Así que el miedo era esto. Una araña negra que se escabulle bajo las tablas de madera. Miro la gotita de sangre en mi piel y pienso, rápido; el último billete, el último pedazo de pan, un relámpago crepitando bajo la puerta. Duela o no, yo imagino que sí. Me acuerdo del murciélago que atrapamos en el sótano, cómo dio batalla entre escobazos, sin saber que íbamos a dejarlo ir. Me levanto para caminar, a ver si puedo. Así que el miedo era esto. Una puerta se abre en la penumbra las cortinas se mueven como si el viento tuviera huesos.
Mary Oliver, Primitiva Americana, trad. de N. Leiderman y P. Foglia, Ed. Caleta Olivia, 2024.
Photo By Dick Culbert , used under CC-BY-2.0 /Cropped and compressed from original
¿Quién creó el mundo?
¿Quién dio forma al cisne, al oso negro?
¿Quién hizo al saltamontes?
Me refiero a este saltamontes,
el que acaba de saltar en la hierba,
el que ahora come azúcar de mi mano,
el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?