Frente a la megaley es comparto el trailer de una peli argentina estrenada en 2023.
La vara en flor -H. Doolitle
La vara en flor
De Trilogía, 1944-1946
Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;
Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;
Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer
hacia los surcos; he dado
o podría haber dado
vida al grano;
pero si éste no crece o madura
con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,
quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,
no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos
el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.
…
Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,
he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar
la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,
esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,
no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,
la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia
de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros—que buscan, infructuosos, reposo
hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?
pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—
ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—
¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—
recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,
pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,
pues de ellos es el hambre
del Paraíso.
*Poemas incluidos en el libro Poemas de Helena en Egipto, Ediciones Angria-Caracas, Venezuela, 1992. Traducción: María Negroni y Sophie Black.
** Hilda Doolittle (1886-1961). Nació en Pennsylvania (Estados Unidos). Autora de diversos libros de poemas (Sea Garden (1916), Hymen (1921), Heliodora (1924), Red roses for Bronze (1931), Trilogía (1944-46), Helen in Egipto (1961), entre otros. También escribió prosa.
De: https://blogdelamasijo.blogspot.com/2007/08/poemas-de-hilda-doolittle-hd.html?m=1
dolor y somnífero, algunos poemas del poeta Enrique Lihn
LOS AMIGOS DE LA CASA
No hemos nacido para el canto sino para el acopio
de las palabras en el rechinar de los dientes.
La mùsica fue toda bondad. No hemos nacido
sino para la sedicente murmuraciòn, silenciosos
del ruido en que envolvemos nuestras voces
al caer de la tarde como a un pozo sin fondo
—toda ciedad bondad— en el patio
constelado de viejos engermos apacibles.
Nuestra es la fiebre que declina y no amaina, impenetrable
al sol de la locura, el calentarse de los huesos
en la ceguera del patio lluvioso.
Se encerró a los dementes sobre nuestras cabezas que recalienta y pudre
la imagen latente del sol y por sí solas se nos abrieron las verjas
transfundidos el hierro y la herrumbre, llegado que fue el tiempo
en que ni aun la tierra permanece. Sólo el vaho
y la siembra del musgo en los jardines eriáceos.
No hemos nacido para el amor, hermos nacido para el coito que ambadurna la sangre
de la maceraciòn de su semilla, para el débil soplar sobre el recoldo
como si el aliento fuera ceniza y la carne el erial en que se recalienta,
al calor de las piedras, un guiso sangriento.
La última cena de la tribu cuando todo es arena
—la noche misma— en la extensión de la noche
y el viento seca un paraíso disperso:
el alforfón y la escanda silvestre.
Imposible distinguir entre el sudor y las lágrimas
que se disputan dos bocas resecas.
Y viejos vecinos de pieza de la muerte seguiremos plegándonos
a los caprichos de la dueña de casa, persistentes y dóciles
al igual que la impronta de la humedad en los muros,
como la pasiva infiltración de las larvas
en los zócalos pringados de lavazas.
La confianza sabrá dispensarnos
a los amigos de la casa de los dolores de pánico.
BOSQUE
El poema no escrito que se ríe del verbo
paraliza mi mano sobre el papel en blanco.
La cabeza es un bosque, otra vez, y la mano, un insecto
con el que juega la monstruosidad
y de la lengua escapan las palabras que la acosan
como de un pobre diablo sus sueños de grandeza.
Semejante oscuridad bien podría anunciar el nacimiento
de un poema feliz que ojalá fuera este.
Ojalá, ojalá. Quiero volver al bosque,
mis palabras me llenan: voces que debo interpretar:
un canto como de hojas, anterior al lenguaje,
la esperanza, a través de los árboles, de encontrarse en la perla del bosque
con una "luz no usada" que lo ilumine todo en el espacio
de un instante de siempre,
y olvidando el lenguaje que repta, abrir el corazón al canto que lo colma.
El corazón: la boca del poema imposible
tan parecido a la felicidad.
