Plática en los montes

ansel adams,CLoudy

Si me preguntases por qué habito

entre los verdes montes,

Reiría en silencio;

mi alma está en calma.

El capullo del duraznero

sigue al agua en movimiento;

Hay otro cielo y otra tierra

más allá del mundo de los hombres.

Li Po, Poetas chinos de la dinastía  T’Ang, Ed. Hachette, Bs.As., 1975.

Foto: Ansel Adams, Cloudy.

Mandalas

Ella busca un mandala, está sola,

no descarta encontrarlo.

Los cajones de sus muebles están

repletos de mandalas

de todos los colores de todos los tamaños

(de ensartar en las orejas,

de colgar en su garganta,

de monedas en el pulso,

de sello en anulares, índices,

pulgares de los pies,

de pegar en el techo o en la almohada,

en la agenda y el refrigerador)

También tiene otros graves, no abalorios

está el del hijo muerto, el hijo preso,

está el del hijo ido y regresado,

está el del amor, eterno e infinito.

Tienen simetría, dinamismo, claroscuro y cruz.

Pero no se satisface, falta alguno,

un mandala que diga ciertos signos,

que contenga y vacíe el frasco de la esencia

y cómo hallarlo:

Pasó días mirando el propio ombligo,

un mandala flojo, desprolijo,

con flechas que marcan el allá, el aquí,

sufrido, descosido y turbio.

Después intentó con el espejo,

una forma parecía conducir a la respuesta,

su rostro, el de hoy, con esas líneas,

confusión

se le encimaron los pasados,

la niña, la mujer,

la hinchada, entristecida, turbia

y arriba las cejas de feliz.

El óvalo era el mismo en todos,

nunca bien calcado, salido de su centro,

ojo miope que no entorna la unidad.

Entonces,  ¿cuál era verdad, modelo,

cifra, esencia, uno y mil?

(El mandala no puede tener

forma que vacile, centrifuga

la tensión de su perímetro,

es puro movimiento, centro dardo mismo

que plena su sentido).

Siguió buscando, usó el espejo

cambiando posiciones, loto, vertical

almohadones en la espina, ropa fuera

y halló el ojo trajinado ojiva

de sus niños y su hombre,

luz de templo, latido en levógiro turbión,

regreso destrógiro al portal.

No halló más

que una cansada

sonrisa vertical

de mujer deshabitada.

Salió entonces por calles de ciudad,

y se hartó de mandalas de colores

luces que vendían

menta con burbujas y frituras,

sopas fantasía para niños,

mandalas que mentían…

Volvió pues a su cuarto,

tomó el plato de su taza de café,

y con la porcelana del revés,

una hoja blanca, un lápiz romo,

trazó un limpio redondel como hace un niño.

Se dijo en paz entonces:

esta es la forma nueva

del mandala de la vida mía.

Útero y diamante.

Genoveva Arcaute. Todos somos Frida. Ediciones Huesos de Jibia.

Austerlitz (II)

