376 E.D.

Of Course—I prayed—
And did God Care?
He cared as much as on the Air
A Bird—had stamped her foot—
And cried «Give Me»—
My Reason—Life—
I had not had—but for Yourself—
‘Twere better Charity
To leave me in the Atom’s Tomb—
Merry, and Nought, and gay, and numb—
Than this smart Misery.

 

Sanderling (Crocethia alba) illustrated by the von Wright brothers. Digitally enhanced from our own 1929 folio version of Svenska Fåglar Efter Naturen Och Pa Sten Ritade.

Por supuesto—recé—

¿Le importó a Dios?

Tanto como si en el aire

Un pájaro—hubiera golpeado con su pata—

Y gritado “Dame” —

Razón—vida—

Que no había tenido—sin Vos—

Sería más caritativo

Dejarme en la tumba del átomo—

Graciosa y anonadada y alegre y enmudecida—

Que en esta miseria aguda.

Tad. Anahí Mallol en  Eterna Cadencia.

[NADA TIENE QUE VER EL DOLOR CON EL DOLOR…]

Nada tiene que ver el dolor con el dolor

nada tiene que ver la desesperación con la desesperación

Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas

No hay nombres en la zona muda

Allí, según una imagen de uso coma viciada espera la muerte a sus nuevos amantes

acicalada hasta la repugnancia, y los médicos 

son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios

la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen

porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora

Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto

todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas

y éste no es más que otro modo de viciarlas

Quizá los médicos no sean más que sabios si la muerte 一la niña

de sus ojos一 un querido problema

la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere

su nódulo indisoluble sellando una pleura, para empezar

Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esta tramitación

Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener

ciertas formas como ahora en esta consulta

Quiero morir (de tal o cual manera) ese ya es un verbo descompuesto

y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable

mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa

zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser

cuando ya uno, qué alivio, está muerto, olvidado ojalá previamente de sí mismo

esa cosa muerta que existe en el lenguaje y qué es

su presupuesto

Invoco en la consulta al Dios

de la no mismidad, pero sabiendo que se trata

de otra ficción más

sobre la unión de Oriente y Occidente

de acápites, comentarios y prólogos

Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender

para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio

que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas

de una ciencia imposible e Igualmente válida

un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos

que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor

y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia

del dolor que del placer, con una sonriente 

desesperación, pero esto es ya decir

una mera obviedad con el apoyo

de una figura retórica

mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera

      de ese lenguaje desconocido

 ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar

 el lenguaje humano

Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma

de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno

de los momentos que improntaron la memoria

con impresiones desaforadas

Cuando en la primera polución

一mucho más mística que la primera comunión一  pensabas en Isabel

ella no era una persona sino su imagen al resplandor orgiástico de esa creatura

que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente

    en el tiempo de los demás

sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria

eso era la muerte y la muerte advino y devino

el clic de la máquina de memorizar  esa repugnante devoradora

acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte

el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento

la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor escrito

  silenciosamente en el muro

o figuras obscenas untadas de vómito

tu vida que 一otra palabra一  se deslizó, sin haberse podido

engrupir en lo existente detenerse en lo pasajero  hundir el hocico

feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno

con el amor como una piedra

la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo

de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada

porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando

del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas

tienes que reconstruir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte

y no la otra, esa nada ese humo esa sombra

darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud

que se besen a sí mismos 


Enrique Lihn, Sólo sé que seremos destruidos. Antología poética, Ediciones Gog & Magog, Buenos Aires, Argentina.

Para escuchar un fragmento del poema, leído por David Vivanco, Revista Grifo.
Imagen: http://letras.mysite.com/amor030420.html

La vara en flor -H. Doolitle

La vara en flor
De Trilogía, 1944-1946

Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;

Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;

Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer

hacia los surcos; he dado
o podría haber dado

vida al grano;
pero si éste no crece o madura

con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,

quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,

no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos

el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.
…

Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,

he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar

la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,

esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,

no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,

la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia

de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros—que buscan, infructuosos, reposo

hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?

pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—

ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—

¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—

recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,

pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,

pues de ellos es el hambre
del Paraíso.