ESTA BELLEZA CON QUE EL CIELO Y EL MAR HACEN HORRORES
Esta belleza con que el cielo y el mar hacen horrores
a la caída del sol envuelto en su espectáculo,
en realidad irreprochable.
Esto que es como el fin de todos los siglos: la belleza
—y yo me aflojo en su honor el nudo de la corbata—
viene a poner en el corazón música de ésa, sublime.
No, un silencio rayano en el gran poema
un disco rayado
que por iguales partes es dolor y somnífero.
Enrique Lihn, Sólo sé que seremos destruidos. Antología poética, Ediciones Gog & Magog, Buenos Aires, 2019.
S/N
La ronda en cinco, eso hacíamos. Nos arrullábamos a la medianoche al mediodía a las cinco en las calles desiertas en esa ronda eso hacíamos. Como vigías noctámbulos el invierno nos hace eternos. me cuesta decir tu nombre arrullarlo con una espalda ancha sin la modorra de la maratón. Despertar entre las cinco y las seis, rozar tu espalda al buscarte y seguir los pulsos de tus picos. Besar tu nombre disolver los fotogramas de esta simulación. Este páramo en plena ciudad nos hace interminables. Nocturna como soy susurro entre fotos después de tanto todavía. Son las ranas que vienen y me pintan el mural. Alejandra, inédito, 2023.
Un poco más de Gelman
Comparto el concierto de Mederos y Juan Gelman que se transmitió en la TV Pública en 2011.
It is a theatre floating through the clouds
Buceando en la web encontré una bella version de un breve fragmento del largo poema Las auroras de otoño de Wallace Stevens y ahora comparto con ustedes.
LAS AURORAS DE OTOÑO; VI
Es un teatro que flota por las nubes, él mismo
hecho de nubes, pero como de roca oculta por la niebla
y de montañas que corren como el agua, de ola en ola,
por oleadas de luz. Hecho de nubes transformadas
en nubes transformadas otra vez, ociosas, del modo
en que el color de una estación varía sin otro fin
que la fastuosidad de sí misma en el cambio,
así como la luz convierte el amarillo en oro y al oro
lo reduce al deleite de sus ópalos básicos, de su fuego,
expandiéndose extensamente porque le place esa magnificencia
y los placeres solemnes de los magníficos espacios.
Las nubes van sin rumbo entre las formas no del todo vislumbradas.
El teatro está lleno de pájaros volando
en bandadas salvajes que van desvaneciéndose,
como el humo de un volcán, pupilas con la forma de palmeras,
la telaraña en un pasillo o un pórtico gigante. Tal vez un capitolio
acaba de emerger o colapsar.
El desenlace va a tener que posponerse…
Todo esto es nada hasta que no lo abarque un hombre solo,
nada hasta que esta cosa nombrada pierda el nombre
y se destruya. El estudioso de una vela
abre la puerta de su casa en llamas, mira
la refulgencia ártica encendiéndose en el marco
de todo lo que es. Y siente miedo.
Versión de Nahuel Lardies en Hablar de poesía.
THE AURORAS OF AUTUMN; VI // It is a theatre floating through the clouds, / Itself a cloud, although of misted rock / And mountains running like water, wave on wave, / Through waves of light. It is of cloud transformed / To cloud transformed again, idly, the way / A season changes color to no end, // Except the lavishing of itself in change, / As light changes yellow into gold and gold / To its opal elements and fire’s delight, // Splashed wide-wise because it likes magnificence / And the solemn pleasures of magnificent space / The cloud drifts idly through half-thought-of forms. // The theatre is filled with flying birds, / Wild wedges, as of a volcano’s smoke, palm-eyed / And vanishing, a web in a corridor / Or massive portico. A capitol, / It may be, is emerging or has just / Collapsed. The denouement has to be postponed… / This is nothing until in a single man contained, / Nothing until this named thing nameless is / And is destroyed. He opens the door of his house // On flames. The scholar of one candle sees / An Arctic effulgence flaring on the frame / Of everything he is. And he feels afraid.
