a theatre floating through the clouds, / Itself a cloud, although of misted rock / And mountains running like water, wave on wave, / Through waves of light. It is of cloud transformed / To cloud transformed again, idly, the way / A season changes color to no end, // Except the lavishing of itself in change, / As light changes yellow into gold and gold / To its opal elements and fire’s delight, // Splashed wide-wise because it likes magnificence / And the solemn pleasures of magnificent space / The cloud drifts idly through half-thought-of forms. // The theatre is filled with flying birds, / Wild wedges, as of a volcano’s smoke, palm-eyed / And vanishing, a web in a corridor / Or massive portico. A capitol, / It may be, is emerging or has just / Collapsed. The denouement has to be postponed… / This is nothing until in a single man contained, / Nothing until this named thing nameless is / And is destroyed. He opens the door of his house // On flames. The scholar of one candle sees / An Arctic effulgence flaring on the frame / Of everything he is. And he feels afraid.
En estos días me encontré con un bellisimo libro de Adrienne Rich donde la mirada nos envuelve entre los restos, fragmentos dispersos se van descomponiendo en distintas voces e historias. Les comparto dos poemas del apartado III que abre con una cita de la canción «Bird on the Wire» de Leonard Cohen: «Vi a un mendigo apoyado en su muleta/me dijo: ¿Por qué pides tanto?/ Vi a una mujer apoyada en una puerta,/ dijo: ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no pedir más?».
MERCED
Fantasía de la tercera edad:
nos han concentrado
en un campo de reposo para los caducos.
En mitad de un páramo cualquiera
un acantonamiento con alambre de espino
y edificios prefabricados de bajo costo y el color del polvo
apesta a vergüenza
e incontiencia sin remedio,
ropa idéntica de papel
desechable, raciones idénticas
de comida con saborizantes químicos
Muerte por turnos, mediante gas,
hipodérmicas a diario
para neutralizar la desesperación
Así imagino mi mundo
en mi septuagésimo año de vida
y al otro lado de la alambrada
un canje sin ton ni son
de la conciencia por la ausencia
de dolor. Esto es a lo que llamaremos vida.
Fue apenas el verano pasado cuando
me quemé los pies en la arena
de aquel valle trazado por la corriente
del frío, raudo río Merced,
regado de saltos de blanco
Cuando nadaba, me dolía el cuerpo
de honesto frío,
cuando flotaba de espaldas los arrendajos
aleteaban de pino en pino
y la sombra se desplazaba hora tras hora
a través de El Capitán
Nuestro vino se enfriaba en el agua
y yo vigilaba a mis hijos, medio hombres,
medio niños, poniéndose a prueba
en un mundo casi arcaico,
tan valioso a estas alturas
que el mero hecho de meterse en agua pura
o contemplar el aire límpido
te hace sentir un espamo de dolor.
Hace ya semanas que una cierta rabia
ha poseído mi cuerpo, arremetiendo
a veces contra hombres y mujeres,
a veces hacia dentro, contra mi misma
Mientras recorro Amsterdam Avenue
me sorprendo hecha un mar de lágrimas
sin saber qué pensamiento
me ha inundado los ojos
Dirigirle la palabra a otro ser humano
se convierte en un riesgo
Pienso en Norman Morrison,
los budistas de Saigón,
el maestro negro que la semana pasada
se inmoló
para despertar la culpa en corazones
desmasiado entumecidos para captar el mensaje
en un mundo que la masculinidad ha hecho
inadecuado para mujeres u hombres
Al despegar en un avión
oteo la ciudad
que para mi significaba la vida, no la muerte,
y pienso que allí, en algún lugar,
un frío núcleo, compuesto
por fragmentos de seres humanos
metabolizados, reestructurados
por un proceso del que no se percatan,
está expandiéndose entre nosotros
y apoderándose de nuestras mentes
una cosa que no siente culpa
ni rabia: que es incapaz
de odiar, y por tanto de amar.
1972

CONSUMIRSE
(A E.K.)
Podemos mirar esta noche la estufa
como un espejo, sí,
el leño serrado, el núcleo
gaseoso amarillo y azul
la ceniza gris en la palpita el carmesí, sí.
sé que bajo mis párpados
y bajo mi piel
el Tiempo nos arrastra como una corriente de aire
que se eleva, avivando el fuego
en el vientre, en el cerebro
Tú me estabas contando cómo habías puesto la mano
sobre la huella de un indio muerto hace tiempo
y, por un momento, distinguí aquella mano
aquella huella, aquella roca,
aquel sol que producí sueños intensos
Una palabra puede hacer eso
o, como esta noche, el espejo del fuego
de mi mente, ardiendo como si pudiera seguir
consumiéndose, calcinando
alimentándose de todo
hasta que no quede nada en la vida
que no haya alimentado ese fuego
1972
Adrienne Rich, Sumergirse en el naufragio, traducido por Patricia Gonzalo de Jesús, Editorial Sexto Piso, España, 2021.
Adrienne Rich (1929-2012) fue poeta, enyasista y una de las escritoras más influyentes del movimiento feminista. Rich recibió numerosas distinciones a lo lardo de su carrera, entre ellas el National Book Award de Poesía, la beca «Genius» de la Fundación MacArthur, la Medalla de la Fundación Nacional del libro por su contribución a las letras estadounidenses. En 1974 ganó el National Book Award de poesía por su libro Diving into the Wreck: Poems 1971–1972.