*Poemas incluidos en el libro Poemas de Helena en Egipto, Ediciones Angria-Caracas, Venezuela, 1992. Traducción: María Negroni y Sophie Black.
** Hilda Doolittle (1886-1961). Nació en Pennsylvania (Estados Unidos). Autora de diversos libros de poemas (Sea Garden (1916), Hymen (1921), Heliodora (1924), Red roses for Bronze (1931), Trilogía (1944-46), Helen in Egipto (1961), entre otros. También escribió prosa.

De: https://blogdelamasijo.blogspot.com/2007/08/poemas-de-hilda-doolittle-hd.html?m=1

dolor y somnífero, algunos poemas del poeta Enrique Lihn

LOS AMIGOS DE LA CASA

No hemos nacido para el canto sino para el acopio
de las palabras en el rechinar de los dientes.
La mùsica fue toda bondad. No hemos nacido
sino para la sedicente murmuraciòn, silenciosos
del ruido en que envolvemos nuestras voces
al caer de la tarde como a un pozo sin fondo
—toda ciedad bondad— en el patio
constelado de viejos engermos apacibles.

Nuestra es la fiebre que declina y no amaina, impenetrable
al sol de la locura, el calentarse de los huesos
en la ceguera del patio lluvioso.
Se encerró a los dementes sobre nuestras cabezas que recalienta y pudre
la imagen latente del sol y por sí solas se nos abrieron las verjas
               transfundidos el hierro y la herrumbre, llegado que fue el tiempo
en que ni aun la tierra permanece. Sólo el vaho
y la siembra del musgo en los jardines eriáceos. 

No hemos nacido para el amor, hermos nacido para el coito que ambadurna la sangre
de la maceraciòn de su semilla, para el débil soplar sobre el recoldo
como si el aliento fuera ceniza y la carne el erial en que se recalienta,
al calor de las piedras, un guiso sangriento.
La última cena de la tribu cuando todo es arena
—la noche misma— en la extensión de la noche
y el viento seca un paraíso disperso:
el alforfón y la escanda silvestre.
Imposible distinguir entre el sudor y las lágrimas
que se disputan dos bocas resecas.

Y viejos vecinos de pieza de la muerte seguiremos plegándonos
a los caprichos de la dueña de casa, persistentes y dóciles 
al igual que la impronta de la humedad en los muros,
                como la pasiva infiltración de las larvas
en los zócalos pringados de lavazas.
La confianza sabrá dispensarnos
a los amigos de la casa de los dolores de pánico. 



BOSQUE

El poema no escrito que se ríe del verbo
paraliza mi mano sobre el papel en blanco.
La cabeza es un bosque, otra vez, y la mano, un insecto
                 con el que juega la monstruosidad
y de la lengua escapan las palabras que la acosan
como de un pobre diablo sus sueños de grandeza.
Semejante oscuridad bien podría anunciar el nacimiento
                 de un poema feliz que ojalá fuera este.
Ojalá, ojalá. Quiero volver al bosque, 
mis palabras me llenan: voces que debo interpretar:
                un canto como de hojas, anterior al lenguaje,
la esperanza, a través de los árboles, de encontrarse en la perla del bosque
con una "luz no usada" que lo ilumine todo en el espacio
                 de un instante de siempre,
y olvidando el lenguaje que repta, abrir el corazón al canto que lo colma.
El corazón: la boca del poema imposible
tan parecido a la felicidad. 


ESTA BELLEZA CON QUE EL CIELO Y EL MAR HACEN HORRORES

Esta belleza con que el cielo y el mar hacen horrores
a la caída del sol envuelto en su espectáculo,
en realidad irreprochable.
Esto que es como el fin de todos los siglos: la belleza
—y yo me aflojo en su honor el nudo de la corbata—
viene a poner en el corazón música de ésa, sublime.
No, un silencio rayano en el gran poema
un disco rayado
que por iguales partes es dolor y somnífero. 