Sumergirse en el naufragio
En estos días me encontré con un bellisimo libro de Adrienne Rich donde la mirada nos envuelve entre los restos, fragmentos dispersos se van descomponiendo en distintas voces e historias. Les comparto dos poemas del apartado III que abre con una cita de la canción «Bird on the Wire» de Leonard Cohen: «Vi a un mendigo apoyado en su muleta/me dijo: ¿Por qué pides tanto?/ Vi a una mujer apoyada en una puerta,/ dijo: ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no pedir más?».
MERCED
Fantasía de la tercera edad:
nos han concentrado
en un campo de reposo para los caducos.
En mitad de un páramo cualquiera
un acantonamiento con alambre de espino
y edificios prefabricados de bajo costo y el color del polvo
apesta a vergüenza
e incontiencia sin remedio,
ropa idéntica de papel
desechable, raciones idénticas
de comida con saborizantes químicos
Muerte por turnos, mediante gas,
hipodérmicas a diario
para neutralizar la desesperación
Así imagino mi mundo
en mi septuagésimo año de vida
y al otro lado de la alambrada
un canje sin ton ni son
de la conciencia por la ausencia
de dolor. Esto es a lo que llamaremos vida.
Fue apenas el verano pasado cuando
me quemé los pies en la arena
de aquel valle trazado por la corriente
del frío, raudo río Merced,
regado de saltos de blanco
Cuando nadaba, me dolía el cuerpo
de honesto frío,
cuando flotaba de espaldas los arrendajos
aleteaban de pino en pino
y la sombra se desplazaba hora tras hora
a través de El Capitán
Nuestro vino se enfriaba en el agua
y yo vigilaba a mis hijos, medio hombres,
medio niños, poniéndose a prueba
en un mundo casi arcaico,
tan valioso a estas alturas
que el mero hecho de meterse en agua pura
o contemplar el aire límpido
te hace sentir un espamo de dolor.
Hace ya semanas que una cierta rabia
ha poseído mi cuerpo, arremetiendo
a veces contra hombres y mujeres,
a veces hacia dentro, contra mi misma
Mientras recorro Amsterdam Avenue
me sorprendo hecha un mar de lágrimas
sin saber qué pensamiento
me ha inundado los ojos
Dirigirle la palabra a otro ser humano
se convierte en un riesgo
Pienso en Norman Morrison,
los budistas de Saigón,
el maestro negro que la semana pasada
se inmoló
para despertar la culpa en corazones
desmasiado entumecidos para captar el mensaje
en un mundo que la masculinidad ha hecho
inadecuado para mujeres u hombres
Al despegar en un avión
oteo la ciudad
que para mi significaba la vida, no la muerte,
y pienso que allí, en algún lugar,
un frío núcleo, compuesto
por fragmentos de seres humanos
metabolizados, reestructurados
por un proceso del que no se percatan,
está expandiéndose entre nosotros
y apoderándose de nuestras mentes
una cosa que no siente culpa
ni rabia: que es incapaz
de odiar, y por tanto de amar.
1972

CONSUMIRSE
(A E.K.)
Podemos mirar esta noche la estufa
como un espejo, sí,
el leño serrado, el núcleo
gaseoso amarillo y azul
la ceniza gris en la palpita el carmesí, sí.
sé que bajo mis párpados
y bajo mi piel
el Tiempo nos arrastra como una corriente de aire
que se eleva, avivando el fuego
en el vientre, en el cerebro
Tú me estabas contando cómo habías puesto la mano
sobre la huella de un indio muerto hace tiempo
y, por un momento, distinguí aquella mano
aquella huella, aquella roca,
aquel sol que producí sueños intensos
Una palabra puede hacer eso
o, como esta noche, el espejo del fuego
de mi mente, ardiendo como si pudiera seguir
consumiéndose, calcinando
alimentándose de todo
hasta que no quede nada en la vida
que no haya alimentado ese fuego
1972
Adrienne Rich, Sumergirse en el naufragio, traducido por Patricia Gonzalo de Jesús, Editorial Sexto Piso, España, 2021.
