Hay en el corazón de la noche
un roce
anterior al ángel que deshace
el éxtasis de las hojas,
anterior a los gallos,
al desmayo primero, tenue,
tenuísimo
del cielo,
a esas alas sobresaltadas
¿qué sueño, pesadilla de pájaro?
Hay en el corazón de la noche
un roce.
Cómo es de sensible la noche!
Juan L. Ortiz, El alba sube (1933/1936).

Otro poema del poeta:
NO TE DETENGAS ALMA sobre el borde
de esta armonía
que ya no es sólo de aguas, de islas y de orillas.
¿De qué música?
¿Temes alma que sólo la mirada
haga temblar los hilos tan delgados
que la sostienen sobre el tiempo
ahora, en este minuto, en que la luz
de la prima tarde
ha olvidado sus alas
en el amor del momento
o en el amor de sus propias dormidas criaturas:
las aguas, las orillas, las islas, las barrancas de humo lueñe?
¿O es que temes, alma, su silencio,
o acaso tu silencio?
Serénate, alma mía, y entra como la luz
olvidada, hasta cuándo?
en este canto tenue, tenuísimo, perfecto.
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