Enrique Lihn, Sólo sé que seremos destruidos. Antología poética, Ediciones Gog & Magog, Buenos Aires, 2019.

S/N

La ronda en cinco, eso hacíamos.
Nos arrullábamos a la medianoche
al mediodía
a las cinco
en las calles desiertas
en esa ronda
eso hacíamos.
Como vigías noctámbulos
el invierno nos hace eternos.
me cuesta decir tu nombre
arrullarlo con una espalda ancha
sin la modorra de la maratón.
Despertar entre las cinco y las seis,
rozar tu espalda al buscarte
y seguir los pulsos de tus picos.
Besar tu nombre
disolver los fotogramas de esta simulación.

Este páramo en plena ciudad 
nos hace interminables.
Nocturna como soy susurro entre fotos
después de tanto	todavía. 
Son las ranas que vienen
y me pintan el mural. 


Alejandra, inédito, 2023.

Un poco más de Gelman

Comparto el concierto de Mederos y Juan Gelman que se transmitió en la TV Pública en 2011.

It is a theatre floating through the clouds

Buceando en la web encontré una bella version de un breve fragmento del largo poema Las auroras de otoño de Wallace Stevens y ahora comparto con ustedes.

LAS AURORAS DE OTOÑO; VI

Es un teatro que flota por las nubes, él mismo
hecho de nubes, pero como de roca oculta por la niebla
y de montañas que corren como el agua, de ola en ola,

por oleadas de luz. Hecho de nubes transformadas
en nubes transformadas otra vez, ociosas, del modo
en que el color de una estación varía sin otro fin

que la fastuosidad de sí misma en el cambio,
así como la luz convierte el amarillo en oro y al oro
lo reduce al deleite de sus ópalos básicos, de su fuego,

expandiéndose extensamente porque le place esa magnificencia
y los placeres solemnes de los magníficos espacios.
Las nubes van sin rumbo entre las formas no del todo vislumbradas.

El teatro está lleno de pájaros volando
en bandadas salvajes que van desvaneciéndose,
como el humo de un volcán, pupilas con la forma de palmeras,

la telaraña en un pasillo o un pórtico gigante. Tal vez un capitolio
acaba de emerger o colapsar.
El desenlace va a tener que posponerse…

Todo esto es nada hasta que no lo abarque un hombre solo,
nada hasta que esta cosa nombrada pierda el nombre
y se destruya. El estudioso de una vela

abre la puerta de su casa en llamas, mira
la refulgencia ártica encendiéndose en el marco
de todo lo que es. Y siente miedo.


Versión de Nahuel Lardies en Hablar de poesía.

THE AURORAS OF AUTUMN; VI // It is a theatre floating through the clouds, / Itself a cloud, although of misted rock / And mountains running like water, wave on wave, / Through waves of light. It is of cloud transformed / To cloud transformed again, idly, the way / A season changes color to no end, // Except the lavishing of itself in change, / As light changes yellow into gold and gold / To its opal elements and fire’s delight, // Splashed wide-wise because it likes magnificence / And the solemn pleasures of magnificent space / The cloud drifts idly through half-thought-of forms. // The theatre is filled with flying birds, / Wild wedges, as of a volcano’s smoke, palm-eyed / And vanishing, a web in a corridor / Or massive portico. A capitol, / It may be, is emerging or has just / Collapsed. The denouement has to be postponed… / This is nothing until in a single man contained, / Nothing until this named thing nameless is / And is destroyed. He opens the door of his house // On flames. The scholar of one candle sees / An Arctic effulgence flaring on the frame / Of everything he is. And he feels afraid.

Sumergirse en el naufragio

En estos días me encontré con un bellisimo libro de Adrienne Rich donde la mirada nos envuelve entre los restos, fragmentos dispersos se van descomponiendo en distintas voces e historias. Les comparto dos poemas del apartado III que abre con una cita de la canción «Bird on the Wire» de Leonard Cohen: «Vi a un mendigo apoyado en su muleta/me dijo: ¿Por qué pides tanto?/ Vi a una mujer apoyada en una puerta,/ dijo: ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no pedir más?».