Adrienne Rich (1929-2012) fue poeta, enyasista y una de las escritoras más influyentes del movimiento feminista. Rich recibió numerosas distinciones a lo lardo de su carrera, entre ellas el National Book Award de Poesía, la beca «Genius» de la Fundación MacArthur, la Medalla de la Fundación Nacional del libro por su contribución a las letras estadounidenses. En 1974 ganó el National Book Award de poesía por su libro Diving into the Wreck: Poems 1971–1972.
Tulipanes
Los tulipanes son muy sensibles, es invierno aquí.
Mira qué blanco está todo, qué quieto, qué nevado.
Aprendo a estar en calma, yaciendo sola e inmóvil
Como la luz sobre las paredes blancas, esta cama, estas manos.
No soy nadie, no tengo nada que ver con estallidos.
Les di mi nombre y mi ropa a las enfermeras,
Mi historia al anestesista y mi cuerpo a los cirujanos.
Han puesto mi cabeza entre la almohada y el rebozo de la sábana
Como un ojo entre dos párpados que nunca van a cerrarse.
Alumna estúpida, no puede sino tragárselo todo.
Las enfermeras van y vienen, no me molestan,
Van y vienen como las gaviotas, con sus cofias blancas,
Haciendo cosas con las manos, todas iguales,
De manera que es imposible saber cuántas hay.
Mi cuerpo es un guijarro para ellas, lo atienden como el agua
Atiende a los guijarros por sobre los que pasa, puliéndolos suavemente.
Ellas me traen sopor en sus agujas brillantes, me traen el sueño.
Ahora que yo misma me he perdido, estoy harta de equipajes.
Mi maletín de cuero para la noche como una negra caja de remedios,
Mi esposo y mi hija sonriéndome desde una fotografía;
Sus sonrisas se meten bajo mi piel, pequeños anzuelos sonrientes.
Dejé que las cosas se deslizaran, soy una balsa de treinta años
Obstinadamente aferrada a mi nombre y dirección.
Han borrado mis asociaciones amorosas.
Asustada y desnuda en la camilla tapizada con plástico verde
Veía mi juego de té, mis armarios de ropa blanca, mis libros,
Hundirse y desaparecer, y el agua cubrió mi cabeza.
Ahora soy una monja, nunca fui tan pura.
No quería flores, quería solamente
Yacer con mis manos hacia arriba y sentirme totalmente vacía.
Qué libre es una, no tienes idea hasta qué punto—
La paz es tan grande que te deslumbra,
No pide nada, una placa con tu nombre, algunas chucherías.
Es a lo que se aferran finalmente los muertos, me los imagino
Cerrando sus bocas sobre eso, como si fuera una hostia.
Para empezar, los tulipanes son muy rojos, me lastiman,
Inclusive en su papel de seda podía oírlos respirar
Ligeramente, a través de sus envoltorios blancos, como a un horrible bebé.
Sus pétalos encarnados le hablan a mi herida, y ella les corresponde.
Son sutiles; parecen flotar, pero me hunden,
Perturbándome con sus súbitas lenguas y su color,
Una docena de pesadas plomadas alrededor de mi cuello.
Nadie me observaba antes, ahora me siento observada,
Los tulipanes me miran, y también la ventana
Donde una vez al día un rayo de luz lentamente crece y decrece,
Y me veo a mí misma, chata, ridícula, una sombra recortada en un papel,
Entre el ojo del sol y los ojos de los tulipanes.
Y no tengo apariencia, he querido desaparecer.
Los vívidos tulipanes me devoran el oxígeno.
Antes que ellos llegaran el aire era lo suficientemente calmo,
Entrando y saliendo con mi aliento, sin agitación.
Luego los tulipanes lo volvieron vibrante como un fuerte ruido.
Ahora el aire choca y se arremolina alrededor de ellos, como un río
Choca y se arremolina alrededor de un barco hundido, oxidado y rojo.
Atraen mi atención, que era feliz
Jugando y descansando sin comprometerse con nada.
También las paredes parecen estar entibiándose.