Deshielo.Aventura23

En cualquier caso, en todos esos años no pensé a menudo en Austerlitz, y cuando alguna vez pensaba en él, en un abrir y cerrar de ojos volvía a olvidarlo, de forma que la reanudación de nuestra relación, en otro tiempo tanto estrecha como distante, sólo se produjo dos años más tarde, en diciembre de 1996, por una rara concatenación de circunstancias. Yo estaba entonces precisamente algo inquieto, así de la noche a la mañana, mi ojo derecho había perdido casi totalmente la vista. Aunque levantara la vista de la página abierta ante mí y la dirigiera a las fotografías enmarcadas de la pared, con el ojo derecho sólo veía una serie de formas oscuras, detalles se habían disuelto, de forma indiferenciada, en un amenazador rayado negro. Al mismo tiempo me parecía continuamente como si viera en los márgenes de mi campo visual con claridad no disminuida, como si sólo tuviera que dirigir la atención ha­cia un lado para hacer desaparecer aquella debilidad, histérica como creí al principio. Sin embargo, no lo conseguía, a pesar de haberlo probado reiteradamente. Más bien, las zonas grises parecían extenderse, y a veces, cuando abría y cerraba los ojos alternativamente, para poder comparar el grado de agudeza visual, me parecía como si también en el lado izquierdo se hubiera producido cierta disminución de la visión. Bastante alterado ya por lo que, según temía, era una pérdida progresiva de la vista, recordé haber leído una vez que, hasta muy entrado el siglo XIX, se echaba en la retina a las cantantes de ópera, antes de salir a escena, lo mismo que a las jóvenes a las que se presentaba un pretendiente, unas gotas de líquido destilado de la planta solanácea belladona, con lo que sus ojos resplandecían con un brillo arrebatado, casi sobrenatural, aunque ellas no pudieran percibir casi nada. No sé ya cómo relacioné esa reminiscencia, aquella oscura mañana de diciembre, con mi propio estado, salvo que, en mi pensamiento, tenía algo que ver con la falsedad de la apariencia hermosa y el peligro de su extinción prematura, y que, por eso, me inquieté por la continuación de mi trabajo, pero al mismo tiempo me sentía lleno, si puedo decirlo así, de una visión salvadora, en la que, liberado de tener que leer y escribir continuamente, me veía sentado en un sillón de mimbre en un jardín, rodeado por un mundo sin contornos, sólo reconocible aún por sus débiles colores. Como en los días que siguieron no se produjo ninguna mejoría en mi estado, poco antes de Navidad fui a Londres a ver a un oftalmólogo checo que me habían recomendado, y como siempre que bajo a Londres solo, también aquel día de diciembre se removió en mí una especie de sorda desesperación. Miraba el paisaje llano, casi sin árboles sobre los gigantescos campos pardos, las estaciones de tren en las que nunca me apearía, la bandada de gaviotas que, como siempre, se habían congregado en el campo de futbol de las afueras de Ipswich, las colonias de huertos familiares, los arbustos raquíticos, cubiertos de hierba de los lazarosos muerta, que crece en los terraplenes, las marismas y canales junto a Manningtree, las barcas hundidas de lado, la torre del agua de Colchester, la fábrica de Marconi en Chelmsford, la pista de carreras de galgos vacía de Romford, las feas traseras de las casa adosadas, junto a las cuales la vía férrea se dirige a los suburbios de la metrópoli, el camposanto de Manor Park y las torres de viviendas de Hackney, todas las vistas siempre iguales, siempre, cuando voy a Londres, que pasan por mi lado y, sin embargo, no me son familiares, sino que –a pesar de los muchos años transcurridos desde mi llegada a Inglaterra- han seguido siendo ajenas y siniestras. Siento miedo especialmente cada vez en el último trecho del trayecto, cuando el tren, poco antes de entrar en la estación de Liverpool Street, pasando por varias agujas tiene que deslizarse por un paso estrecho y donde los muros de ladrillo ennegrecidos de hollín y gasoil que se alzan a ambos lados de la vía, con sus arcos redondos, columnas y nichos me recordaron también aquella mañana un columbario subterráneo. Eran ya alrededor de las tres de la tarde cuando llegué a Harley Street, a una de las casas de ladrillo malvas ocupadas casi exclusivamente por ortopedas, dermatólogos, urólogos, ginecólogos, neurólogos, psiquiatras y otorrinolaringólogos, y estuve junto a la ventana en la sala de espera de Zdenek Gregor, llena del suave resplandor de las lámparas y un poco excesivamente caldeada. Del cielo gris, suspendido muy bajo sobre la ciudad, descendían flotando algunos copos aislados que desaparecían en los oscuros abismos de los patios traseros. Pensé en el comienzo del invierno en las montañas, en el silencio completo y en el deseo que siempre tenía de niño de que todo quedara cubierto de nieve, el pueblo entero y el valle hasta las mayores alturas, y en que entonces me imaginaba cómo sería cuando en la primavera nos desheláramos y saliéramos del hielo.

HarleyStreet

W.G.Sebald, Austerlitz, ed. Anagrama.

Thomas Merton

En silencio

Quédate quieto.
Escucha las piedras del muro,
en silencio, tratan
de decir tu

nombre.
Escucha
las piedras vivas.

¿Quién eres?
¿Quién
eres? ¿De quién
eres silencio?

Quién (no hables)
eres (calla, como
estas piedras). No
pienses qué eres
fuera de aquello
que puedes ser un día.

Más bien
sé lo que eres (¿pero quién?),
sé lo impensable
que no sabes.

O quédate quieto, mientras
estás vivo,
y todas las cosas
vivas a tu alrededor

le están hablando (no las oigo)
a tu propio ser,
de lo desconocido
que está en ti y
en ellas mismas.