MERCED

Fantasía de la tercera edad:

nos han concentrado

en un campo de reposo para los caducos.

En mitad de un páramo cualquiera

un acantonamiento con alambre de espino

y edificios prefabricados de bajo costo y el color del polvo

apesta a vergüenza

e incontiencia sin remedio,

ropa idéntica de papel

desechable, raciones idénticas

de comida con saborizantes químicos

Muerte por turnos, mediante gas,

hipodérmicas a diario

para neutralizar la desesperación

Así imagino mi mundo

en mi septuagésimo año de vida

y al otro lado de la alambrada

un canje sin ton ni son

de la conciencia por la ausencia

de dolor. Esto es a lo que llamaremos vida.

Fue apenas el verano pasado cuando

me quemé los pies en la arena

de aquel valle trazado por la corriente

del frío, raudo río Merced,

regado de saltos de blanco

Cuando nadaba, me dolía el cuerpo

de honesto frío,

cuando flotaba de espaldas los arrendajos

aleteaban de pino en pino

y la sombra se desplazaba hora tras hora

a través de El Capitán

Nuestro vino se enfriaba en el agua

y yo vigilaba a mis hijos, medio hombres,

medio niños, poniéndose a prueba

en un mundo casi arcaico,

tan valioso a estas alturas

que el mero hecho de meterse en agua pura

o contemplar el aire límpido

te hace sentir un espamo de dolor.

Hace ya semanas que una cierta rabia

ha poseído mi cuerpo, arremetiendo

a veces contra hombres y mujeres,

a veces hacia dentro, contra mi misma

Mientras recorro Amsterdam Avenue

me sorprendo hecha un mar de lágrimas

sin saber qué pensamiento

me ha inundado los ojos

Dirigirle la palabra a otro ser humano

se convierte en un riesgo

Pienso en Norman Morrison,

los budistas de Saigón,

el maestro negro que la semana pasada

se inmoló

para despertar la culpa en corazones

desmasiado entumecidos para captar el mensaje

en un mundo que la masculinidad ha hecho

inadecuado para mujeres u hombres

Al despegar en un avión

oteo la ciudad

que para mi significaba la vida, no la muerte,

y pienso que allí, en algún lugar,

un frío núcleo, compuesto

por fragmentos de seres humanos

metabolizados, reestructurados

por un proceso del que no se percatan,

está expandiéndose entre nosotros

y apoderándose de nuestras mentes

una cosa que no siente culpa

ni rabia: que es incapaz

de odiar, y por tanto de amar.

1972

Fuente: Picryl

CONSUMIRSE

(A E.K.)

Podemos mirar esta noche la estufa

como un espejo, sí,

el leño serrado, el núcleo

gaseoso amarillo y azul

la ceniza gris en la palpita el carmesí, sí.

sé que bajo mis párpados

y bajo mi piel

el Tiempo nos arrastra como una corriente de aire

que se eleva, avivando el fuego

en el vientre, en el cerebro

Tú me estabas contando cómo habías puesto la mano

sobre la huella de un indio muerto hace tiempo

y, por un momento, distinguí aquella mano

aquella huella, aquella roca,

aquel sol que producí sueños intensos

Una palabra puede hacer eso

o, como esta noche, el espejo del fuego

de mi mente, ardiendo como si pudiera seguir

consumiéndose, calcinando

alimentándose de todo

hasta que no quede nada en la vida

que no haya alimentado ese fuego

1972

Adrienne Rich, Sumergirse en el naufragio, traducido por Patricia Gonzalo de Jesús, Editorial Sexto Piso, España, 2021.

Adrienne Rich (1929-2012) fue poeta, enyasista y una de las escritoras más influyentes del movimiento feminista. Rich recibió numerosas distinciones a lo lardo de su carrera, entre ellas el National Book Award de Poesía, la beca «Genius» de la Fundación MacArthur, la Medalla de la Fundación Nacional del libro por su contribución a las letras estadounidenses. En 1974 ganó el National Book Award de poesía por su libro Diving into the Wreck: Poems 1971–1972.