Los tulipanes deberían estar enjaulados como animales peligrosos;
Están abriéndose como la boca de una terrible pantera,
Y soy consciente de mi corazón: él abre y cierra
El cáliz de su roja flor sólo por amor a mí.
El agua que pruebo es tibia y salada como el mar,
Y viene de comarcas tan lejanas como la salud.
Sylvia Plath, Obra reunida, traducido por M.J.Ruschi Crespo, Centro Editor de América Latina, 1988.
Tulips
BY SYLVIA PLATH
Look how white everything is, how quiet, how snowed-in.
I am learning peacefulness, lying by myself quietly
The tulips are too excitable, it is winter here.
As the light lies on these white walls, this bed, these hands.
I am nobody; I have nothing to do with explosions.
I have given my name and my day-clothes up to the nurses
And my history to the anesthetist and my body to surgeons.
They have propped my head between the pillow and the sheet-cuff
Like an eye between two white lids that will not shut.
Stupid pupil, it has to take everything in.
The nurses pass and pass, they are no trouble,
They pass the way gulls pass inland in their white caps,
Doing things with their hands, one just the same as another,
So it is impossible to tell how many there are.
My body is a pebble to them, they tend it as water
Tends to the pebbles it must run over, smoothing them gently.
They bring me numbness in their bright needles, they bring me sleep.
Now I have lost myself I am sick of baggage——
My patent leather overnight case like a black pillbox,
My husband and child smiling out of the family photo;
Their smiles catch onto my skin, little smiling hooks.
I have let things slip, a thirty-year-old cargo boat
stubbornly hanging on to my name and address.
They have swabbed me clear of my loving associations.
Scared and bare on the green plastic-pillowed trolley
I watched my teaset, my bureaus of linen, my books
Sink out of sight, and the water went over my head.
I am a nun now, I have never been so pure.
I didn’t want any flowers, I only wanted
To lie with my hands turned up and be utterly empty.
How free it is, you have no idea how free——
The peacefulness is so big it dazes you,
And it asks nothing, a name tag, a few trinkets.
It is what the dead close on, finally; I imagine them
Shutting their mouths on it, like a Communion tablet.
The tulips are too red in the first place, they hurt me.
Even through the gift paper I could hear them breathe
Lightly, through their white swaddlings, like an awful baby.
Their redness talks to my wound, it corresponds.
They are subtle : they seem to float, though they weigh me down,
Upsetting me with their sudden tongues and their color,
A dozen red lead sinkers round my neck.
Nobody watched me before, now I am watched.
The tulips turn to me, and the window behind me
Where once a day the light slowly widens and slowly thins,
And I see myself, flat, ridiculous, a cut-paper shadow
Between the eye of the sun and the eyes of the tulips,
And I have no face, I have wanted to efface myself.
The vivid tulips eat my oxygen.
Before they came the air was calm enough,
Coming and going, breath by breath, without any fuss.
Then the tulips filled it up like a loud noise.
Now the air snags and eddies round them the way a river
Snags and eddies round a sunken rust-red engine.
They concentrate my attention, that was happy
Playing and resting without committing itself.
The walls, also, seem to be warming themselves.
The tulips should be behind bars like dangerous animals;
They are opening like the mouth of some great African cat,
And I am aware of my heart: it opens and closes
Its bowl of red blooms out of sheer love of me.
The water I taste is warm and salt, like the sea,
And comes from a country far away as health.
Sylvia Plath, “Tulips” from Collected Poems. Copyright © 1960, 1965, 1971, 1981 by the Estate of Sylvia Plath. Editorial matter copyright © 1981 by Ted Hughes. Used by permission of HarperCollins Publishers.
Source: Collected Poems (HarperCollins Publishers Inc, 1992)
https://www.poetryfoundation.org/poems/49013/tulips-56d22ab68fdd0
La máquina traqueteante (donde la música piensa)
Les comparto fragmentos, algunas imágenes de este hermoso libro.
La negra de…
Les comparto unos minutos de una dura y hermosa pelicula del director Sembene Ousmane.