«Trataré, como ellas,
de ser mi propio silencio:
y esto es difícil. Todo
el mundo está secretamente
en llamas. Las piedras arden,
incluso las piedras me queman.
¿Cómo puede un hombre estar quieto o
escuchar todas las cosas ardiendo?
¿Cómo puede atreverse a estar
sentado entre ellas, cuando
todo su silencio está en llamas?»

Thomas Merton (Prades, Francia, 1915-Bangkok, 1968), The Strange Islands, 1957

Trad. J.Aulicino en http://campodemaniobras.blogspot.com/2011/02/thomas-merton-en-silencio.html

John Ashbery

Buceando en la web me encontré con un par de entrevistas a John Ashbery que quisiera compartirles: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28174/John_Ashbery, http://cyber.law.harvard.edu/blogs/gems/ion/20040417elpbab23.pdf y más información interesante: http://www.poets.org/poet.php/prmPID/238, http://epc.buffalo.edu/authors/ashbery/.Le sumo un par de poemas del autor.

W.deKooning.Untitled.1958

W. de Kooning. Untitled. 1958.

Soneto Azul

Hace mucho que entonces empezaba a aparecer como ahora

Pero ahora no es sino la salida a un camino nuevo aunque todavía

Indefinido. Aquél ahora, el visto una vez

Desde lejos, es nuestro destino

No importa lo que pase. Es

El pasado presente del que están hechas las facciones de nuestra

cara,

Las opiniones nuestras. Somos a medias eso y no

Nos importa la otra mitad. Vemos

Lo suficiente hacia adelante para que el resto de nosotros

Resulte implícito en los alrededores en penumbra.

Sabemos que esta parte del día llega cada día

Y nos parece que, si tiene algunos derechos, igual

Nosotros tenemos derecho a considerarnos nosotros mismos en la

medida

En que somos en él y no en otro día u

Otro lugar. El tiempo nos favorece

Al tiempo que se favorece, pero sólo

Mientras no hayamos cedido eso pocos centímetros, espectro

Del devenir antes que el devenir pueda ser visto,

O venga a significar todas las cosas que parece querer decir ahora.

Las cosas de las que se iba a hablar

Ya llegaron y se fueron pero son recordadas aún

Como recientes. Hay un grano de curiosidad

En la base de cada una, que desenrolla.

Un signo de interrogación como otra ola en la arena.

Cuando llega para otorgar, para arruinar lo que teníamos,

Hemos, nos damos cuenta, ganado o sido ganados

Por lo que pasaba por allí, luminoso con el aura

De las cosas apenas olvidadas y revividas.

Cada imagen encuentra su sitio con la calma.

De quien no tiene muchos, justo los que necesita.

Vivimos en el suspiro de nuestro presente.

Si esto es todo lo que vamos a recibir

Tal vez podamos re-imaginar la otra mitad, deduciéndola

De la forma de lo que es visto, insertándola

En su idea de cómo deberíamos

Proceder. De todos modos sería trágico encajar justo

En el espacio creado por nuestro no llegar todavía,

Pronunciar el discurso que corresponde allí,

Porque el progreso ocurre al reinventar

Tales palabras a partir de nuestra pálida memoria de ellas,

Violando ese espacio para

Dejarlo intacto. Así y todo

Somos de por aquí, y nos hemos movido una distancia

Considerable; nuestro pasar es una fachada.

Pero nuestra comprensión de él se justifica.

Blue Sonata

Long ago was the then beginning to seem like now/As now is but the setting out on a new but still/Undefined way. That now, the one once/Seen from far away, is our destiny/ No matter waht else may happen to us. It is/ The present past of which or features,/Our opinions are made. We are half it and we/ Care nothing about the rest of it. We/ Can see far enough ahead for the of us to be/ Implicit in the surroundings that twilight is./ We know that this part of the day comes every day/ And we feel that, as it has its rights, so/We have our right to be ourselves in the measure/ That we are in it and not some other day, or in/ Some other place. The time suits us/ Just as it fancies itself, but just so far/ As we not give up that inch, breath/ Of becoming before becoming may be seen,/ Or come to seem all that it seems to mean now. // The things that were coming to be talked about/Have come and gone and are still remembered/ As being recent. here is a grain of curiosity/ At the base of some new thing, that unrolls/ Its question mark  like a new wave on the shore./ In coming to give, to give up what we had,/ We have, we understand, gained or been gained/ By what was passing through, bright with the sheen/ Of things recently forgotten and revived./ Each image fits into place, with the calm/ Of not having too many, of having  just enough./ We live in the sigh of our present. // If that was all there was to have/ We could re-imagine the other half, deducing it/ From the shape of what is seen, thus/ Being inserted into its idea of how we/ Ought to proceed. It  would be tragic to fit/ Into the space created by our not having arrived yet,/ To utter the speech that belongs there,/ For progress occurs through re-inventing/ These words from a dim recollection of them,/ In violating that space in such a way as/ To leave it intact. Yet we do after all/ Belong here, and have moved a considerable/ Distance; our passing is a facade./ But our understanding of it is justified.

**

Eco Tardío

Solos con nuestra locura y nuestra flor favorita

Vemos que no hay de veras nada acerca de qué escribir.

O más bien, es necesario escribir acerca de las mismas cosas

De la misma manera, repitiendo las mismas cosas una y otra vez

Para que el amor continúe y sea gradualmente diferente.

Las colmenas y las hormigas tienen que ser reexaminadas eternamente

Y el color del día registrado

Cientos de veces y variado de verano a invierno

Para que se enlentezca el ritmo hasta una auténtica

Sarabanda y se entrevere allí, vivo y reposado.

Sólo entonces la falta de atención endémica

De nuestras vidas puede enroscarse alrededor de nosotros, amistosa,

Y con un ojo puesto en esas largas sombras teñidas y afelpadas

Que hablan tan hondo a nuestra falta de preparación y

Conocimiento acerca de nosotros mismos, los motores parlantes de nuestro día.

Late Echo

Alone with our madness and favorite flower/We see that there really is nothing left to write about./ Or rather it is necessary to write about the same old things/ In the same way, repeating the same things over and over/ For love to continue and gradually different. // Beehive and ants have to be reexamined eternally/ And the color of the day put in/ Hundreds of times and varied from summer to winter/ For it to get slowed down to the pace of an authentic/ Saraband and huddle there, alive and resting.  // Only then can the chronic inattention/ Of our lives drape itself around us, conciliatory/ And with one eye on those long tan plush shadows/ That speak so deeply into our unprepared knowledge/ Of ourselves, the talking engines of our day.

De Como un Proyecto del que Nadie Habla, Ed. El Tucán de Virginia, México, 1993. Trad. R. Echevarren.

Paul Celan

Muerte en fuga
Leche negra de la madrugada la bebemos de tarde
la bebemos al mediodía de mañana la bebemos
de noche la bebemos y bebemos
abrimos una tumba en el aire -ahí no se yace
incómodo-.
Un hombre habita la casa él juega con las serpientes
él escribe él escribe mientras oscurece a Alemania
tu pelo dorado Margarita
lo escribe y sale de la casa y fulguran las estrellas silba
a sus judíos hace abrir una tumba en la tierra
nos manda «tocad ya para el baile».

Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos
de tarde bebemos y bebemos.
Un hombre habita la casa y juega con las serpientes él escribe
él escribe mientras oscurece a Alemania
tu pelo dorado Margarita
tu pelo ceniciento Sulamita abrimos una tumba en el aire
-ahí no se yace incómodo-. Grita
cavad más hondo en la tierra los unos y los otros cantad y tocad
empuña el arma en la cintura la blande tiene ojos
azules cavad más hondo con palas los unos y los otros seguid
tocando para el baile.

Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y de mañana te bebemos
de tarde bebemos y bebemos.
Un hombre habita la casa tu pelo dorado Margarita
tu pelo ceniciento Sulamita juega con las serpientes. Grita
tocad mejor la muerte la muerte es un maestro de Alemania. Grita
tocad más sombríos los violines entonces subís al aire en humo
entonces tenéis una tumba en las nubes
-ahí no se yace incómodo-.

Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos de tarde y de mañana te bebemos
y bebemos la muerte es un maestro de Alemania
tiene un ojo azul te acierta con bala de plomo
te acierta justo
un hombre habita la casa tu pelo dorado Margarita
azuza a sus perros contra nosotros nos da
una tumba en el aire
juega con las serpientes y suela con la muerte
es un maestro de Alemania
tu pelo dorado Margarita
tu pelo ceniciento Sulamita.

Más poemas en http://elmundoincompleto.blogspot.com/2011/01/tu-pelo-dorado-margarita.html

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